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El
Premio Cervantes distingue a Rafael Sánchez Ferlosio |
Por
Elena Hevia Barcelona
RedAragón Noticias - 3/diciembre/2004
Rafael
Sánchez Ferlosio, el escritor más secreto e insobornable de las
letras españolas, fue ayer distinguido con el Premio Cervantes, concedido
por el Ministerio de Cultura y considerado poco menos que el Nobel de la literatura
en castellano. Se ha cumplido por lo tanto la norma no escrita de que a un autor
latinoamericano —el año pasado recayó en el chileno Gonzalo
Rojas— le sucede uno español. Fue la ministra Carmen Calvo, quien
acompañada de los miembros del jurado, comunicó la decisión
obtenida con una gran tranquilidad “por mayoría absoluta”.
El galardón dotado con más de 90.000 euros será entregado
oficialmente el próximo 23 de abril, una festividad aún más
especial si se tiene en cuenta la coincidencia con el aniversario del cuarto
centenario de la primera publicación del Quijote.
Sánchez Ferlosio aseguró haber sentido “pánico, terror”
y cierta “agorafobia” cuando la ministra le comunicó su galardón.
“El cervantes está bien para que lean mis cositas porque tengo
pocos lectores”, afirmó el escritor, quien reconoció que
últimamente no escribe literatura porque las cosas “se han torcido”
y porque “ya no me sale escribir novelas”.
El autor del El Jarama es uno de los grandes bichos raros de la literatura
española, algo que él ha ido cociendo lentamente, al margen de
las camarillas literarias, arrastrando con ello la admiración de casi
todos sus colegas escritores. De ahí la unanimidad en la resolución
del premio. Víctor García de la Concha y Fernando Savater, presidente
y miembro del jurado, destacaron ayer precisamente esa capacidad de francotirador
del autor, al que calificaron de “espíritu libre”. “Sánchez
Ferlosio ha hecho siempre lo que le ha dado la gana”, apostilló
el escritor Luis Mateo Díez.
Se da también la curiosa circunstancia de que uno de los 12 miembros
del jurado es precisamente Javier Cercas, autor de Soldados de Salamina,
centrada en el fallido fusilamiento del escritor falangista Rafael Sánchez
Mazas, padre de Sánchez Ferlosio. Aunque el candidato confeso de Cercas
ha sido el autor de El Jarama , éste no le ha recompensado con
una amabilidad recíproca pues en las entrevistas que ha concedido en
los últimos años no se ha cansado de decir que no le interesaba
en lo más mínimo la popular novela.
El escritor, nacido en Roma en 1927 y hermano del cantautor y matemático
Quico Sánchez Ferlosio, obtuvo muy pronto el reconocimiento literario
junto a autores como Ignacio Aldecoa, Jesús Fernandez Santos y Carmen
Martín Gaite. Con esta escritora ya fallecida contrajo matrimonio en
1953, aunque se separaron años más tarde.
Riqueza léxica
A
lo largo de más de una veintena de obras, Ferlosio, gran estudioso de
la gramática, ha demostrado tener uno de los oidos más atentos
al lenguaje y ser un pozo de sabiduría en cuanto a riqueza léxica.
De1951 es su novela mágica Industrias y andanzas de Alfanhui.
Cuatro años más tarde obtuvo el por entonces emblemático
Premio Nadal con El Jarama , hoy parada obligada en los manuales de
historia de la literatura y novela imprescindible para comprender la renovación
la novela de posguerra. De esas veleidades narrativas juveniles llegó
a renegar Ferlosio que con los años abandonó la ficción
—aunque en 1986 se descolgó con la novela El testimonio de
Yarfoz—. Sumido en un prolongado silencio creativo, el autor regresó
para dedicarse casi exclusivamente al ensayo en obras como Mientras no cambien
los dioses nada ha cambiado, Campo de Marte, La homilía del ratón,
Ensayos y artículos y El alma y la vergüenza, (estos
dos últimos libros recogen buena parte de su obra literaria). También
ha demostrado su maestría en el campo de los aforismos, que él
denomina pecios. Es el caso de Vendrán más años malos
y nos harán más ciegos (1993) que obtuvo el Premio Nacional
de Ensayo. El pasado año, el autor publicó Non olet,
una ácida crítica a la sociedad de consumo.
