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Avalancha
literaria |
Semana.com
Colombia, 13/septiembre/2004
Este
fin de año será inmejorable para los seguidores de la narrativa
nacional. Se publicarán más de 30 obras de ficción escritas
por autores colombianos.
Entre
los autores que estarán en librerías los próximos meses
se encuentran algunos muy conocidos como Antonio Ungar, Juan Gabriel Vásquez,
Mario Mendoza y Fernando Vallejo, y otros nuevos como Mario González,
Carlos Perozzo y Manuel Mejía.
Los que dicen que la literatura está muriendo tendrán que esconderse
durante los próximos meses. Sólo basta mirar la cantidad abrumadora
de obras de ficción (cuento y novela) que van a inundar las librerías
entre los meses de septiembre y diciembre para darse cuenta de que la literatura
colombiana está muy de moda en su tierra natal. En efecto, durante lo
que queda de año, las editoriales tienen planeado lanzar al mercado más
de 30 obras escritas por autores colombianos; una cifra bastante impresionante
si se tienen en cuenta algunos estudios que afirman que los colombianos no compran
libros.
Una de las explicaciones de este auge de publicaciones es que la literatura
nacional ha recibido muy buena prensa en el extranjero en los últimos
años. Así, las editoriales se han aprovechado de este buen clima
para crear un boom. Por eso buscan publicar cada vez más obras de ficción
escritas por colombianos, que se venden muy bien en el resto del continente.
A esto hay que sumarle que a final de año saldrá al mercado Memoria
de mis putas tristes, la nueva novela de Gabriel García Márquez.
El lanzamiento no tiene una fecha confirmada y los editores prefieren publicar
todas sus otras novedades antes de que salga la novela de García Márquez.
Esto es evidente, pues para cualquier novela es casi imposible competir en ventas
contra un gigante de la talla de Gabo.
Para todos los gustos
La
avalancha comenzó a finales de agosto con la publicación de Puro
cuento, un libro del periodista Juan Gossaín, quien se ha convertido
en uno de los autores más vendidos en Colombia. El éxito de Gossaín
ha impulsado a otros periodistas a lanzarse a escribir ficción y dos
de los libros más esperados para la época de diciembre son las
novelas de los periodistas Mauricio Vargas y Patricia Lara.
Luego vinieron dos libros que han tenido muy buena recepción: Los
informantes, de Juan Gabriel Vásquez y Piel de durazno,
de Alexandra Samper. Por la misma época se publicó Vulgata
caribe, la primera novela de Marco Schwartz, escritor y periodista barranquillero
radicado en España desde hace 15 años. También apareció
en librerías la nueva novela del siempre polémico Efraím
Medina Reyes. Con Sexualidad de la Pantera Rosa, Medina tratará
de repetir el gran éxito alcanzado por sus dos novelas anteriores: Érase
una vez el amor pero tuve que matarlo y Técnicas de masturbación
entre Batman y Robin. Además se publicarán novelas de escritores
que, como Medina, han tenido mucho éxito y se han convertido en los representantes
de la nueva literatura colombiana. Entre ellos se encuentran Mario Mendoza,
Antonio Ungar y Enrique Serrano, que lanzarán sus nuevos trabajos entre
septiembre y octubre. Para esos meses serán reeditadas dos novelas de
Fernando Vallejo (Caminos a Roma y Años de indulgencia)
y una de Piedad Bonnett (Para otros es el cielo) y aparecerá
Cuando besan las sombras, la nueva obra del maestro Germán Espinosa.
Otros libros que han generado mucha expectativa son La O de Aserrín
de Carlos Perozzo, una novela que retrata la vida de los personajes de circo;
Aguas bravías, una novela histórica del escritor y crítico
de arte Antonio Montaña, y La rueda de Chicago, de Armando Romero,
un nadaísta que vive hace varios años en esa ciudad. También
hay que mencionar Y no volvió, la primera novela del periodista
Manuel Mejía; Confesiones de un burgués terrorista, del
antropólogo y traductor Mario González y Los niños
suicidas del autor de Alford, Luis Fernando Charry. Por último
aparecerán libros de autores muy jóvenes que publican por primera
vez: Mauricio Becerra, Margarita Posada, Germán Bula, Jorge Aristizábal,
Juan Carlos Garay y Carolina Sanín.
Y todavía hay quienes dicen que la novela ha muerto...
