|
El
ser humano es un animal generador de cuentos |
Osho,
El Hombre que Amaba las Gaviotas y Otros Relatos
Boletín Mentat de Educación Mental - 13/marzo/2007
Aristóteles
definió al ser humano como un ser racional. Pero no lo es, y qué
bien que no lo sea. En un noventa y nueve por ciento, el ser humano es irracional,
y es a través de su irracionalidad que existe todo lo bello en el mundo.
Por la razón, las matemáticas; por la no-razón, la poesía.
Por la razón, la ciencia; por la no-razón, la religión.
Por la razón, el mercado, el dinero, las rupias, los pesos, los dólares;
por la no-razón, el amor, el canto, la danza.
No, está
bien que el ser humano no sea un ser racional. Es irracional. Yo diría
que el ser humano es un animal generador de cuentos. Crea mitos y todos los
mitos son cuentos. Crea religiones, mitos, historias sobre la existencia. Desde
el inicio mismo de la humanidad, el ser humano ha creado bellas mitologías.
Ha creado a Dios. Ha creado a un Dios que ha creado el mundo. El ser humano
teje, y continuamente está tejiendo nuevos mitos. Es un animal que crea
mitos; y sin mitos, la vida resultaría absolutamente aburridora.
Este es el
problema de la edad moderna: se han eliminado todos los mitos antiguos. Necios
racionalistas insistieron en refutarlos. Los mitos han sido eliminados porque
son indefensibles. No se saben defender. Un mito es algo muy vulnerable, muy
delicado, y si se refuta se destruye; y con él se destruye algo muy bello
en el corazón humano. No es el mito en sí mismo, que es algo simbólico.
Al matar el mito, se mata el corazón.
En todo el
mundo, aquellos mismos racionalistas que mataron los mitos ahora sienten que
la vida no tiene sentido, que ya no hay poesía ni razones de sentirse
feliz ni de celebrar. Ha desaparecido todo lo festivo. Sin el mito, el mundo
se convierte en un mercado. Los templos desaparecen. Sin el mito, todas las
relaciones se convierten en transacciones, vacías de amor. Sin el mito
te encuentras solo en medio de un enorme vacío. A menos que seas un iluminado,
no puedes vivir así; vas a sentir que nada tiene sentido y una terrible
angustia se apoderará de ti. Contemplarás el suicidio. Buscarás
otras maneras de ahogar tu angustia, ya sea a través de las drogas, del
alcohol, del sexo o cualquier otra cosa. Tienes que ahogarte para olvidarte
de ti mismo, pues la vida parece carecer de todo sentido.
El mito genera
sentido. No es más que un bello cuento que nos ayuda a vivir, que nos
ayuda a abrimos camino por el mundo. Que nos brinda un ambiente humano. De otra
forma, el mundo seria frío y pétreo. Fíjate: los hindúes
van a los ríos, al Ganges, a orar. Es un mito, pues el Ganges es tan
sólo un río. Sin embargo, por medio del mito el Ganges se convierte
en una madre, y cuando un hindú va al río, siente un enorme placer.
La piedra
de Kaaba, en la Meca, no es más que una piedra. Es un cubo, y por eso
la llaman ka'bah, lo que significa ‘cubo’. Pero es difícil
imaginar lo que siente un musulmán cuando va a la Kaaba. Lo invade una
tremenda energía. Y no es que la Kaaba esté actuando, pues no
es más que un mito. Pero cuando el musulmán besa la piedra, se
eleva, no camina en la tierra, se siente transportado a otro mundo, al de la
poesía. Cuando camina alrededor de la piedra, camina alrededor de Dios.
Cuando los musulmanes de todo el mundo oran, miran en dirección de Kaaba.
La dirección cambia dependiendo de dónde estén: un fiel
orando en Inglaterra volteará la mirada hacia Kaaba; otro, orando en
la India, mirará hacia Kaaba; otro, orando en Egipto, mirará hacia
Kaaba. Cinco veces cada día, los musulmanes en todo el mundo rezan, rodean
al mundo, dirigen la mirada hacia Kaaba, y Kaaba se convierte en el centro del
mundo. Es un mito, un bello mito. En ese momento el mundo entero se envuelve
de poesía.
Los seres
humanos le dan sentido a la existencia; de eso se trata el mito. El ser humano
es un animal generador de cuentos: pequeños chismes, sobre el barrio
y la esposa del vecino... y grandes chismes cósmicos, sobre Dios. Y la
gente los disfruta y Dios debe apreciar mucho los cuentos.
Así
es: la vida es un chisme, un chisme momentáneo en medio del eterno silencio
de la existencia, Y el ser humano es un animal generador de chismes. A menos
que te conviertas en dios, te encantarán los chismes. Te encantarán
los cuentos de Rama y Sita, de Adán Y Eva, de Mahabharata; te encantarán
los cuentos griegos, romanos y chinos. Existen millones de ellos, y todos son
preciosos.
Un cuento
es algo relajante que no te genera presiones en la mente, más bien, juega
con tu corazón. Cuando escuchas un cuento, no escuchas intelectualmente,
no puedes y si lo haces, se te escapa. Si lo escuchas intelectualmente no comprendes
la historia: tienes que escucharlo con el corazón. Cuando alguien cuenta
un cuento, los que escuchan están atentos pero no tensos. Aún
si se pierde una u otra palabra no se pierde nada porque al comprender lo esencial
se comprende todo. Los cuentos dicen menos pero revelan más.
Si no les
metes lógica, te abrirán puertas interiores, te descubrirán
misterios. Si les metes lógica, se te cerrarán las puertas de
ese templo. Ama los cuentos, pues cuando los amas te revelan sus misterios.
Mucho se esconde en ellos: todo lo que ha descubierto la humanidad se oculta
en esas parábolas. Un cuento es ilustrativo: no dice mucho pero demuestra
mucho. Por eso, Jesús sigue hablando en parábolas y Buda sigue
hablando en cuentos. A la gente siempre le han encantado los chismes.