Con otro de los grandes de la literatura, Miguel Delibes, comparte la afición
de la caza. El propio Delibes en el ensayo Muerte y resurrección
de la novela 1936-1950 sobre la literatura española ha dicho que
Sánchez Ferlosio es el escritor de posguerra con más posibilidades
de supervivencia.
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El Cervantes premia “un espíritu libre”
Diario de Navarra - 3/diciembre/2004
«Un espíritu libre que escribe lo que le da la gana». La frase resume el sentimiento del jurado que ha concedido por mayoría el Premio Cervantes al novelista y ensayista Rafael Sánchez Ferlosio, un lobo estepario de las letras que rehuye el trato humano, que el sábado cumplirá 77 años, y que se dio a conocer con la obra El Jarama, premio Nadal en 1955. La ministra de Cultura, Carmen Calvo, daba el nombre del ganador pasadas las cuatro y media de la tarde de ayer: «Hemos intentado comunicarnos con él para notificarle la decisión, pero nos ha resultado imposible», explicó. «Ni siquiera tiene teléfono móvil, y no lo tiene para que nadie le moleste, ni siquiera nosotros», añadió sonriente la ministra. Carmen Calvo no quiso precisar las deliberaciones del jurado ni quiso dar detalles acerca de los nombres que se barajaron. «Ha sido por mayoría», reiteró.
Sánchez
Ferlosio no entraba en las quinielas. Ni la cuota leonesa, abanderada por el
poeta asturleonés Antonio Gamoneda, ni la cuota catalana, representada
por Juan Marsé, han hecho mella en el jurado. «Yo creo, sin lugar
a dudas, que es el escritor vivo más importante de nuestra lengua»,
dijo un impertérrito Fernando Savater. «No sólo es un gran
novelista, sino un imprescindible pensador».
Para Luis Mateo Diez, Sánchez Ferlosio resulta «envidiable»
por «su libertad y porque siempre ha escrito lo que le ha dado la gana».
El chileno Gonzalo Rojas, premiado en la edición anterior, hizo hincapié
en el «gran poeta» que hay en Ferlosio y alabó sus aportaciones
«idiomáticas» e «imaginativas» a la tradición
literaria iberoamericana. Finalmente, el director de la Real Academia Española,
Víctor García de la Concha, resaltó que se había
premiado a «un gran novelista y a un soberano escritor».
El jurado del Cervantes estuvo integrado por el autor galardonado el año
pasado, Gonzalo Rojas, el director de la Real Academia Española, Víctor
García de La Concha, el director de la Academia Dominicana de la Lengua,
Bruno Rosario, el periodista y novelista Javier Cercas, el filósofo Fernando
Savater, el narrador Luis Mateo Díez, la poetisa Clara Janés,
además de José Carlos Rovira, Josep Ramoneda, Elena Poniatowska
y Olvido García Valdés. La candidatura de Rafael Sánchez
Ferlosio fue presentada por Miguel Delibes, José Jiménez Lozano,
Fernando Savater, Gonzalo Rojas y Javier Cercas.
Hijo de Sánchez Mazas
Hijo
del escritor falangista Rafael Sánchez Mazas (cuya vida popularizó
Javier Cercas en su novela Soldados de Salamina y luego David Trueba
en una película homónima), Rafael Sánchez Ferlosio nació
en Roma el 4 de diciembre de 1927. Estudió en Madrid, en la Facultad
de Filosofía y Letras, donde se especializó en lenguas semíticas
y conoció a Ignacio Aldecoa y a Jesús Fernández Santos.
En esta época intimó con la fallecida novelista Carmen Martín
Gaite, con quien se casó en 1952, aunque más tarde se separarían.
Los cuatro formaron el grueso de la llamada Generación de los 50.
Comenzó su labor literaria publicando relatos en revistas de finales
de los años cuarenta. Junto a Ignacio Aldecoa y Alfonso Sastre estuvo
al frente de la Revista española, donde publicó dos narraciones
y la traducción de Totó il buono, del guionista Cesare
Zavattini. Interesado por el cine llegó a hacer sus pinitos en la Escuela
Oficial de Cinematografía, pero era una herramienta que no dominaba y,
al igual que le ocurrió con la carrera de Arquitectura, arrojó
la toalla.
