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Elogio
del egoísmo (altruista) |
Por
José Cervera - El Navegante
Cegalnet — 4/abril/2005
A
Cory Doctorow, activista y escritor, se le pueden llamar muchas cosas, pero
“bobo” no es una de ellas. Cuando decidió publicar su primera
novela, simultáneamente en caro libro de tapa dura y gratis en Internet
con permiso de copia, lo hizo por algo. Su idea era practicar el altruismo del
regalo con intención egoísta: ampliar la venta de su libro haciendo
que lo conociera más gente por un lado y que la Red hablase de ello,
por el otro. A Doctorow le funcionó muy bien, y ahora un estudio confirma
que su intuición era certera: el factor fundamental del éxito
de un libro no es la publicidad, sino conseguir que lo recomienden “boca
a oreja”. El consejo personal de un amigo es lo que hace que se vendan
los libros. Así las editoriales están cada vez más desesperadas.
Tres ediciones vendidas, medio millón de descargas de su texto, y su
nombre en boca de todo el mundo: eso consiguió Cory Doctorow con su generosidad.
Sin olvidar que la novela, “Down and Out in the Magic Kingdom” (tirados
en el reino mágico) es finalista del prestigioso Premio Nebula de Ciencia
Ficción... algo poco común para una primera novela. Parece que
su generosidad ha sido generosamente compensada.
Y es que el altruismo puede obtener su propia recompensa. Permitir y favorecer
la copia controlada de la propia obra limita la piratería, aumenta el
alcance y la proyección, y transforma a los lectores en co-distribuidores.
El generoso acto de cesión coloca a quien lee la obra del lado del autor,
en lugar de en contra. En deuda, en cierto modo; deuda que puede pagarse con
un simple consejo a un amigo... léelo, te gustará. Y el ciclo
comienza de nuevo.
El estudio citado por la BBC confirma el poder de este tipo de distribución
viral. De hecho los mayores éxitos literarios de los últimos tiempos,
desde el código de Dan Brown a los primeros libros de Harry Potter, han
surgido de este inclasificable e incontrolable magma de las relaciones personales,
a veces amplificadas por Internet. Boca a oreja, amigo a amigo, consejo a consejo,
es como surgen los “sleepers”, las sorpresas comerciales. Y mecanismos
como el “copyleft” ayudan.
Pero para las empresas editoriales, que viven de promocionar la venta de libros,
es una catástrofe. Por supuesto que la editora de Harry Potter se ha
forrado; por supuesto que nadie ha perdido dinero con Dan Brown. Pero ellos
no han controlado el proceso de creación de estos éxitos. Los
“best-sellers” de los últimos años no son mérito
de quienes debían encargarse de venderlos. Y eso tiene aterrada a mucha
gente, porque esto es como el póker: si no sabes quién es el tonto
en la mesa, entonces eres tú. Si no controlas tu mercado alguien lo hará
por ti.
Las empresas editoriales, de la mano del “copyright”, han crecido
en beneficios y poder a la vez que reducían su infraestructura. Tan grande
es su control del mercado editorial que no necesitan de grandes plantillas o
inversiones millonarias. Los autores y los lectores, carentes de alternativas,
no pueden publicar o leer más que lo que las editoriales decidan. Aunque
decidan mal. Sin publicación, o sin promoción, no hay ventas;
sin ventas no hay conocimiento del autor, y sin conocimiento del autor no hay
más poder que el editor.
Los lectores, de cuando en cuando, han dado estas sorpresas que llamamos “sleepers”;
libros sin promoción ni apoyo, apenas publicados, que se transforman
en grandes éxitos por el “boca a oreja” del público.
Ahora, con mecanismos como el “copyleft”, los autores tienen un
modo de animar que esto suceda: de facilitar que su obra se transforme en sorpresa.
De practicar simultáneamente el más cristiano de los altruismos
y el más capitalista de los egoísmos.
Ganan autores, lectores y la cultura; pierden los editores que pretendan controlar
el mercado. Todavía nos quedarán los editores que ayudan a los
escritores, que facilitan el encuentro con los lectores, que descubren joyas
ocultas. Ésos no corren peligro; pero los mercaderes de la cultura de
masas, los vendedores de “best-sellers” prefabricados, ésos
tienen poco futuro. El egoísmo altruista les puede.
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