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CD
y cassettes para “leer” a los grandes escritores |
Héctor
M. Guyot
La Nación Line - Cultura - 24/junio/2003
Nace
la primera editorial de audiolibros del país
Ya se publicaron tres títulos con literatura argentina, cuentos de terror
y suspenso, y la Biblia para chicos
·
Se trata de una modalidad muy difundida en Estados Unidos y Europa
· Relatos de Silvina Ocampo, Liliana Heker y Ana María Shua fueron
grabados por Magdalena Ruiz Guiñazú
Si
llegar a Silvina Ocampo o Edgar Allan Poe supone leerlos, ahora también
podría alcanzar con escucharlos.
La culpa la tiene Pablo Bellucci, un ingeniero de 36 años especializado
en marketing que se embarcó en el intento de cambiar, aunque sea un poco,
el hábito de los lectores argentinos. ¿Cómo? De la mano
de los audiolibros, que si bien cuentan con antecedentes ilustres en nuestro
país —como los textos grabados de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar
y Ernesto Sábato—, hoy son protagonistas de un emprendimiento editorial
que apela a la palabra hablada como llave para acceder al mundo imaginario que
propone toda buena historia.
“En Estados Unidos, España y Alemania es habitual el uso de libros
grabados durante viajes en auto, la realización de trabajos manuales
o por personas con dificultades para la lectura, y quisimos traer la idea aquí”,
señaló a LA NACION, Bellucci, que junto con otros dos socios fundó
Ediciones Sonoras, con una inversión de 70.000 pesos. En agosto último
la editorial produjo, en colaboración con Radio Mitre, su primer volumen.
El resultado fue “Cuentos de escritoras argentinas en la voz de Magdalena”,
que incluye historias de autoras como Ocampo, Liliana Heker y Ana María
Shua, contadas por Magdalena Ruiz Guiñazú, para quien leer en
voz alta es un rito muy especial.
“Lo he hecho durante mucho tiempo para mi hermano Alejandro, que era ciego
—confió a LA NACION la periodista—. Me llevaba 23 años,
y leyéndole a él conocí autores como Sartre y Kierkegaard
a los 14 años”.
La voz más difícil
Encontrar voz para el segundo volumen, editado en enero último, no resultó
fácil.
“Probamos con locutores y no dimos con una voz natural, capaz de mantener
la tensión de un relato”, dice Bellucci, que se asomó entonces
al mundo de los narradores orales y recorrió espectáculos en busca
de una garganta adecuada.
Así, los “Clásicos de suspenso y de terror” fueron
confiados a Ana Padovani, que recorre con fruición historias de Poe,
Oscar Wilde, Arthur Conan Doyle y otros maestros del misterio, que ella misma
compiló y adaptó.
Es que el relato oral tiene leyes propias. “No se puede volver atrás
—señala Padovani—. Entonces hay que manejar los tiempos para
que quien escucha pueda comprender la historia, desarrollar sus propias imágenes
y procesar las emociones que el texto transmite”.
Para la distribución, Ediciones Sonoras se maneja como si fuera una editorial
de libros tradicional.
“En las librerías no había un espacio para nuestro producto.
Nos ponían junto con los CD, los videos y hasta debajo del mostrador.
Para crear una nueva categoría fabricamos exhibidores especiales”,
cuenta Bellucci.
Con una tirada de 1500 ejemplares de cada uno de los títulos en plaza,
los audiolibros se venden en cassettes y en CD a 29 pesos en la principales
cadenas de librerías, como Jenny, Fausto, Cúspide y la Boutique
del Libro. Las ventas hasta ahora cubren las expectativas, dice Bellucci, que
planea llegar a las estaciones de servicio. “Porque el audiolibro es ideal
para viajes en familia, incluso para los chicos”, explica.
Precisamente, a esta franja de “lectores” apunta su último
título, en librerías desde hace pocas semanas: “La Biblia
para chicos argentinos”, una adaptación de Juan Luis Gallardo,
narrada por Gustavo Bonfigli, actor que ha doblado para cine las voces de Brad
Pitt y Hugh Grant, entre otros.
“Nuestro proyecto está dirigido a un público lector”,
precisa Belluci, y aclara que no compite con los textos de papel, sino que apunta
a ofrecer la posibilidad de leer “un libro más”.
“La atención que le dedicás es la misma que a la lectura
—afirma—. La diferencia es que, mientras escuchás, podés
manejar, trabajar con las manos o, simplemente, tirarte en la penumbra de tu
casa y dejar volar la imaginación”. ![]()