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La
lectura, ejercicio de libertad |
José
Luis Espinosa - 8/septiembre/2004
El Universal
Su
disfrute escandaliza a todo poder, desde el paternal
hasta el estatal, señala Felipe Garrrido,
quien ingresará a la Academia de la Lengua.
Felipe
Garrido (Guadalajara, Jalisco, 1942) dice haber vivido una infancia y adolescencia
un tanto irreales porque, acostumbrado a la lectura y al intercambio de libros
entre amigos de la colonia, cuando a principios de los 60 llegó a dar
clases al Centro Universitario México (CUM) se sorprendió de que
pocos leyeran por gusto.
Todos los alumnos de preparatoria estaban muy bien alfabetizados y conocían
sus materias escolares, pero curiosamente no había ese gusto por adentrarse
al universo literario, por lo que la clase de Garrido, originalmente de etimologías,
se transformó casi en un aula de lectura en voz alta.
Diario, al menos durante 20 minutos, Garrido tomaba un volumen para leer cuentos
de Horacio Quiroga, Juan Rulfo o José Revueltas. “Al final de los
cursos terminaba interesándonos más la lectura”, explica
el narrador, quien mañana ingresa a la Academia Mexicana de la Lengua
(AML).
Editorial Planeta acaba de publicarle Para leerte mejor. Mecanismos de la
lectura y de la formación de lectores, un volumen de ensayos en
los que el narrador da a conocer algunas experiencias que permitan formar “lectores
por gusto”, porque los otros, los que leen por obligación o para
aprobar una materia, no son para Garrido verdaderos lectores. “Pueden
ser personas muy capaces en su materias, pero no son lectores”, precisa
quien fuera director de Literatura del INBA, la UNAM y Conaculta.
Por lo mismo cuestiona que durante los 18 años en que Ana María
Magaloni estuvo al frente del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas
la orientación de esta red fue la lectura útil. “Los lectores
se forman cuando descubren la lectura por placer. En ese momento ya no hacen
falta otras razones. La recompensa mayor de leer es la lectura misma”,
destaca Garrido.
Para el ensayista “obligación” y “lectura” son
términos antagónicos, por lo que ninguna “lectura utilitaria”
podrá crear ese gusto por los libros. Es más, un verdadero lector
no tiene más miras que ser atrapado por una historia y perderse en ella,
aunque como Garrido explica: “Olvidarse de uno mismo cuando se lee es
más una manera de encontrarse que de perderse”. O como díría
Alfonso Reyes: “Sin cierto olvido de la utilidad, los libros no podrían
ser apreciados”.
Y esta “gratuidad” de la lectura, este no tener ningún fin
más que el disfrute es el que ha escandalizado a todo poder, del paternal
al estatal. Un padre de familia se asusta y se enoja de que su hijo esté
ahí tirado en la cama leyendo cuentos sin fin. Y el Estado “pretende
que la educación capacite a la población para el trabajo. Se considera
innecesario o peligroso ir más lejos”, escribe Garrido en Para
leerte mejor.
Un nuevo académico
Narrador, traductor, editor y promotor de la lectura, Garrido ingresará
mañana a la AML en sesión solemne a las 19 horas en la Sala Manuel
M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
Y como en todo ingreso a esta institución, creada en 1875, Garrido pronunciará
un discurso que en su caso tendrá como hilo conductor al Quijote y a
la lectura.
“Hay muchas personas que no la aguantan. Y no solamente gobiernos o iglesias,
sino también padres de familia y maestros. Ven con suspicacia y sospecha
un ejercicio de libertad como la literatura”, aclara el ensayista.
Para Garrido no basta con tener un país alfabetizado. Es demasiado desperdicio
que se invierta tanto en educación para que todo se quede en una lectura
utilitaria.
Y para formar verdaderos lectores refiere las dos herramientas más poderosas
son la narración oral y la lectura en voz alta. “Está bien
que se lleven bibliotecas a las aulas, pero más importante sería
que se leyera en voz alta. Además, no es necesario llevar tantos libros
como se pretende, con una pequeña biblioteca bien seleccionada es suficiente.
Así aprendieron Juan José Arreola, Antonio Alatorre y otros de
mis grandes maestros”.
Aclara que un buen profesor con un gis y un pizarrón, hará más
por sus alumnos que un profesor malo, con todo y pizarrón electrónico,
computadora incluida, como la SEP pretende hacerlo en quinto y sexto grados
de primaria. ![]()
Notas
relacionadas:
– Homenaje
a Felipe Garrido