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Nace
uno de los diccionarios más esperados |
por
José Claudio Escribano
La Nación Line. Cultura. 9/octubre/2004
MADRID.– El
destino, generoso en este caso, ha dispuesto que los argentinos hablen español,
una lengua compartida en el mundo por 350 millones de hombres y mujeres y que
se proyecta como el instrumento de comunicación escrito y oral de mayor
significación en el siglo XXI después del inglés.
¿Han comprendido los argentinos el privilegio que comporta hablar y escribir
con carácter de lengua propia aquella que más crece en términos
proporcionales en la enseñanza bilingüe en escuelas y universidades
de Europa y de los Estados Unidos y que comienza a interesar en Asia? ¿Han
reflexionado sobre lo que esto pesa como instrumento de penetración cultural,
social, económica, política y estratégica en el planeta
y que disfruta, por añadidura, de una homogeneidad desconocida en otros
idiomas.
La Real Academia Española y las veintiuna instituciones homólogas
que velan por la salud de la primera lengua romance del mundo viven días
de excitación.
En la casa fundada en 1713 por el marqués de Villena, éste es
un fin de semana aplicado a las discusiones finales sobre el contenido de lo
que en los borradores se conoce aún como primer Diccionario Panhispánico
de Dudas. Si todavía no hay decisión definitiva sobre su nombre,
es porque también sobre él se duda.
La aprobación final se hará la semana próxima en San Millán
de la Cogolla, sitio de los primeros vestigios del castellano. El diccionario
irá a imprenta el año próximo. La versión electrónica
estará en cualquier momento a disposición para las consultas.
Lo que se discute en estas horas con intervención de periodistas hispanohablantes
—en general llegados de América— es el tramo final de la
elaboración de una obra cuya fuerza deviene de haber sido consensuada
entre los maestros de la lengua de España, de diecinueve países
latinoamericanos y de Guinea Ecuatorial, integrantes todos del universo que
ha iluminado Cervantes desde hace cuatrocientos años.
En el camino ha quedado Filipinas, en la que el español —a pesar
de una academia nacional que lo defiende— se ha ido confinando a la fidelidad
de antiguas familias, mientras que la mayoría sólo emplea el inglés
y el tagalo. Ha sido un fenómeno único en la suerte del inconmovible
legado de España en tantas partes. Comenzó con lentitud su retirada
a partir de la ruptura de 1898; la aceleró después de la Segunda
Guerra Mundial por la fuerza incontrastable del inglés.
Estamos en los prolegómenos de un hecho histórico, por su importancia,
y democrático, tanto por la amplitud de las discusiones que lo han precedido
como por el espíritu de las academias de no rechazar, no anatematizar,
no excomulgar a quienes se aferren a las particularidades propias de cada región
en la que se habla el español. Así de simple, lo que aquí
ha primado ha sido la voluntad de que el nuevo diccionario sirva para orientar
a las gentes en la delicada tarea de usar y preservar el español.
Las dudas registradas son alrededor de 7000; la mitad proviene de América
y el resto es común a todas las sociedades hispanohablantes. Abarcan
por completo todos los aspectos del idioma: normas de acentuación gráfica,
el uso de mayúsculas y minúsculas, concordancias, géneros,
cuestiones fonográficas, morfológicas, semánticas, toponímicas
y gentilicias y, por si fuera poco, extranjerismos.
* * *
Pocas
lenguas como el español están más cuestionadas desde dentro,
pero pocas se manifiestan, sin embargo, con una unidad tan llamativa como ella.
Hay alemanes que se asombran de la ortografía utilizada por connacionales
dentro de la estrechez geográfica del país común. Un neozelandés
puede tener dificultades para conversar en inglés con un texano. Un miembro
de la Casa Real de Gran Bretaña ha hecho notar que la primera lengua
del mundo “es el inglés mal hablado”, lo que es decir bastante.
