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El
Quijote por sus lectores |
Por
Sergio Sotelo
Fuente: La Nación
- 26/diciembre/2004
Cumple
400 años el año próximo, pero luce cada vez más
joven y necesario. Aquí, para anticiparse al festejo, seis voces autorizadas
revisitan la inagotable novela de Cervantes y acercan consejos para principiantes
Opinaba el escritor italiano Italo Calvino que un clásico es un libro
inagotable, una obra que nunca acaba de decirnos todo aquello que tiene que
decir. En esa rara y mágica cualidad reside hoy, cuando se cumplen cuatrocientos
años de la publicación en Madrid de su primera parte, la vigencia
del Quijote. Para conmemorar la efeméride, la Revista ha convocado
a un puñado de apasionados lectores de Cervantes para que hablen del
espíritu y de las enseñanzas de una de las novelas más
leídas de todos los tiempos. Una novela inmortal que el escritor brasileño
Machado de Assis calificó como una obra escrita con la pluma del humor
y la tinta de la melancolía… Tienen la palabra César A.
Molina, Jorge Edwards, Ignacio Arellano, Marcelo Estefanell, Héctor Tizón
y Hu Zhencai.

La trama
“Un
hidalgo pobre y metódico, que vive en algún lugar de La Mancha
que no sabemos cuál es exactamente, lee tantas novelas de caballerías
que se le derrite el seso… Se vuelve loco de tanto leer y se mete en la
caballería andante en una época en la que ya no hay caballeros
andantes, porque la caballería es un oficio que desapareció con
la Edad Media… El hombre hace una salida, se unge caballero en unas circunstancias
ridículas que él no ve así porque está loco, regresa
a su casa y se consigue un escudero, porque dicen los libros que no puede haber
un caballero sin escudero.” Jorge Edwards (JE)
“Trata de un señor que comete el pecado de creer que todo lo que
lee es cierto. Y como cree que todo lo que lee es cierto, idealiza la novelas
de caballeros… Idealiza el oficio de caballero y se empeña en creer
que, imitando esos libros, va a salvar el mundo.” Marcelo Estefanell (ME)
“Es la historia de un caballero que se pasa las noches en vela leyendo
libros de caballería, que por entonces eran libros de difusión
tan popular como ahora lo serían, tal vez, las novelas policiales. Y,
en base a ellas, trata de convencerse de que la realidad es la que describían
esos libros, y no la que lo circunda.” Héctor Tizón (HT)
“Hidalgo y escudero hacen muchas aventuras: salen, regresan, vuelven a
salir, y en el camino les pasan cosas absolutamente fantásticas…
Don Quijote cae a la famosa cueva de Montesinos, que está por ahí
en La Mancha, cerca de las Lagunas de Ruidera, y ve el paso de la Edad Media
en un desfile mágico… Y después no se sabe si lo soñó,
lo vio, lo inventó… Pero él igual pide que le crean. Al
tiempo, los dos protagonistas llegan a casa de unos duques que les hacen unas
bromas bastante crueles; siguen camino hasta Barcelona y, finalmente, Don Quijote
muere… Cerca de la muerte, el hidalgo se ha puesto cuerdo, y vuelve a
ser aquel hidalgo de campo que era antes. En cambio, Sancho Panza llora mucho;
porque se ha contagiado de las lecturas de su amo, y sigue muy entusiasmado
con las aventuras: quiere seguir acompañando a su caballero andante por
el mundo.” (JE)
Los protagonistas
“Me
parece que Don Quijote y Sancho son la misma persona, que a veces está
encarnada en uno, y otras veces en el otro… Los dos se complementan a
la perfección: uno aparentemente loco, que sueña, o que delira;
y el otro aparentemente zafio, pero que comprende profundamente a su señor.
