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Escribir:
todo un sueño |
Manuel Pimentel
/ Diario de Córdoba
Boletín Cegal.net – www.libreros.org. 16/enero/2003
Me
dirijo a usted, que alberga la esperanza de escribir y de ver publicado algún
día aquello que escribe. A usted, que tantas veces se habrá repetido
en su vida: “¿algún día escribiré un libro?”
y que aguarda, a veces con paciencia y otras con desesperanza, el momento propicio
para ello, le quiero dedicar este artículo. Y lo hago con conocimiento
de causa, ya que durante años también yo ambicioné íntimamente
poder hacerlo. Y lo veía difícil, muy difícil. Muchas veces
comenzaba las primeras líneas, para conjurar el síndrome del folio
en blanco, pero, a continuación, rompía el papel medio emborronado:
no me gustaba lo que escribía. Hasta que un día tuve una historia
bulléndome en la cabeza, presta para ser narrada. La escribí del
tirón —esta vez con el ordenador—, y todavía recuerdo
la emoción con la que observé el primer ejemplar que la editorial
me hizo llegar.
Probablemente, usted también habrá comenzado mil folios en blanco,
y los habrá roto a continuación, casi avergonzado al releerlos.
Pero, a pesar de eso, quiere llegar a escribir un libro. Sabe que puede hacerlo,
y lo desea con todas sus fuerzas. A lo mejor guarda ese anhelo en secreto, a
escondidas del conocimiento de familiares y amigos. ¿Le avergüenza
que se puedan reír de sus aspiraciones? ¿O se lo ha comentado,
en susurros de confidencia, a alguna persona especialmente apreciada? Probablemente
sea usted persona lectora desde la infancia. O quizá comenzara después.
El caso es que disfruta con sus lecturas, de las que aprende y con las que tiene
la sensación de vivir más vidas que la que le permite su entorno
cotidiano. Los libros hacen soñar. También le producen cierta
ansiedad. Admira y envidia a los autores de esas obras que tanto le impresionaron;
desearía poder escribir historias tan maravillosas.
Si se ha sentido identificado en algunas de las situaciones descritas, no lo
dude. Los libros le tienen agarrado el corazón. Para leerlos o para escribirlos,
qué más da. Si desea ser escritor, no se amilane. Cuando tenga
una historia que contar, escríbala. Y no piense en los demás;
satisfaga su propio diálogo interior.
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