Pero no se sabe de casos en que los diversos dialectos de la lengua gestada
en Castilla se levanten como muros de separación insalvable entre hispanohablantes.
Un porteño puede comunicarse con facilidad en español con un campesino
de Ecuador; un minero chileno, con un andaluz.
Los signos de mayor preocupación sobre la unidad del idioma provienen,
de manera paradójica, de los Estados Unidos, del ámbito geográfico
que tonifica, como ningún otro, las esperanzas de un futuro excepcional
para la expansión del español. Más de 40 millones de hispanohablantes,
constituidos ahora en la primera minoría norteamericana y en la comunidad
de mayor crecimiento vegetativo en los Estados Unidos, ven fortalecida su gravitación
política y social, y contribuyen a la divulgación y al estudio
del idioma. Las publicaciones en español se multiplican como hongos en
territorio norteamericano, incluso en lugares como Kentucky, con escasa población
de hispanohablantes.
La mala noticia es que los principales síntomas de perversión
del español vienen, según observábamos, de los Estados
Unidos.
“Ahora subo para arriba”, dice alguien, queriendo decir “I’ll
go up”. “Deja, ahora bajo para abajo”, contesta otro, queriendo
decir “I’ll go down”.
Picasso se permitía advertir que la sujeción a las normas anulaba
por definición la capacidad creativa. Era Picasso. Sólo un temerario
podría haber entrado en discusiones de esa naturaleza con un genio de
la pintura.
Tampoco es recomendable enfrentarse con un escritor de la dimensión gigantesca
de Gabriel García Márquez cuando propone aplicarle un puntapié
colectivo al trasero del sistema de puntuación y ortografía del
español. Pero convengamos, como bien se ha dicho aquí, que para
tener derecho a romper las reglas por lo menos debe demostrarse que se las conoce.
¿Quién hubiera osado enseñarle pintura a Picasso? ¿Quién
lo que es una buena prosa a un Premio Nobel como el gran escritor colombiano?
Allá ellos de haberse equivocado. Camilo José Cela, otro Premio
Nobel de Literatura, se despachó un buen día con “Cristo
versus Arizona”, libro sin otro punto que el punto final. Así probó
en carne propia que la voluntad de llamar la atención no es garantía
de que se va a lograr calidad ni tampoco éxito.
Son tantas las transgresiones al español de los hispanohablantes residentes
en los Estados Unidos, que I. Stavan, profesor mexicano de una de las universidades
del Este, ha dado pasos en dirección de articular todo un dialecto “Spanglish”.
Se arriesgó a verificarlo con una peculiar traducción de “El
Quijote”, cuya apertura, recitada con religiosidad por generaciones de
lectores, dice, como todos saben: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre
no quiero acordarme?”
¿Qué hubiera exclamado el criterioso Sancho de haberse encontrado
con la sorprendente versión de Stavan: “En un placete de la Mancha,
cuyo nombre no puedo remembrar?”
* * *
El
diccionario de dudas de la Real Academia Española será más
descriptivo que normativo. Señalará las alternativas que se abren
en casos de incertidumbre en el uso de la lengua y se limitará a imputar
como incorrecciones nada más que lo que atente contra el sistema de la
lengua.
Nunca podría admitirse —ejemplificó para que lo entendiera
un chico de primer grado el presidente de la Academia de México, José
Moreno de Alba— que el sustantivo preceda al artículo: “Libro
el”, en vez de algo tan indudable como “El libro”.
Son 7000 las dudas, pero que nadie se asuste porque un reciente relevamiento
mundial realizado por la Real Academia Española ha documentado que la
unidad del español rige en 98,8 por ciento de la suma de cuestiones suscitadas
por el uso de la lengua; las divergencias por especificidades regionales ocupan
apenas 1,2 por ciento.
Saberlo es de interés manifiesto para los argentinos, ciudadanos del
país cuya geografía ocupa uno de los extremos del mundo.