Y que de pronto se hace partícipe activo de los propios desvaríos
de su amo.” (HT)
“Don Quijote es la capacidad de creer siguiendo una lógica de buenas
intenciones… Su aprendizaje surge a través de los libros. Si algo
lo leyó, es cierto y existe; si algo no lo leyó, no existe. En
cambio Sancho, que también persigue su sueño, el sueño
de la ínsula famosa, parte siempre de la realidad cotidiana.” (ME)
“Los dos protagonistas se suelen contraponer, pero se parecen bastante.
De Don Quijote ya se han dicho algunas cosas; de Sancho se suele decir que es
práctico, materialista, buen comedor. Pero ¿qué hombre
práctico puede acompañar al loco del hidalgo? Para servir a Don
Quijote con fidelidad hay que compartir algo de su locura. Y buen comedor lo
es, pero casi nunca puede comer a su gusto. Lo dos son, pues, héroes.
Y nada tontos: algo locos, sí, pero quitando a Don Quijote de su manía
es sumamente discreto; y Sancho deja muy mal parados a quienes se burlan de
él demostrando que es un excelente gobernador.” Ignacio Arellano
(IA)
“Don Quijote es alto, seco. Enteco. Sancho es gordo, rojo… Son dos
contrastes físicos, pero también mentales, morales.” (JE)
“Don Quijote, tan honesto e inocente como un bebe, odia lo malo y ama
lo bueno, y todo lo que dice y hace depende sinceramente de su propia conciencia.
Ahora el mundo está repleto de personas inteligentes y astutas, pero
queremos más donquijotes, aunque él sea loco y tonto.” Hu
Zhencai (HZ)
Los secundarios
“Muchos
de los amigos directos del Quijote, como el cura y el barbero, quedan muy ridículos
en la novela. Representan aparentemente lo cuerdo y lo correcto en la vida,
pero se comportan en realidad como unos completos zopencos. E incluso cometen
locuras peores que las de Don Quijote: como aquellos que se disfrazan de mujeres
para engañar al Quijote.” (ME)
“Hay algunos personajes que son medio antipáticos: el bachiller
o el cura, y sus amigos del vecindario, me parecen un poco insistentes y un
poco intrusos… Hay un campesino que recoge a Don Quijote y lo lleva a
su pueblo, después de que el caballero haya sufrido una pateadura, que
es muy buen personaje… No, buenos personajes aparecen a cada rato: algunos
de los caballeros que se encuentran con Don Quijote y también gente del
campo, popular. Hay incluso delincuentes simpáticos.” (JE)
“Hombre, a mí me gustaría recordar a ese mozo de campo y
plaza que se menciona en las primeras líneas de la novela y ya no vuelve
a salir. ¿Qué vida habrá llevado y qué tendría
Cervantes contra él para olvidarlo tan completamente?” Ignacio
Arellano (IA)
El narrador
“Lo mejor del Quijote es el tono del narrador: un narrador que toma distancia, que se ríe, que hace muchas bromas con el lector, que se inventa otros narradores. Es un narrador que pretende hacernos creer que no conoce bien el lugar donde nació su personaje, que no sabe bien ni siquiera su nombre, porque le da varios nombres: según algunos, dice, se llamaba así; según otros, se llamaba asá… Es un narrador que juega con las relaciones entre la realidad y la ficción, entre la fantasía y lo objetivo… Y es un escritor muy humano y muy cercano.” (JE)
Modernidad e innovación
“Casi
todos los recursos de la novela moderna ya están creados en el Quijote:
la superposición de la ficción con el mundo real entre comillas,
el sentido del tiempo en el que transcurre la novela, la forma del relato (quién
relata la novela), el hecho de que personajes de la novela que aparecen en la
primera parte aparezcan también en la segunda diciendo que han leído
un libro que se llama El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha.
