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“Sólo
con los libros no basta para crear buenos lectores” |
Por
Raquel San Martín - Diario La Nación
Boletín Cegalnet - 13/octubre/2004
Para
crear buenos lectores los libros no alcanzan. A menos que se los acompañe
con el placer de hablar de ellos, recomendarlos y criticarlos y con la libertad
de elegirlos. Es decir, con la experiencia de ser lector.
Así piensa Grace
Kempster, a partir de su experiencia en el trabajo de promoción de la
lectura entre chicos y adolescentes en los gobiernos de Londres, Essex y Leeds.
Desde allí ideó y condujo trabajos con docentes, actividades abiertas
en bibliotecas públicas y la instalación de centros comunitarios
de apoyo escolar. También se dedicó a la introducción y
el uso de Internet en las bibliotecas públicas y es actual directora
de Servicios de Información del British Council.
Kempster
—que visitó Buenos Aires recientemente para participar de una serie
de actividades organizadas por el British Council— opina que en la lectura
por curiosidad, por interés y por placer está la clave de los
países exitosos. “Los ciudadanos creativos e innovadores que demanda
la sociedad de la información son los que adquirieron el placer de aprender
y de leer”, afirmó, en diálogo con La Nación.
—En
la Argentina preocupan los bajos niveles de lectura de los chicos. ¿Ocurre
también en Gran Bretaña?
—Es un fenómeno mundial. Sabemos que los chicos pasan mucho tiempo
en Internet y que las nenas tienden a leer más que los varones y a mantener
el hábito en el tiempo. Sin embargo, hemos notado, sobre todo a partir
de fenómenos como el de Harry Potter, que los chicos están decidiendo
en mayor medida cuál es su experiencia de lectura, qué quieren
leer. Para promover la lectura no sirve decir que leer es bueno. Lo es, pero
hay que decir también que leer es divertido, que te permite conocer y
entender otras vidas, manejar Internet, te hace capaz de tomar tus propias decisiones,
de pensar de manera independiente, de elegir tus propios puntos de vista. Hay
un placer en la lectura y una libertad de leer. Hay muchos libros que leí
por la mitad, otros que no empecé, otros que me parecieron horribles.
Todos tenemos experiencias de lectura que podemos compartir con otros. Además,
por supuesto, leer ayuda al rendimiento académico y mejora las habilidades
de comunicación.
—¿Puede
crearse el hábito de la lectura o sólo promoverse cuando ya existe
un interés natural?
—Creo firmemente que la lectura es una experiencia que puede crearse y
recrearse. Hemos visto chicos que provienen de hogares sin acceso a libros,
o con padres que no son buenos lectores, y que se volcaron a la lectura a partir
de un interés particular, como el fútbol o el funcionamiento de
alguna máquina. Se volcaron a los libros no para leer, sino para averiguar,
para disfrutar. Ese disparador puede aparecer en cualquier momento de la vida,
puede pasar varias veces y puede volver a hallarse si se perdió.
—¿En
qué medida influye el ambiente familiar en la creación de lectores?
—Las investigaciones sobre qué es lo que hace a una persona un
buen lector concluyeron que sólo se necesita tener contacto con un adulto
interesado en eso. Puede no ser el padre o la madre, puede ser alguien en una
biblioteca, en una librería, un maestro, un familiar, alguien con quien
compartir libros y lectura, alguien que promueva que el chico lea lo que sea
que quiera leer. Alguien que no le pregunte “¿Qué estás
leyendo?”, sino “¿Qué vas a leer después?”.
—¿Cuál
es el rol de la escuela?
—Es un rol muy importante, pero con algunos aspectos interesantes. En
el Reino Unido creamos un programa de una hora semanal de actividades de promoción
de la lectura en las escuelas. Medimos los resultados y encontramos que dependían
completamente de si los chicos percibían que las actividades eran divertidas
o no. Pero siempre funcionó muy bien cuando simplemente se les pedía
a los chicos que trajeran lo que sea que estuvieran leyendo para hablar de eso
en clase; se les preguntaba cuál era el mejor libro que habían
leído, el peor, el que todo el mundo debería leer, el que debería
ganar un premio, el que nadie debería leer.
—¿Qué
papel tiene el docente?
—Creo que si un docente no disfruta de la lectura no podrá nunca
transmitir el placer de leer a sus alumnos. No se puede recomendar a los chicos
que se acerquen a los libros si ellos no ven que uno lo hace. No se puede inspirar
la lectura en otros si uno no está preparado para compartir sus propios
viajes por los libros. Por lectura no me refiero sólo a literatura, sino
también a cualquier clase de lectura: investigaciones científicas,
libros técnicos, libros históricos, poesía, un thriller.
—¿Cree
que la distribución de libros, como hace el Ministerio de Educación
en la Argentina, es una buena política?
—Es una política excelente, porque la disponibilidad de libros
es un problema en muchos países del mundo. Pero una de las claves del
éxito es la variedad de iniciativas: la solución no es sólo
trabajar en escuelas, no sólo con los padres, no sólo en las bibliotecas
y librerías, sino también en muchas iniciativas juntas para lograr
que un país disfrute la lectura y lo siga haciendo. Por ejemplo, en el
Reino Unido trabajamos en la instalación de centros de apoyo escolar
y de lectura en clubes, como el Manchester United. En varias bibliotecas, los
libros que circulan tienen un espacio para que los lectores dejen registradas
sus impresiones. Y en las bibliotecas públicas de Essex hay actualmente
250 grupos de lectura; de jóvenes, de adultos mayores, de padres preocupados
por lo que leen sus hijos.
—¿Internet
es una mala influencia?
—Sirve para crear comunidades de lectores. Hay varios sitios que promueven
la lectura. Por ejemplo, uno para adolescentes que, a la manera del programa
de televisión “Gran Hermano”, propone un grupo de libros
del que cada semana se elimina uno, según las opiniones de los jóvenes.
Lo importante con estos sitios es que no dan listas de libros para leer, sino
que les proponen que hagan sus sugerencias de lectura.
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