MARIO MENDOZA. “Estamos imponiendo una nueva visión de los cambios de nuestra sociedad”
Semana:
¿De dónde sale esta novela?
Mario Mendoza: El título hace referencia a un término
de justicia wayuu: si uno comete un crimen de sangre sólo lo puede pagar
con sangre. Utilicé este término porque era perfecto para la historia
que quería contar, que tiene que ver mucho con el exterminio de la UP
y con la violencia política de los últimos años.
Semana: ¿Por qué decidió abordar este
tema?
M.M.: La opción estética de mis otras novelas
me llevaba inevitablemente a eso. Claro que no se trata de regresar a esa literatura
mamerta y de denuncia de los 70. Esa clase de literatura está condenada
a fracasar en América Latina.
Semana:
¿Cambió el tono con respecto a sus novelas anteriores?
M.M.: No creo que haya un cambio de tono. En esta novela sigo
hablando del mundo subterráneo, pero la diferencia es que al final hay
una afirmación de la vida, algo que no había podido hacer antes.
Mis otras novelas son de detracción y al final no dejan ninguna esperanza.
Cobro de sangre, sin ser una novela rosa, afirma la vida. Pero es afirmativa
en la mitad de la desgracia y el dolor.
Semana:
¿Qué tan difícil es volver a escribir después de
haberse ganado un premio como el de Biblioteca Breve?
M.M.: Para mí hay una división entre el mundo
de fuera y el de dentro. Lo que pasa en el mundo del comercio, de las editoriales
y de los medios es diferente al trabajo de escritura. A mí me ha ido
muy mal, pero también he tenido éxito y sin embargo nunca he escrito
pensando en eso.
Semana:
¿Cómo se siente frente a este ‘boom’ de la literatura
colombiana?
M.M.: Muy bien. Con algunos, como Jorge Franco, tengo proximidad
narrativa y las temáticas se rozan permanentemente. También me
siento muy cercano a los primeros trabajos de Santiago Gamboa. Con otros no
tengo esa misma afinidad pero respeto mucho lo que hacen. Creo que cada uno
está buscando una línea temática y una estética
diferente, pero lo importante es que entre todos estamos imponiendo una nueva
visión de los cambios de nuestra sociedad.
Semana:
Muchas obras colombianas se están llevando al cine. ¿Le interesaría
que se hiciera una película de alguna de sus novelas?
M.M.: Claro que sí. De hecho, sin proponérmelo,
escribo de una manera que se puede adaptar muy fácil al cine. Y eso ha
pasado con la literatura en los últimos años: si antes el cine
tomaba elementos de la literatura, ahora es la literatura la que toma elementos
del cine. Los escritores tendemos cada vez más a narrar por escenas.
Un narrador del siglo XIX pensaba narrativamente, mientras que un narrador del
XXI piensa cinematográficamente.
EFRAIM MEDINA. El provocador
Si
alguien pasara por su lado no podría creer que ese tipo de 1,90, de camiseta
de rayitas rojas con azul y pantalón blanco de bolsillos a los lados
sea el mismo que con sus libros ha escandalizado a medio mundo y que se ha convertido
en una de las nuevas figuras de la novela. De regreso a su casa, al caminar
por las calles del centro de Cartagena, donde nació hace 36 años,
Efraím Medina arrastra su popularidad, en parte ganada como escritor
pero también por su fama de líder de una pandilla juvenil que
destruía avisos y hacía videos, literatura y teatro.
Muchos amigos de infancia y juventud le preguntan por su tercera novela, La
sexualidad de la Pantera Rosa, que pronto se publicará en italiano,
francés, portugués y alemán. Él les responde que
en una página aparece su nombre o que en otra hay una señal para
ellos o un recuerdo. En el barrio San Diego se le recuerda por la publicación
y quema de su libro de poemas El automóvil sepia. La edición
de 100 ejemplares despertó la ira de un grupo de feministas de la Universidad
de Cartagena que compraron toda la edición y la quemaron en una plaza.
“Gracias a ellas agoté mi primera edición”.
Desde adolescente le gustaba escandalizar, y caminando por las calles del centro
amurallado de su ciudad inmóvil se entiende por qué sus gritos
son las palabrotas de un niño de 36 años que siempre peleó
por un espacio. Desde sus peleas de boxeador sin victorias que nadie recuerda
en La Heroica hasta la fundación de su empresa Fracaso Limitada.