Dueño de una prosa tan rica como compleja, su obra cumbre es El Jarama,
una novela que transcurre durante una tarde de un domingo y donde, aparentemente,
no pasa nada. Sin embargo, los diálogos de los personajes han pasado
a la historia de la literatura como antológicos. La obra recibió
el premio Nadal en 1955 y el de la Crítica en 1956.
Su primera obra fue Industrias y andanzas de Alfanhuí, publicada
en 1951, en la que dejó ver un pulcro estilo y un buen armazón
argumental. A El Jarama le seguirían otras obras de narrativa,
así como trabajos de literatura infantil y juvenil y sus ensayos, una
faceta muy valorada por todos los miembros del jurado que ayer concedieron el
Cervantes.
Además de una prolija producción de textos de crítica y
pensamiento, ha colaborado en las revistas El Urogallo, Claves de Razón
Práctica, Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de Occidente y en
los diarios Arriba, ABC, Diario 16 y El País. Sus obras
han sido traducidas, entre otras lenguas, al inglés, alemán, francés,
italiano, ruso y chino.
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Rafael
Sánchez Ferlosio: «La libertad no quiere decir nada»
Por
Antonio Astorga
ABC - 3/diciembre/2004
Mañana
cumple 77 años este espíritu tímido, irónico, sutil,
locuaz, sabio, libre, incisivo, generoso, sublime, feroz, polémico y
tierno llamado Rafael Sánchez Ferlosio. Ayer cumplió con Cervantes,
un premio del que espera que «aliente a leer todos mis rollos, que son
muy pesados», dice el articulista de ABC
Rafael Sánchez Ferlosio no es un ser huraño (que huye y se esconde
de las gentes); lleva dentro de sí a uno de los seres más sensibles
y entrañables que uno pueda encontrar. Ayer no huyó de los periodistas;
es más, los agasajó con exquisita generosidad. Pocos saben que
en la portería está su refugio para escribir: «¡Pero
ahí no entra nadie!». Es el «sancta sanctorum» del
escritor. Su esposa, Demetria, una mujer encantadora, ordenaba el fabuloso ajetreo
de periodistas que iban a alterar la paz en el hogar de los Ferlosio. Atendía
las llamadas telefónicas —«es que aquí casi nunca
llama nadie», se sorprende don Rafael— y organizaba la «tourneé»
de radios y televisiones. Cuando Sánchez Ferlosio se disponía
a pasar la tarde escribiendo, una llamada del Ministerio le «agobió»:
le acababan de conceder el premio Cervantes. Le entró «agorafobia»,
«pánico», «terror»...
—¿Le
enorgullece el premio?
—No sé lo que es tener orgullo. Me parece bien este premio, porque
ayuda a que los libros se lean.
—¿Cree
que en usted se reconoce a esa «olvidada» y maravillosa generación
de «los niños de la guerra», de la que habla Miguel Delibes
en «España 1936-1950: Muerte y resurrección de la novela».
El grupo de Ignacio Aldecoa, Josefina Rodríguez, José María
de Quinto, Jesús Fernández Santos, Medardo Fraile, Carmen Martín
Gaite, usted...
—Yo tenía mis rasgos, pero eso de las llamadas «generaciones»
es un redondeo que se hace con personas que han nacido en torno a la misma época.
Es un «Ortegajo». A Carmen Martín Gaite, que fue mi primera
mujer, se le ocurrió esa palabra del «Ortegajo» para hablar
de generaciones. Yo se la he robado a ella. La utilizo para referirme a las
citas de Ortega. Ana María Martín Gaite, hermana de Carmen, me
ha llamado llorando, emocionada. Tengo que hablar con ella. Demetria, tenemos
que llamar a Ana María.
—¿Qué
le ha dicho la ministra?
—Que muchas enhorabuenas.
—¿Y
usted qué le ha respondido?
—Pues que muchas gracias.
—¿Y
qué le dice Cervantes?
—De Cervantes tengo bastante escrito. Cosas publicadas y anotadas. Lo
guardo para el discurso en Alcalá.
—¿Para
qué sirve un premio así?