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El
‘Diccionario panhispánico de dudas’,
7.000 soluciones a los problemas del español
El Mundo Libro - 13/octubre/2004
SAN
MILLÁN DE LA COGOLLA (LA RIOJA).– Resolver los problemas con el
idioma español, que hablan 400 millones de personas, es el objetivo del
‘Diccionario panhispánico de dudas’, cuyo texto se ha aprobado
en una reunión de 22 academias de la Lengua, celebrada en San Millán
de la Cogolla (La Rioja) y presidida por los Príncipes de Asturias.
Representantes de las 19 academias iberoamericanas, así como de la norteamericana,
filipina y de la Real Academia Española (RAE) participaron en la sesión
plenaria, que se celebró en el Monasterio de Yuso, donde se consensuó
el contenido del diccionario tras cinco años de trabajo con reuniones
de más de 50 académicos.
El ‘Diccionario panhispánico de dudas’, cuya edición
digital se presentará en el III Congreso de la Lengua, que se celebrará
en la ciudad argentina de Rosario del 17 al 20 de noviembre próximos,
contiene 7.000 entradas en las que se solucionan problemas relacionados con
la acentuación, dicción, sintaxis y uso de vocabulario, entre
otras cuestiones.
En una rueda de prensa previa a la sesión plenaria, el director de la
RAE, Víctor García de la Concha, presentó el diccionario
“que ha sido consensuado —dijo— línea por línea
entre todas las academias” y que “responde a una política
lingüística panhispánica”.
Según De la Concha, “las academias tienen el deber de servir a
la unidad del idioma y a partir de ahora todos los trabajos sobre el español,
como la nueva gramática, que estará terminada en 2005, serán
consensuados por las 22 instituciones”.
Una lengua homogénea
El
secretario de la Asociación de Academias de la Lengua Española,
el puertorriqueño Humberto López Morales, resaltó que en
este diccionario “se ha tratado de conjugar la unidad y la variedad porque
se quiere respetar la diversidad cultural de todos nuestros pueblos”.
Añadió que el español “es una lengua relativamente
homogénea”, ya que “el acervo común es del 80% entre
todos los hablantes, y eso es una garantía de éxito”.
El diccionario se ampliará permanentemente para dar cabida a nuevas dudas
y nuevas palabras para que éstas, los neologismos, sean las mismas en
todo el mundo hispánico y así solucionar problemas como los que
existen actualmente para llamar a los teléfonos de uso personal, que
son celulares en hispanoamérica y móviles en España.
El director de la Academia Argentina de la Lengua, Pedro Luis Barcia, explicó
que en el español no hay tantos extranjerismos como se podría
pensar y que sólo ascienden a poco más de 130.
De éstos, los expertos han decidido aceptar los que ya son de uso cotidiano,
españolizándolos, como por ejemplo ‘campin’ —por
camping— y respetar otros que no tienen equivalente, como jazz o ballet.
Barcia dijo que las academias tendrán unidad de criterio para aceptar
nuevos términos que no procedan de palabras en escritura latina, como
topónimos de países orientales o africanos, y recordó que
“Irak se ha llegado a escribir de cinco formas diferentes por este problema”.
Medios de comunicación
Las
academias han tenido en cuenta, también, a los medios de comunicación,
de los dos lados del Atlántico, con los que han mantenido reuniones para
consensuar el contenido de este diccionario.
Según se puso de relieve en esta conferencia de prensa, todas las soluciones
que propone el Diccionario se han razonado, se ha mantenido el origen histórico
y las 7.000 entradas están avaladas con referencias concretas de escritores
o de medios de comunicación, como el antiguo ‘Diccionario de autoridades’.
Algunas de las referencias que incluye esta ambiciosa obra pueden alcanzar hasta
cuatro páginas de texto, como aquellas que se refieren a la acentuación,
a las mayúsculas o leismos, entre otros ejemplos.
Las comisiones de trabajo para este diccionario de las academias seguirán
constituidas permanentemente para dar respuesta a cualquier problema futuro
que se pueda plantear en el uso del español.
