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código Dan Brown |
El
Periódico de Catalunya - 24/septiembre/2004
Boletín Cegalnet
Un
asesinato en clave, un experto en simbología, una europea bella y culta,
una sociedad secreta, una amenaza para la Iglesia, un artista con enigmáticas
obras maestras, un esbirro fanático, una gimcana contrarreloj, un final
feliz... ¿El código da Vinci? No, Ángeles
y demonios. La publicación, esta semana, del nuevo thriller de Dan
Brown, anterior a El código pero traducido aquí tras
su estela, prueba que el autor de Exeter no improvisó el best-seller
que en once meses ha vendido 1.237.000 ejemplares en castellano y 115.000 en
catalán, al tiempo que lidera las ventas de libros en España,
Suecia, Dinamarca, Italia, Eslovaquia, Luxemburgo y Portugal. Por contra, el
éxito de Brown responde a una fórmula diseñada al milímetro,
idéntica en ambas novelas —con rasgos propios, como el nexo ciencia-terrorismo
en Ángeles y demonios y la reinterpretación del cristianismo
de El código— y atiborrada de pistas para quien, como
los personajes Robert Langdon, Sophie Neveu y ahora Vittoria Vetra, las descifre.
Muy distinto será el lanzamiento de uno y otro título. Si El
código surgió de la nada con el único apoyo de un
juego en internet, Ángeles y demonios (Umbriel / Empúries)
batirá récords promocionales; 500.000 ejemplares de salida —30.000
en catalán—, 100.000 euros de inversión publicitaria y el
señuelo de una tercera entrega a medio redactar, por la que Planeta ha
pagado ya millón y medio de dólares, hacen que el fenómeno
Brown, aún lejanas la edición de bolsillo (prevista por Urano
para el 2005) y la película (protagonizada por Russell Crowe), amenace
con alcanzar cifras inéditas. La lectura de ambas novelas permite desentrañar
los misterios de este auténtico bombazo encriptado.
“THRILLER” ARTÚRICO. Bodrio, pastiche, guión de telefilme...
Aunque la crítica literaria se ha cebado en las carencias estilísticas
de El código, nadie niega su valía como thriller
comercial, fiel a las reglas del page turner —atrapar página
a página— y eficaz en su mezcla de arte, religión y acción
a lo Indiana Jones. De “ficción fascinante y bien ejecutada”,
“desafío intelectual” y “novela de ideas” —pero
“no gran literatura”— lo ha tildado el periodista Dan Burstein,
autor de un exhaustivo estudio de El código que lo valora como
una “Odisea moderna” y simbólica que, igual que “el
Ulysses de James Joyce”, transcurre “en 24 horas”.
Adepto como Burstein —cuya obra publicará Temas de Hoy—,
el periodista Enrique de Vicente —autor de otra guía del libro
en Plaza & Janés— cree que Brown reelabora con solvencia “el
mito arquetípico del Santo Grial”, adoptando la estructura de la
novela de caballerías y reproduciendo en la pareja protagonista “el
rito formal del amor cortés”, con el caballero que conquista a
su dama tras “iniciarse”. Aranzazu Sumalla, editora y descubridora
española de Brown, remata el análisis: “Su técnica
es perfecta para el best-seller; la crítica es injusta al sacarlo de
su registro”.
ESOTERISMO Y “CONSPIRANOIA”. Si en algo ha sido hábil Brown,
según todos los analistas, ha sido en sintonizar con dos de las grandes
inquietudes actuales de Occidente: la crisis de las instituciones religiosas
y el “auge conspiranoico” —un término acuñado
por De Vicente— que lleva a los ciudadanos, sobre todo tras los atentados
del 11-S, a sospechar de complots “urdidos en la sombra por poderes ocultos”.
Desde una perpectiva que combina el esoterismo new age con el llamado
“revisionismo iniciático”, una corriente en boga que reinterpreta
el cristianismo mediante fuentes oficiosas, Brown y El código,
“la mayor historia de detectives jamás contada”, se añaden
según Burstein a quienes anhelan “descifrar nuestro ADN cultural
y simbólico”. Sociedades secretas, fraudes evangélicos,
documentos ocultos y, en Ángeles y demonios, ataques terroristas
e intrigas vaticanas se unen así a lo que Sumalla considera “un
milenarismo atrasado con el que Brown ha conectado”, aupado por la polémica
de sus propuestas “heréticas y anticatólicas” —según
la Iglesia y el Opus Dei—. Para acceder al universo cifrado de Brown,
añade el escritor experto en esoterismo Javier Sierra, hay que aprender
a “leer en clave”, algo que textos como el El código,
con su metafórica búsqueda del Grial, facilitan “ayudando
al lector a recuperar el lenguaje perdido de los símbolos”.