Como negociante ha hecho cosas sin sentido, como intercambiar con Óscar
Collazos los derechos de autor de su novela inédita Eso no me infla
la banana por los de otra del escritor de Bahía Solano.
En un país de héroes solitarios llama la atención
la capacidad de Medina de reírse de sus fracasos y de las derrotas colectivas.
“Me burlo de mí como un antídoto para el fracaso, estudié
siete semestres de medicina y otros tantos de economía para complacer
a mi madre, pero al final me di cuenta de que lo mío era escribir. Este
es un país hipócrita, de pacatos, de doble moral con sociedades
cerradas, con racismo de la forma más cruel y más sutil. Es un
país en donde hay muchas cosas que decir y muchas por repetir. ¿Por
qué repetirlas? Porque no se solucionan”. También busca
que mucha gente sienta que alguien habla por ellos, del sexo, de la adolescencia,
de las frustraciones y de su amor por las gordas. “Este es un país
cerrado y para abrir espacios hay que escandalizar en supuestos sectores que
se escandalizan pero de dientes para afuera. Nosotros sabemos qué pasa
de dientes para adentro, es como un grito histérico falso de una postura
que se maneja”, dice.
Sus guerras personales contra Shakira, Juanes, el presidente Uribe y los paisas
tienen un sentido. “Me siento representante de una clase popular en donde
se tiene que gritar muy fuerte para que te tomen en cuenta”.
ANTONIO UNGAR. “'No somos un grupo ni nada por el estilo”
Semana:
Esta es la primera novela que usted publica. ¿Cómo se sintió
en este género?
Antonio Ungar: Hasta ahora sólo había publicado
cuentos, pero desde hace mucho que no escribo uno. En los últimos dos
años me he dedicado a escribir novelas y de hecho tengo varias inconclusas.
Zanahorias voladoras es la primera que logro terminar pero cada vez me
siento más cómodo con la novela.
Semana:
¿Cómo definiría ‘Zanahorias voladoras’?
A.U.: Ni siquiera sé muy bien si es una novela. Son
más bien pedazos de la vida de un emigrante, un colombiano más
o menos de mi misma edad que se va a vivir a Europa, que poco a poco se empieza
a volver loco y termina muy mal.
Semana:
¿Es una novela autobiográfica?
A.U.: No, es una historia que escribí a partir de lo
que les ha pasado a muchas personas que yo conozco y que les ha ido muy mal
viviendo en Europa.
Semana:
Usted vive desde hace años en Barcelona. ¿Le ha servido para su
trabajo?
A.U.: Vivir en el extranjero me ha servido mucho. Cuando yo
comencé a escribir nunca creí que fuera a tocar el tema de Colombia.
Sin embargo, después de tanto tiempo por fuera he tomado distancia y
me he dado cuenta de muchas cosas que pasan en el país y que antes no
me importaban y de todas las mentiras que se dicen, entonces empecé a
escribir sobre eso. En esta novela apenas hago referencia a esos problemas,
porque casi toda la acción sucede en Europa. Pero en la nueva novela
que estoy trabajando, sí hago una sátira de la vida política
de Colombia. Cada vez me interesa más ese tema.
Semana:
Muchos escritores colombianos jóvenes viven en Barcelona. ¿Se
trata de una generación o de un grupo?
A.U.: No creo. En Barcelona sí viven muy buenos escritores
como Sergio Álvarez, Juan Gabriel Vásquez, Luis Noriega y Carolina
Sanín, pero la verdad es que no somos un grupo ni nada por el estilo.
Semana:
¿Cómo ve la literatura que se está haciendo en Colombia?
A.U.: Creo que se están escribiendo cosas buenas y hay
gente con mucho talento, como Antonio García o Efraím Medina.
Pero siento que la gente realmente buena es la que está una generación
más abajo y que está comenzando a escribir.
Semana:
¿No le parece que el título ‘Zanahorias voladoras’
es un poco desconcertante?
A.U.: Lo hice por dos razones. La primera, porque en algún
momento de la novela el protagonista se vuelve loco y comienza a perseguir sus
propias palabras por las calles. Él dice entonces que sus palabras son
como zanahorias voladoras. Pero también lo hice porque me parece que
toca quitarle un poco de solemnidad a la literatura colombiana.
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