Además, anticipa cuestiones que recogerá la Gramática de
2005 y muestra algunas revisiones de la ortografía que también
aprobaron todas las academias hace cinco años.
En la conferencia de prensa también participó el presidente del
Gobierno de La Rioja, Pedro Sanz Alonso, quién destacó el “gran
valor cultural, social, político y económico” de este documento
que servirá “para romper fronteras y barreras” y para que
se puedan identificar con el idioma todos sus hablantes en el mundo.
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Buscan
la unidad del idioma.
Un diccionario como “freno al inglés”
Algunos
de los asistentes a la reunión extraordinaria de las 22 Academias de
la Lengua España, en la que se aprobará hoy el Diccionario Panhispánico
de Dudas, han avanzado algunas de las consideraciones y objetivos que fundamentan
dicho Diccionario.
El secretario general de la Asociación de las Academias de la Lengua
Española, Humberto López Morales, ha afirmado que uno de los objetivos
del Diccionario Panhispánico de Dudas será aportar “un freno
al inglés” en su invasión de la Lengua española.
El portorriqueño considera que “parte del objetivo de este trabajo
es ser un freno al inglés. Si un término anglosajón no
tiene por qué estar en nuestro vocabulario porque es superfluo, hay que
desaconsejar su uso, aunque haya ocasiones en las que esas palabras sí
sean necesarias; pero en el primero de estos casos debemos desaconsejar su uso”.
Recalcó que ese objetivo “no es sólo una corrección
idiomática, sino buscar la unidad del idioma” y precisó
que este problema es más actual en el caso de los neologismo. “Debemos
estar atentos en ese caso, porque se empiezan a acuñar términos
distintos para la misma cosa en España que en Sudamérica e incluso
dentro de diferentes regiones de América”, consideró.
Por su parte, el académico colombiano Juan Carlos Vergasa Silva destacó
la importancia del Diccionario Panhispánico de Dudas como herramienta
de trabajo a través de internet, para resolver las cuestiones planteadas
por personas que hablan español en todo el mundo. El académico
colombiano destacó que “Es importante enfrentarnos al español
desde internet porque con este diccionario podrá darse respuesta a quienes
tienen el español como segunda lengua y están en países
muy diversos o a traductores que no pueden resolver sus dudas a través
de los manuales actuales”. También consideró que disponer
de esta herramienta de “primera necesidad” contribuirá a
“eliminar la ficción de que el inglés es un idioma de invasión,
cuando lo es de negocios pero no tiene ni la tradición ni la raigambre
del español”.
Otro de los participantes, el director de la Academia Chilena de la Lengua Española,
Alfredo Matus, aseguró que el Diccionario contendrá la mayoría
de las consultas que se hacen a diario sobre el correcto uso del idioma español.
El responsable chileno aseguró que se trata de “un trabajo con
visión integral, no sólo se trata de cuestiones planteadas en
España o en otro país”, y trata de “aclarar, por ejemplo,
qué sucede con extranjerismos, topónimos o cuáles son los
gentilicios adecuados”, que son las cuestiones que “más se
repiten en las trescientas consultas diarias que recibimos de media en las Academias”.
Matus aclaró que “este diccionario no pretende forzar la mano del
uso real del idioma”, aunque “hemos descubierto que hay bastante
unidad y coincidencia entre todos los países y, en el caso de las diferencias,
hay que respetarlas siempre que no se trate de incorrecciones”.
Finalmente, la secretaria de la Academia Cubana de la Lengua, Gisela Cárdenas,
recalcó el “esfuerzo de todos por lograr un avance del español
y por eso era necesario reunirse”. Cárdenas aseguró que
desde Cuba “defendemos un uso tradicional del idioma”, en el que
“el diccionario de la Real Academia es nuestra biblia, aunque constantemente
nos preguntan sobre términos que no han entrado todavía en él
y por eso es necesario hacer trabajos como el que vamos a culminar en San Millán”.
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