GIMCANAS INTERTEXTUALES. Juegos y enigmas, formas lúdicas de iniciarse
en tal lenguaje, son otro atractivo que Brown asocia a artistas como Da Vinci
en El código o Bernini en Ángeles y demonios.
Hijo de un matemático, el autor explica que su infancia estuvo “llena
de cazas del tesoro”, ya que la única vía de acceso a sus
regalos era resolver los acertijos tras los cuales los ocultaba su padre. Pequeños
griales, junto a juegos explícitos, aguardan ahora en su obra a todo
buscador que se precie: en los nombres de personajes, fechas, escenarios —tan
documentados por su esposa Blythe, historiadora del Arte, que en París
se hacen ya rutas turísticas de El código—. ¿Ejemplos?
El de sir Leigh Teabing, erudito antagonista de la novela que oculta tras su
nombre a Richard Leigh y Michael Baigent— perfecto anagrama de Teabing—,
autores de El enigma sagrado (el best-seller esotérico que inspiró
a Brown sus teorías sobre la Magdalena y el Priorato de Sión);
o los ambigramas, palabras fetiche de Ángeles y demonios cuyo
creador, John Langdon, es homenajeado en la figura del protagonista de la serie,
Robert Langdon; y, en fin, el propio título El código da Vinci,
inserto en El código secreto de Leonardo da Vinci (o sea, el
capítulo uno de La revelación de los templarios, obra
de Lynn Picknett y Clive Prince de la que Brown extractó su análisis
de los cuadros de Leonardo). ¿Juegos o guiños intertextuales?
Dobles, en todo caso, al saber que el ahora famoso título de Brown es,
además, un calco formal de los de su colega Robert Ludlum, autor de best-sellers
como La herencia Scarlatti o El engaño Prometheus...
INSTRUIR DELEITANDO. Tan crípticos pasatiempos, en sintonía con
los juegos en internet que con tan buen resultado promocionan los libros de
Brown —el nuevo, también de David Fariñas, permite ingresar
en una guardia vaticana alternativa desde www.angelesydemonios.net, enriquecen
unas obras a las que muchos lectores se acercan para aprender sin esfuerzo.
“No pocos leen El código para aumentar sus conocimientos
de cultura, arte o religión —explica Sumalla—; de hecho,
Brown es tan popular que lo está leyendo gente que apenas lee y que accede
así a saberes que ignoraba”. Para Sumalla, que opina que El
código “ha despertado el espíritu crítico en
gente antes crédula”, la prueba de esta visión culta del
libro es “que la gente lo exhibe orgullosa por la calle”. Aunque
el fenómeno puede repetirse con Ángeles y demonios, en
este caso por su divulgación científica, autores como De Vicente
advierten del riesgo, para el lector no especializado, de “poner al mismo
nivel de credibilidad” las descripciones veraces que Brown certifica en
sus prólogos y las leyendas y especulaciones con las que construye sus
tramas, muchas de las cuales, dice el periodista, “carecen de base documental”.
FEMINISMO SAGRADO. Con su rescate de Magdalena como figura vituperada por la
Iglesia, afirmaciones como que “Jesús fue el primer feminista”
y guiños como pasear en shorts por el Vaticano a la hermosa e independiente
protagonista de Ángeles y demonios, Brown se ha ganado a las
lectoras en un género, el de acción, tradicionalmente masculino.
Dado que las mujeres leen más y que el rescate de la feminidad sagrada
y el antiguo culto a la Diosa, ejes de El código, estaban hasta
ahora restringidos al mundo académico, no es de extrañar que Burstein
y De Vicente señalen el hálito feminista de Brown como una “base
indudable” de su éxito. Con adjetivos como “liberador o revolucionario”
en ámbitos cristianos, este elemento es leído, cuenta Sumalla,
como una “reivindicación prometedora” por parte del feminismo
tradicional. A la espera de si el efecto Da Vinci consagra o no a Brown como
feminista, Burstein se limita a constatar que “para los millones de mujeres
que se sienten dejadas de lado”, El código “abre
los ojos a una visión sorprendentemente nueva del poderoso papel de las
mujeres en el nacimiento del cristianismo”. Simbolice lo que simbolice
el Santo Grial, ésta podría ser una clave nueva, y no menor, para
recodificar el futuro de la mujer.
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