Analfabetismo y ceguera

Julián Sánchez - Xornali
29/marzo/2004 - Boletín Cegalnet



Visitar mi biblioteca, volver a mirar los libros, varios centenares, es un ejercicio que no había practicado siendo consciente de su valor con la dimensión que le da Nuria Amat en su recopilación de textos científica, literaria, crítica y autobiográfica titulada El ladrón de libros, Muchnik Editores, Barcelona 1988. Ahí están. Los libros, con o sin polvo según mi criterio. Preparados, muertos o vivos, en sus estanterías, en sus nichos como dice N. Amat (bibliotecaria, documentalista, profesora de Documentación Científica, Teledocumentación y Nuevas Tecnologías de la Información).
Su obra es un alegato tierno, ácido, a veces panfletario, perdido entre divagaciones, duro y hermoso, sobre el libro, su función y sobre el autor/a. Postula Nuria Amat por su conservación, difusión, acercamiento y nos avisa sobre las briosidades personales que ha provocado la lectura.
Didáctica para vivir y crear un modelo ético de existencia. Debo decir que me he sentido sugestionado y motivado en muchos aspectos con su lectura.
Reflexión, escritura, creación, palabras y conceptos en una sociocultura europea imitadora de la cultura yanqui (o más bien subcultura). Extraña puerta abierta al consumo, a la mercancía industrial de la humanidad orientada desde el árbitro del mundo. La nación que es artificial. Gente que no profundiza casi en nada aunque posean almacenada en computadoras toda la sabiduría, como dice Nuria Amat en su libro, o como pensaba Matías Vallés, articulista del Diario de Mallorca cuando dijo que su “aventura no está dentro de ti mismo sino unida mediante tu cordón umbilical al televisor”. Sin comentarios nos dejan estas últimas palabras.
Pero visitar nuestra biblioteca, o crearla, mantenerla y darle continuidad es, como otros objetivos y actividades, un poco nuestra naturaleza libre, que exige soledad, tal como expresa la autora mencionada, entre otras libertades. Palabras y voces que usan también escritores, escritoras y poetas editados de forma independiente. Voces, ideas y pensamientos a cultivar. Leer y escribir en el nivel propio de cada habitante de barrio, pueblo o aldea, para crear una liberación del yugo de la ignorancia. Leer puede servir para saber que eres un punto de inflexión. El analfabetismo es una ceguera sociocultural inmersa en nuestros días. La exclusión junto al hambre y la miseria, que además van tristemente unidas, más bestial que se cifre históricamente. Por eso, con el privilegio que poseo y poseen quienes leen, escriben y piensan, he visitado mi biblioteca, en la agridulce melancolía del amor y del recuerdo, el rencor y la vitalidad. Consciente de que no conseguiremos de momento la sociedad ideal que amaba Manuel Pérez, zaragozano y sacerdote, Comandante del ejército de Liberación Nacional de Colombia y que todos deseamos. Un sueño vehemente del exilio de la humanidad en todas sus manifestaciones y vertientes. Exilio de la especie que es capaz de destruir un planeta y autodestruirse. Ceguera más brutal y analfabetismo crónico. Así es que la ética de trabajo, aparte de la voz poética, la creación, la identificación de lenguaje y de pensamiento, las actividades y ocupaciones, la comunicación y una nueva política social antisuperficial y manipuladora, nos dirigen hacia una didáctica más básica. Leer y enseñar, otra vez, a leer y a escribir a nuestros familiares, amigos, vecinos, que padecen el dolor de la ignorancia y la ignorancia del dolor de desconocer. Porque una población analfabeta junto a la ya adiestrada y sometida, enclavada en barrios-reservas de cemento, es más fácil de dirigir para que los centros de poder sigan humillándola y enriqueciéndose. Porque todo es cemento en la rutina ciudadana y social de cualquier lugar. Necesitados estamos de comunicación y libertad en esta muerte en vida.
Leer y escribir, poder llegar a conocer las nuevas tecnologías del techno y de la electrónica. Otro modelo social utópico, que según pasadas declaraciones de Laurent Garnier, pionero de la floreciente escena electrónica francesa “explota el lado más hedonista y espontáneo de la vida”, siendo “una nación a la que puedes pertenecer seas blanco o negro, gay o heterosexual”, y muchas otras cosas y cuestiones que nos dibujan la posibilidad de destapar la venda de una ceguera universal y de una serie de modelos sociales categóricos.
Por eso os invito, y me invito, a leer, a escribir, a enseñar a leer y a escribir, a pensar y decir, así como a hablar de lecturas e ideas, sin arrogancia pero con autonomía, volviendo a iniciar un paseo por la biblioteca de la libertad con las consabidas seguridades escépticas.