El hecho de que Cervantes se aproveche de un álter ego como Cide Hamete
para endilgarle la autoría… Todo eso son recursos que después
las grandes novelas han ido recogiendo y recreando, pero que ya están
expresamente utilizados en este libro”. (HT)
“La primera vez que la leí quedé impactado: yo, que soy
de la generación del boom de la literatura latinoamericana —García
Márquez, Vargas Llosa, Cortázar— encontré que la
primera novela moderna ya estaba prefigurada 370 años antes.” (ME)
“El Quijote es contemporáneo. Este mismo año se vuelve a
publicar numerosas veces.” (IA)
“En el Quijote están prácticamente todos los géneros
literarios. Y conseguir eso era difícil de imaginar en el siglo en el
que fue escrita la obra. Eso es lo que, de alguna manera, hizo más tarde
James Joyce con el Ulises, metiéndole dentro todos los géneros
y añadiéndole ese diálogo interior que también está
en el Quijote… Hay en el libro una modernidad permanente que trasciende
todos los tiempos. Su manera de narrar lo hace contemporáneo. Y es además
una obra que nunca se acaba de leer. Una obra que, independientemente del momento
en que se lea, siempre sigue siendo contemporánea.” César
Molina (CM)
“Cervantes es el padre de la novela moderna en el mundo. En el Quijote,
Cervantes trata la verdad con imaginación, la seriedad con humor, la
exactitud con exageración. Luego está su sistema de cajas chinas:
una historia contiene otra historia y ésta a otra y así…
Por otra parte, está la intervención personal del autor en la
novela, entre otras audacias. Todos estos recursos son usados todavía
por los escritores contemporáneos.” (HZ)
Espíritu y valores
“El
Quijote tiene una cierta cosa lúdica, pero también es una obra
de meditación. Una obra casi senequista. Es decir, aquella en la que
al final el protagonista se conforma con lo que es, con lo que ha podido ser,
y renuncia a todas las aventuras.” (CM)
“Es el choque del espíritu con lo terrestre, con el sentido común.”
(JE)
“El Quijote plantea un problema eterno y universal: el conflicto entre
lo ideal y lo real.” (HZ)
“Don Quijote es un loco, y por eso estropea todo lo que toca, porque lo
hace sin sensatez. Pero a diferencia de muchos políticos, ideólogos
y dirigentes actuales, Don Quijote actúa siempre con buena intención,
y si fracasa siempre, no siempre es por su culpa. Sancho es otro héroe.
Y los dos sienten curiosidad por el mundo y gustan de las aventuras. Y todo
eso quiere decir que el Quijote se basa en la dignidad y en la libertad. Y por
esas cosas y otras semejantes Don Quijote está dispuesto a luchar con
quien sea: este espíritu de lucha para defender las cosas en que cree
es el espíritu del Quijote.” (IA)
“Hay una identidad del lector con alguien que aparece vencido, con alguien
que quiere cambiar el mundo y le resulta imposible.” (CM)
“Como la humanidad aspira a la luminosidad y rechaza la oscuridad, Don
Quijote siempre castiga la maldad y propaga la bondad. Eso coincide con la mentalidad
de la mayoría de la gente, y por eso la novela tiene una significación
universal.” (HZ)
Vigencia
“La
clave del éxito del Quijote es la misma que la del éxito atemporal
de todas las grandes obras maestras: su capacidad de sobrevivir a los cambios
circunstanciales, porque va más allá de ellos y apela a cuestiones
que siguen pareciendo esenciales: la ilusión, la aventura, el fracaso,
la lucha contra las injusticias, el error en el juicio de las cosas y los hombres,
la amistad y la generosidad.” (IA)
“Si yo leo un libro humorístico antiguo, generalmente no me río.
El humor antiguo ya no sigue funcionando... En cambio, hay momentos del diálogo
entre el Quijote y Sancho en los que uno se ríe… Se ríe
espontáneamente, a carcajadas, porque las salidas de Sancho son muy divertidas.