—Lo que más me interesa de este premio es que aliente a leer todos
mis rollos, que los hay muy pesados. Yo no soy un «best-seller»;
yo soy un «worst-sellers» (worst significa en inglés
peor), en el sentido de que no vendo nada. En estos momentos me interesa más
que lean mis cositas.
—¿Qué
cositas?
—Siempre me ha gustado que se leyeran aquellas cosas dignas de decirse.
Tengo un ensayo sobre la lengua, titulado «Glosas castellanas»,
incluidas en mi libro «El alma y la vergüenza». Es uno de los
textos que más satisfacción me ha dado. Hay también un
relato que me gustó mucho cuando lo terminé. Se trata de un cuento
de dos folios y medio que lleva por título «El reincidente».
—Este
verano «reincidió» usted regresando a la literatura con un
relato publicado en Blanco y Negro Cultural titulado «Carta de
provincias». Estaba dedicado a Miguel Delibes, que le incitó a
volver.
—Sí, quería terminar un cuentecito que tenía empezado
y se lo quería dedicar a Miguel Delibes, una persona a la que siempre
estimé, aunque con él he tenido muy poca relación.
—Las
cinco personas que han avalado su candidatura al Cervantes han sido Miguel Delibes,
Fernando Savater, José Jiménez Lozano, Gonzalo Rojas y Javier
Cercas, autor de «Soldados de Salamina», novela que trata sobre
su padre, Rafael Sánchez Mazas. ¿Es, tal vez, una forma de agradecimiento
o «descargo de conciencia» de Cercas por haber utilizado a su progenitor
en esa obra de tanto éxito?
—Hombre, Cercas tuvo la gentileza de mandarme mecanografiado el original
de su obra, pero no leo novelas, porque me aburren. Y la de Cercas tampoco la
he leído, ni he visto la película. En cierta ocasión me
pidió permiso para venir a verme. Yo le dije que sí, «pero
sin interrogatorios», le apunté.
—Dicen
que este premio se concede a un «espíritu libre» como el
suyo. ¿Vive, usted, don Rafael como un «ente autónomo»
del siglo XVIII?
—Bueno, eso de la libertad, nunca he sabido qué es. Uno es un cruce
de influencias, que se pelean y abrazan entre sí. La idea que tenían
los ilustrados de la libertad o de la autonomía no me ha resultado. ¡Como
si uno viviera en un mundo de muy pocos contrarios! No quiere decir nada o quiere
decir muy poco para la experiencia individual.
—¿Es
entonces usted un hombre a contracorriente?
—Cuando hay una corriente contraria o cuando hay una corriente que me
agrede. Uno no puede soportar las guerras de agresión y de venganza en
Afganistán e Irak, a quien han machacado a bombazos. Mire, Fidel Castro
se comporta como un magnífico histrión cuando dice: «¡¡¡Aznarrssiitoo!!!»
o pronuncia la palabra «Mariconssson». Es un histrión magnífico,
aunque no me gusta nada. Pero como histrión es perfecto.
(De
repente aterrizan en su domicilio más cámaras. Ferlosio las interroga:
«¿Me van a hacer fotos? ¿Para qué? Si estoy aquí
viejo, feo, desaliñado y malo. Además, se me ha roto la prótesis,
aquí, miren, y tengo que acordarme de tener la boca cerrada»).
Pero Ferlosio, afortunadamente, no cierra la boca. No se acuerda de callar,
lo cual entristecería a la legión de sus admiradores. Sigue escribiendo
en su cuaderno «cosas tensas» o «reflexionando». Entre
esas reflexiones, un apunte sobre la «paranoia» de Aznar tras su
comparecencia ante la Comisión del 11-M: «Es una persona con un
delirio paranoico —asegura—, porque se cree que todo gira en torno
a él; piensa que si hubiera cambiado de fecha las elecciones, hubiera
pasado otra cosa». Sostiene Ferlosio que en el terreno literario «no
ha salido nada bueno después de Kafka», a quien él jamás
se atrevería a imitar. Le aburre fabulosamente el panorama de la política
nacional e internacional, a la que tilda de «espantosa». Literatura,
apenas lee, y de su obra, cumbre de la literatura española, ni hablar.
—¿Le
sigue abrumando, hoy, «El Jarama»?
—Esa novela la tengo perdida ya en la noche de los tiempos.
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