|
Ventajas
e inconvenientes de la gran biblioteca virtual |
Por
Felicia R. Lee. De The New York Times
Traducción: Mirta Rosemberg
Fuente: La Nación - 8/enero/2005
El proyecto de Google, en debate. Los investigadores celebran la iniciativa pero plantean dudas. Dicen que ampliará el acceso a la información, pero que es importante la adecuada selección del material y la orientación en la búsqueda. No reemplazaría la investigación tradicional
Cuando
Randall C. Jimerson, presidente de la Sociedad de Archivistas de los Estados
Unidos, se enteró del proyecto de Google de convertir ciertas obras de
la Universidad de Oxford y de algunas de las más importantes bibliotecas
de investigación en archivos digitales que se pueden consultar libremente
en Internet, se preocupó ¿Quién seleccionaría el
material? ¿Cómo se lo organizaría e identificaría
para evitar grandes cantidades de fragmentos descontextualizados? ¿Los
usuarios de Google renunciarían a la experiencia de poseer un libro,
de ver un documento histórico, de privarse de los descubrimientos inesperados
producto de una investigación más lenta?
Pero en entrevistas recientes, muchos académicos y bibliotecarios aplaudieron
el anuncio de Google, el buscador de Internet más popular del mundo,
de que se disponía a digitalizar las colecciones de Oxford, la Universidad
de Michigan, de Stanford y de la Biblioteca Pública de Nueva York. El
proyecto, según Paul Duguid, especialista en información en la
Universidad de Berkeley, California, “abrirá un boquete”
en los muros que rodean a las bibliotecas de las instituciones de primer nivel
mundial.
David Nasaw, historiador y director del Centro de Humanidades del Centro de
Graduados de la Universidad de Nueva York, dijo que la habilidad para emplear
palabras clave para localizar libros y documentos podría ahorrarles a
los académicos tiempo y dinero, y facilitar y ampliar el alcance de sus
investigaciones.
Pero el proyecto de Google, que muchos consideraron el primer paso hacia la
creación de una biblioteca virtual y global, tiene importantes consecuencias
para el acopio y el empleo de información, y suscita ciertas preocupaciones
entre los entrevistados. Ninguno de ellos previó la aparición
de un mundo feliz sin bibliotecas reales. Y, en cambio, plantearon algunas preguntas:
¿cómo se podrá mejorar la investigación para estudiantes
que ya deben luchar para autenticar la información de Internet? ¿Qué
nuevos roles desempeñarán los bibliotecarios para ayudar a la
gente a analizar una enorme cantidad de información accesible?
El acuerdo con cada biblioteca tiene sus particularidades. Google proyecta digitalizar
casi todos los ocho millones de libros de la colección de Stanford y
los siete millones de Michigan. El proyecto de Harvard se limitará inicialmente
a unos 40.000 volúmenes. En cuanto a la Bodleian Library de Oxford, la
digitalización se limitará a un número no especificado
de libros publicados antes de 1900, en tanto el proyecto de la Biblioteca Pública
de Nueva York abarcará material frágil no sujeto a propiedad intelectual
que sería de interés especialmente para académicos.
“Todo esto cautiva la imaginación de la gente”, dijo Kate
Wittenberg, directora de la Electronic Publishing Initiative de la Universidad
de Columbia. En 2004, el grupo de Wittenberg completó un estudio de tres
años sobre los hábitos de investigación, que incluyó
a 1233 estudiantes de todo Estados Unidos.
Según el estudio, las fuentes electrónicas se han convertido en
la herramienta principal de recolección de información, particularmente
entre los no graduados. Pero Wittenberg agregó: “He descubierto
que las bibliotecas ayudan a la gente a plantearse preguntas, no sólo
a encontrar respuestas. ¿Quién hará lo mismo en el mundo
virtual?”
Por otra parte, dijo, un banco de datos ampliado puede facilitar a los estudiantes
la investigación de temas interdisciplinarios. Por ejemplo, un tema como
“cambio climático” concierne tanto a la ciencia política
como a las ciencias duras, dijo, y “en el mundo físico, los libros
sobre esas disciplinas se encuentran en dos edificios diferentes de Columbia”.
Y como muchos estudiantes tienen problemas para identificar fuentes confiables
en Internet, no puede haber nada de malo en el hecho de que las bibliotecas
prestigiosas sólo dispongan de materiales evaluados, agregó Wittenberg.
Preguntas
Mirando
hacia el futuro, sin embargo, se preguntó qué ocurrirá
con la enorme cantidad de materiales y documentos originales alojados fuera
de las bibliotecas, en museos y archivos. Jimerson opinó: “Una
imagen escaneada sólo puede proporcionar algunas cosas, y el enorme volumen
de material dificulta el escaneo total”. Pero agregó que en principio
respaldaba el proyecto de Google.
“Recuerdo la anécdota de un caballero que, en una biblioteca, observó
a un investigador que olfateaba los libros”, acotó. “El aroma
del vinagre todavía impregnaba los volúmenes que habían
sido tratados con ese líquido para prevenir el cólera durante
una epidemia”.
Robert Darnton, profesor de historia de Princeton, que escribe una historia
de los libros, señaló que si se observa la encuadernación
y la calidad del papel de un libro, un investigador es capaz de deducir muchas
cosas acerca del período en el que fue publicado, de su editor y del
público al que el volumen estaba dirigido. “Puede haber alguna
convicción errónea con este cambio, respecto de que todos los
conocimientos estarán a nuestro alcance”, dijo Darnton sobre el
proyecto de ampliar la base de datos de Google.
En su opinión, hay espacio suficiente para Google y para la investigación
no virtual. Algunos entrevistados manifestaron su preocupación de que
Google no reproduzca completo el material que aún está protegido
por derechos de autor, que abarca a todos los libros publicados en los Estados
Unidos después de 1923. Y en esta época hay demasiados estudiantes
que sólo leen fragmentos y no los textos completos.
Pero no se trata de una situación excluyente. Las bibliotecas ya han
sido transformadas por la aparición de Internet, afirma Paul LeClerc,
presidente de la Biblioteca Pública de Nueva York. Las bibliotecas seguirán
siendo necesarias para reunir, clasificar y almacenar la información,
aseveró.
“La TV no reemplazó a la radio”, explicó. “Los
videos y el DVD no reemplazaron al cine. Sigue siendo más fácil
leer un libro que leer online. El sitio virtual de la Biblioteca Pública
de Nueva York recibe 750.000 millones de consultas de 200 países y territorios
diferentes, y eso sin ninguna publicidad”, continuó. “Y en
ese contexto hay que considerar este nuevo elemento”.
Muchos directores universitarios saben que, para la mayoría de la gente,
la información no existe a menos que esté online, afirmó
Paul Courant, rector y vicepresidente de asuntos académicos de la Universidad
de Michigan. Y agregó que muchas universidades querían digitalizar
sus materiales y evaluaban la posibilidad de hacer compras cooperativas de libros
para evitar la redundancia en un mundo cada vez más digitalizado.
El proyecto de Google satisface esas necesidades. Y además, acotó,
Google actuará como una forma de publicidad que atraerá a más
personas a las bibliotecas.“Los bibliotecarios seguirán siendo
responsables de archivar y clasificar el material, así como de reunirlo”,
dijo. “Muchos académicos se conectarán con Internet y querrán
ver el libro, de modo que vendrán a la biblioteca.”