Y el contraste entre los personajes es divertido, tiene actualidad, tiene vigencia…
Creo que es el contraste entre el tipo que no ve bien la realidad frente al
que la ve. Y ése es un tema de hoy.” (JE)
“Me parece que ese espíritu de la novela de Cervantes estará
vigente siempre. La pregunta es en quiénes: ¿estará vigente
sólo en los Quijotes de hoy, es decir, en gente loca o considerada como
tal? Hoy y siempre hay gente dispuesta a salir a luchar para detener las injusticias,
enderezar tuertos y defender a los necesitados. Pero es cierto que también
ha habido y hay, especialmente en nuestra época, muchos que no tienen
ni entienden ese espíritu: y es que Don Quijote era un individuo muy
peligroso y muy poco dialogante, que enseguida echaba mano de lanza y espada…
se hubiera llevado muy mal con la ONU.” (IA)
En suma
“Es
una historia profunda sobre la aventura del espíritu humano. Y el libro
con más sentido universal que se ha escrito hasta la fecha.” (HT)
“Como lector, diría sólo que es un libro maravillosamente
entretenido, lleno de personajes, aventuras y palabras inolvidables, serio y
cómico a la vez, trágico y risible, i-nol-vi-da-ble.” (IA)
Los lectores
Jorge
Edwards (Santiago, Chile, 1931) Escritor, premio Cervantes
1999
Llegó al Quijote a través de la lectura que hicieron del clásico
ilustres escritores, como Miguel de Unamuno y Vladimir Nabokov. Reivindica el
genio de Cervantes y desmiente la idea de que Don Quijote es una criatura que
supera a su autor. “Cervantes es un gran humanista, y todos estos personajes
que inventó son proyecciones suyas”, afirma.
Ignacio
Arellano (Corella, Navarra, 1956) Cervantista y director del
Grupo Investigación Siglo de Oro, vinculado a la Universidad de Navarra,
España
Cuando tenía diez años, una tía le regaló su primer
Quijote, un volumen con ilustraciones de Gustave Doré que aún
conserva. Previene a los futuros lectores sobre los propagandistas modernos,
ésos que, sin haber leído a los clásicos, dicen que éstos
son “aburridos y difíciles”.
Hu
Zhencai (Xian, China, 1950) Editor de las Obras Completas
de Cervantes en chino
Se encandiló con las andanzas Don Quijote en los años
setenta, cuando empezó a estudiar español en la universidad. Cuenta
que en China existen dieciocho ediciones de la novela más exitosa escrita
en lengua castellana. Está convencido de que “esta sociedad de
aspiraciones materiales en la que vivimos necesita más héroes
idealistas como el Quijote”.
Héctor
Tizón (Yala, Jujuy, 1929) Escritor, juez, periodista
y diplomático
Incursionó por primera vez en la historia de Alonso Quijano
a través de una edición resumida que, ahora recuerda, “tenía
ilustraciones de color sepia”. Fue durante una convalecencia, a los catorce
o quince años. “Y realmente no pude dejar de leerlo hasta que llegué
a la última página…”, rememora.
César
A. Molina (A Coruña, España, 1952) Periodista
y director del Instituto Cervantes
Su admiración por el Quijote nació durante sus años escolares,
de la mano de las lecturas que imponían las clases de literatura. Releyó
la novela en la universidad, y asegura que desde entonces no ha habido año
en el que no haya hecho una relectura al menos parcial. “El Quijote es
un libro sabio: lo abras por donde lo abras, siempre te va a decir algo”,
señala.
Marcelo
Estefanell (Paysandú, Uruguay, 1951) Editor gráfico
y escritor
Descubrió al famoso hidalgo en la cárcel, mientras
cumplía condena por su militancia en el grupo Tupamaros. Maravillado
por el espíritu de la obra, en 2003 cometió el “atrevimiento”
de retomar el personaje en su libro Don Quijote a la cancha. Y reincidió
este año con una secuela. “Cervantes relató, sin querer,
lo que todos llevamos adentro”, dice.
