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El Progreso / Lugo
Cegalnet — 7/abril/2005

El mundo del libro se enfrenta a importantes retos económicos y personales. Muchos profesionales del sector se obcecan con la fluctuación de índices, obviando nuevas estrategias y desaprovechando las sinergias lectoras que ha creado Internet entre los jóvenes.
Una sociedad que no lee corre el riesgo de instalarse en la ignorancia. Incluso en estos días merece la pena no desechar la máxima de que todo está en los libros, si bien la relación con el lector ha adoptado nuevos formatos y nuevas estrategias, obligada por el imparable desarrollo de la tecnología, que día sí, día también, sorprende al ciudadano de a pie con atractivas chucherías.
La inmediatez con la que la sociedad afronta el hecho de vivir es el caldo de cultivo de seres perezosos y bobos. No se plancha puesto que la industria textil ha inventado prendas que eviten la ardua tarea. Rizando el rizo de la estupidez, no se cocina porque la tortilla de patata viene envasada al vacío. No se lee porque el mundo está gordo de hamburguesas de ocio.
Los libreros ya han empezado a estornudar ante las tibias ventas y algunos, quizás movidos por la calentura del resfriado, adoptan, como hacen sus potenciales clientes que no llegan a ser, una postura cómoda y fácil. Que la culpa de todo la tiene Internet resulta un argumento escuálido y pobre, incluso para un librero.
La Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librerías (Cegal), a la que pertenece la Federación de Libreiros de Galicia, ha puesto en práctica un proyecto de red consistente en colgar en una página web la información bibliográfica de todas las librerías asociadas (1.500 en toda España), lo que significará en un futuro ya próximo disponer de la mayor librería del país y una muy eficaz herramienta complementaria para la diaria actividad profesional. Desde la Federación de Libreiros de Galicia, cuyo presidente es Antonio Fernández Maira, apuntan a que “sólo el 51% de las librerías asociadas están informatizadas y de ellas, el 45% están conectadas a la red con programas de gestión bibliográfica”. El porcentaje de establecimientos que utilizan el sistema de ventas on line no llega al 20%. “El uso de las enormes posibilidades de Internet como instrumento de trabajo aún es muy bajo”, señala Fernández Maira.
“A la gente que es lectora le gusta el contacto del libro. Hay clientes que incluso lo huelen. La compra en Internet me parece que es más fría”, comenta Mari Carmen Silva, una de las encargadas de la librería Souto de Lugo, ejemplo de establecimiento con solera. “Esta mañana ha venido un cliente y le he dado toda la información sobre un libro. Me dijo: ¿Sabe cuándo va a estar disponible en Internet? Yo creo que esto lo contesta todo. Tenemos una competencia muy dura”.
Mari Carmen Silva defiende que los bajos índices de lectura están generados por un problema de base, si de gente joven se habla, y no tanto de comercialización. “El precio no influye tanto. Los chiquitos y chiquitas que vienen a la librería, lo primero que me miran es el número de páginas del libro, después el precio y en casos excepcionales miran el argumento. Pasa todos los días. Las esperanzas en la gente joven se han frustrado”.
Aunque la producción literaria aumentó de forma considerable en España —70.000 títulos en 2004— , el número de libros editados en Galicia por iniciativa privada ha experimentado una notable caída respecto a la floreciente década de los noventa. Miguel Anxo Fernán-Vello, presidente da Asociación Galega de Editores (AGE), comparte datos reveladores sobre la crisis del sector: “Se no 2001 foron 946 títulos, no 2002 os libros editados foron 846. Asimesmo, o número de novidades de creación está estancado dende 1999. No 2001 publicáronse 205 novos títulos, que foron 189 no 2002”.
Con notas de urgencia como éstas sobre la crisis trabaja ahora la Mesa do Libro, integrada por editores, autores, libreros, bibliotecarios o ilustradores, entre otros, y que acaba de aprobar por unanimidad la Lei de Bibliotecas de Galicia y la Lei do Libro. Según Fernán-Vello, miembro también de la Mesa, “o descenso de número de títulos ten que ver co interese do lector. Estamos asistindo a un cambio na xente nova, a través de Internet e o audiovisual que non ten que ser contrario ó libro per se. En Galicia observamos que os índices de lectura teñen moito que ver coas causas infraestructurais. As bibliotecas da rede pública están baixo mínimos: 1,1 libro por habitante, que segundo unha recomendación da UNESCO terían que ser entre 1,5 e 2,5 libros”.
Como problema que concierne a todos, el escritor y presidente de la AGE destaca la responsabilidad del Estado: “O gasto público en Galicia por habitante é de 0,66 euros, fronte ós 1,97 da Unión Europea”.
La Xunta de Galicia tiene en marcha en los centros escolares, en colaboración con el Ministerio de Educación y por tercer año consecutivo, la campaña de animación a la lectura Pasaporte de lectura: viaxe polo mundo dos libro, dirigida a los alumnos de Primaria.
La iniciativa consiste en la distribución entre el alumnado de un álbum que se va completando con cromos en los que aparecen representados diversos personajes de la literatura infantil y juvenil, que reciben cada vez que retiran o devuelven un libro a la biblioteca de su centro. Según un informe de la campaña anterior, el incremento de usuarios de la biblioteca se tradujo en un 23,92% y el número de lectores entre la población escolar creció en un 23,50%.
La Federación de Libreiros de Galicia subraya que “en la edad escolar, el libro se implanta con eficacia en los primeros lectores pero en las siguientes etapas, especialmente en Secundaria, la atención decrece fuertemente”. Miguel Anxo Fernán-Vello cree que “un plan de fomento da lectura exise varios anos. En Galicia nunca se levou a cabo un plan de choque destas características, como fixo o governo de Blair”.
La escasa promoción y dinamización del entorno del libro por parte de la Xunta ha obligado a la iniciativa privada a desarrollar su particular campaña. La librería Trama es la única de Lugo que organiza sesiones de cuentacuentos, consciente de que suponen una inversión a largo plazo, aunque “últimamente están paradas. Llegamos a organizar algún curso de narración oral, pero se puso tan de moda que parecía siempre lo mismo”, explica su propietario, Carlos Coira. “También hacemos presentaciones y colaboramos donde nos llaman. Por ejemplo, en la página de Escola de El Progreso”, añade.
Este librero lucense habla sin miedo de la era Internet, conocedor de la necesidad de adecuar los establecimientos para afrontar los nuevos retos comerciales y tecnológicos. “Para nosotros se trata de una herramienta de trabajo. Cosas como el libro digital ya se vio que no funcionaron”.
Coira es un profesional seguro de que el futuro del sector pasa, inevitablemente, por la red, tanto a nivel de gestión como de fomento de la lectura. En Internet funcionan ya proyectos de librerías asociadas en clubes de lectura. Un ejemplo de ello es www.kiriko.com, un grupo de libreros interesados por la difusión de la literatura infantil y juvenil. Cada tres meses ofrecen a los más jóvenes una selección de libros para que el lector elija los que más les guste y formen su biblioteca personal.
Junto a estas iniciativas de carácter privado, y a pesar de la poca fe de libreros y editores, los cachorros de la era de la información se han topado con las estrategias para la creación de sinergias lectoras o, al menos, para el fomento de los hábitos lectores. Las posibilidades son tantas como las que ofrece estar conectado a Internet, en el sentido más global de la acepción: clubs de lectura, bibliotecas virtuales, talleres de creación literaria, diarios personales o blogs? Sitios web que están movilizando de manera discreta a miles de jóvenes. Construir un camino entre el ordenador y la librería depende de si la industria consigue renovar sus esquemas tradicionales y adecuar su visión comercial y personal a las inquietudes culturales con nuevo formato.

