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Las
nuevas tecnologías obligan a desarrollar una actitud crítica |
Por
Ana D´Onofrio
De la Redacción de La Nación. La Nación Line - 6/mayo/2001
El
intelectual Roger Chartier confía en que el texto escrito coexistirá
con el electrónico
· Afirma que la brecha producida por el desarrollo tecnológico
genera un nuevo analfabetismo
· La revolución informática, dijo, es más importante
que la de Gutenberg
Para todos aquellos que aún hoy siguen observando los medios electrónicos
como una amenaza para el texto escrito, el profesor Roger Chartier, erudito
francés en la materia, tiene palabras tranquilizadoras: “El futuro
es de coexistencia, quizá de competencia, del texto electrónico
y el texto escrito, lo que significa que tendremos más variedades de
contacto con la lectura”, sostuvo en una entrevista con La Nación
.
Historiador y director de estudios en l´Ecole des Hautes Etudes en Sciences
Sociales, de París, Chartier dedicó gran parte de su vida a estudiar
la historia del libro y la lectura. Asiduo visitante de los círculos
intelectuales argentinos, donde suele disertar sobre la cultura y las nuevas
tecnologías, anteayer presentó en la Feria del Libro su última
obra, “Las revoluciones de la cultura escrita”, editada por Gedisa.
—¿Se pueden comparar la revolución informática
con la que provocaron Gutenberg y la imprenta?
—Es más importante la que vivimos hoy. Gutenberg creó una
nueva técnica para la reproducción de textos y la fabricación
de libros, lo que tuvo efectos enormes sobre la sociedad desde finales del siglo
XV hasta ahora. Pero no inventó una nueva forma de organización
del libro manuscrito. La técnica electrónica modifica profundamente
el soporte del libro, y ahí está lo revolucionario. No es sólo
la invención de una nueva técnica, sino la transformación
profunda del soporte del texto.
—Muchos ven en el texto electrónico una amenaza para el
texto impreso...
—No lo creo. Claro que hay textos que hoy, con la informática,
han perdido su razón de ser como objetos impresos, como las enciclopedias.
Ya hoy la Enciclopedia Británica y la Universal no tienen más
versiones impresas. Pero hasta ahora no ha ocurrido con los libros de historia,
las novelas, los ensayos filosóficos, aunque ya existen sus versiones
electrónicas. El futuro previsible será de coexistencia, quizá
de competencia. Tendremos más posibilidades y variedades de relacionarnos
con los textos. Pero hay otra dimensión para tener en cuenta, y es cómo
se percibe a través de una pantalla de PC lo que para nosotros era un
libro.
—¿Y cómo se percibe?
—Pienso que se percibe mal. Es la tendencia a la fragmentación
que domina la lectura del texto electrónico y que favorece a las enciclopedias,
porque aquí lo importante es extraer rápidamente una información.
No es lo mismo un libro, una novela, un ensayo, que es una creación intelectual
y estética y que así debe ser percibido por el lector, aun cuando
no lo lea entero. El texto electrónico no permite esta percepción
fácilmente, y su tendencia es a la fragmentación o a la ausencia
de percepción de la totalidad de la obra. Este es para mí el gran
obstáculo a la circulación de textos electrónicos: no está
garantizada la identidad de la obra.
—¿Podría perjudicar especialmente a los medios impresos
esa tendencia a la fragmentación?
—Del mismo modo que afecta a los libros. Cuando uno lee un artículo
en un diario impreso también absorbe todo lo que está alrededor,
las imágenes, la diagramación, la forma en que están dispuestas
la noticias. Todo conforma una determinada información sobre el tema
y sobre la identidad del propio diario, a la que no es posible acceder si uno
entra al artículo electrónicamente. El contexto de la lectura
se define a partir de aquella doble percepción. La tendencia a transformar
todos los textos en un banco de datos ayuda a la búsqueda enciclopédica,
fragmentada, pero oculta las intenciones que han alimentado su creación.
—¿Ese el principal riesgo que encierra esta nueva realidad?
—Creo que es el principal; por eso hay que pensar en dispositivos que
permitan limitar esta pérdida, porque toda la relación con los
textos está fundada en eso.
—¿Cómo se podría limitar?
—Hay una responsabilidad colectiva de las instituciones. Hay que aprender
a plantearse de dónde vienen los textos, qué fuentes tienen, quién
los escribió, qué hay detrás de lo que estoy leyendo. Porque
la información en la Red no tiene ningún control editorial o académico,
lo que puede llevar a veces a introducir textos con datos erróneos. En
la cultura impresa, estas situaciones encuentran un límite. A ningún
joven se le ocurriría recurrir a una revista de quiosco para hacer un
trabajo que luego figure en su currículum. Por eso es importante desarrollar
la actitud crítica. Sería absurdo decir que vamos a luchar pidiendo
a los jóvenes que no usen la computadora. La escuela, los medios de difusión,
los propios textos electrónicos deben impartir este tipo de enseñanza.
—¿Qué está haciendo Francia al respecto?
—En primer término, se enseña a usar la nueva metodología
a todos los alumnos. Partimos de la base de que todo el mundo tiene que conocer
esta tecnología del siglo XXI. Además, se trasmiten instrumentos
que permiten a cada uno ejercer esta postura crítica, mostrar que cada
discurso se ubica dentro de determinadas condiciones que responden a proyectos,
intereses, perspectivas, que se deben descifrar a través de un proceso
crítico. El pensamiento crítico es la principal herramienta frente
a los que se lamentan ante la nueva tecnología. Nadie puede pensar en
volver al pasado, a un mundo sin pantallas, sin TV. No, el mundo de hoy es así,
la técnica existe y va a desarrollarse hacia nuevos usos.
—Otro desafío que se plantea es la brecha entre sociedades
que tienen acceso al desarrollo tecnológico y aquellas que no lo tienen...
—Claro, esto está provocando un nuevo analfabetismo. Hoy la cuestión
no es saber leer o escribir, sino tener o no tener familiaridad con los nuevos
métodos electrónicos. Los programas sociales o políticos
pueden ayudar a que esta brecha se achique.
—¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en
el vínculo del hombre con la sociedad?
—La comunicación electrónica permite la comunicación
universal. Podemos hablar con cualquier persona que nunca hayamos conocido antes
sin decir nuestro nombre ni mostrar nuestra cara. Pero al mismo tiempo esto
encierra una pérdida del vínculo social, un aislamiento. Es otra
de las paradojas del mundo electrónico, aunque tampoco esto se inventó
con la PC. En el siglo XVIII mucha gente creía que las novelas lo alejaban
a uno de la realidad y muchos médicos desaconsejaban su lectura porque
ocupaban tanto al lector que iba a ignorar el mundo real y la sociabilidad.
Hoy sabemos que esto no ocurrió. Por lo tanto, no hay que pensar que
estas realidades son ineluctables.
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