Cervantes, entre las armas y las letras
“Aunque no escasean los datos documentales que permiten trazar la biografía de Cervantes, es tal el interés que siempre ha despertado todo lo referente al gran escritor que se ha derrochado mucho ingenio y mucha fantasía para llenar las lagunas de información cierta y fehaciente”. Como advierte Martín de Riquer en una de las ediciones canónicas más recomendables del Quijote, la vida del más universal de los autores en lengua castellana bien podría componer un trepidante novelón de aventuras. Nacido en Alcalá de Henares, en el seno de una familia acostumbrada a las estrecheces económicas, Miguel de Cervantes y Saavedra (1547-1616) pretendió hacer carrera militar antes de decidirse finalmente por el oficio de las letras. Como soldado, guerreó en la famosa batalla de Lepanto, en 1571. La mala fortuna quiso que, mientras regresaba por barco a España, el madrileño fuera apresado por piratas turcos y conducido como prisionero a Argel. Allí permaneció cautivo durante cinco años, hasta que el pago de varios rescates hizo posible su liberación. De vuelta en España, a partir de 1587 trabajó como “comisario de provisiones” de la Armada Invencible (ocupación de la cual no salió demasiado bien parado, ya que su aparente ineptitud para los números le acarreó más de una noche en prisión). Entretanto, hacía ya tiempo que el escritor venía velando sus armas literarias. Pero las mieles del éxito terminaron llegándole sólo con la publicación, en 1605, de la primera parte del Quijote. Según cuenta Martín de Riquer, el 10 de junio de ese año, durante la celebración de los festejos por el nacimiento del príncipe don Felipe (el futuro rey Felipe IV), se organizó en Valladolid un espectáculo en el que figuraban dos personajes disfrazados de Don Quijote y Sancho. Habían pasado tan sólo unos meses desde la publicación de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, y sus protagonistas ya eran famosos. Como lo siguen siendo 400 años después. Miguel de Cervantes murió en Madrid, el 22 de abril de 1616.
Consejos para principiantes
“La peor actitud que se puede tener antes de abordar el Quijote es el temor reverencial. El Quijote ha sido escrito no para eruditos, sino para los millones de lectores que el libro viene teniendo desde que se editó hasta ahora: ha sido escrito para la gente común.” Héctor Tizón
“El único consejo que se puede dar es que lo abran y empiecen a leerlo. Si una vez empezado no les interesa, menos me van a creer a mí que a Cervantes. Pero creo que si un lector lo empieza no lo dejará. Si es algo vago, puede saltarse sin miedo algunas novelas intercaladas y seguir de cerca a Don Quijote y Sancho. Merecerá la pena.” Ignacio Arellano
“La única forma de que uno se convenza de la excelencia del Quijote es leyendo. O escuchando su lectura. Es lo que traté yo de hacer casi siempre con mis nietos. Para los niños, hoy en día, darles un libro es una especie de agravio personal… Y sin embargo, cuando uno les relata oralmente una historia como la del Quijote, ellos piden siempre saber más.” (HT)
“Lea, amigo, el Quijote. En esta sociedad de aspiraciones materiales, necesitamos más héroes idealistas como Don Quijote.” Hu Zhencai
Ediciones curiosas de un clásico
Amberes,
1697
Publicada en Bélgica por Enrico y Cornelio Verdussen, esta edición
fue ilustrada con 32 estampas
Madrid,
1765
Cuatro tomos editados “en la oficina de D. Manuel Martín y a sus
expensas”, ilustrada con 44 estampas
París,
1841
La edición, a cargo de la Librería Europea Baudry, posee un facsímil
de un autógrafo de Cervantes
Amsterdam,
1768
Versión en francés, editada en seis tomos encuadernados en cuero
y con 32 láminas
Londres,
1900
Editada por John Lane, la obra está abreviada por Judge Parry y lleva
ilustraciones de Walter Crane
París,
1920
Con el título “Don Quijote para la juventud” los Hnos. Garnier
editaron una adaptación de la novela
Nueva
York, 1922
Una edición para niños hecha por John Lane, abreviada por Judge
Parry e ilustrada por Walter Crane
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