COMUNIDAD
“Bookcrossing”: convertir la Tierra en una biblioteca

Algunos políticos, cansados del escaso éxito de las campañas de fomento de la lectura, han comenzado a sacar partido del tirón de Internet, haciendo propios proyectos que funcionan en la red. La Concejalía de Educación de Vilagarcía decidió involucrar a niños y jóvenes en una idea similar a la del bookcrossing —libros liberados—, una red de intercambio extendida por todo el mundo.
El Concello adquirió 234 cuentos y novelas dirigidos a escolares de Primaria y Secundaria, para abandonarlos en colegios, casa de cultura y parques públicos, con el fin de que los niños los encuentren, se los lleven a casa y los lean.

Origen

El proyecto BookCrossing nació el 17 de abril de 2001 en Estados Unidos, de la mano de Ron Honrbaker, un joven programador apasionado de los libros. La idea era sencilla: los participantes registran los libros en la web y su identidad bajo apodo. Luego, toman la Tierra por biblioteca e inician el seguimiento de los libros, que intercambian o dejan en la calle (liberación) para que otro bookcrosser los encuentre (caza). Los ejemplares llevan una pegatina con un código, a través de la cual se puede conocer la ruta que siguió el libro.
Las cifras hablan por sí solas: más de un millón de libros circulan por el mundo de esta forma y los usuarios registrados superan los unos 250.000. Esta práctica registra cada vez más seguidores, que comienzan a organizarse mediante encuentros ocasionales o en clubes de lectura estables, como los aficionados en Ourense.
Lugo también cuenta con una representación local de esta comunidad de intercambio de libros, que funciona a modo de biblioteca en Muralla Discos. Su promotor es Álex Tabernero Vázquez, propietario de la tienda: “Hace tres años vi un reportaje sobre bookcrossing y, al día siguiente entré en la página de Internet. Poco a poco lo fui comentado a amigos, porque el boca a boca es lo que mejor funciona”.
Álex comenta que a la gente le cuesta entender la gratuidad de los libros. “Lo tienes que repetir varias veces”. Este lucense aficionado a la lectura se lamenta de que “no hay mucha gente ni creo que la haya. Seremos unas siete personas. En Ourense se reúnen, comentan los libros. El otro día vinieron unos chicos de allá y se llevaron libros ¿Qué le vamos a pedir a Lugo?”

EL DATO

“Los jóvenes miran el número de páginas, después el precio y, excepcionalmente, el argumento del libro”.