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Nace
un nuevo tipo de lector que practica a través de la pantalla "zapping"
literario |
Rosa
Mora | Santander
Boletín Cegal.net – www.libreros.org. 26/julio/2002
“El
cambio se produce ya en los hogares”,
afirma Juan Cueto en el 18º Encuentro sobre la Edición
La
lectura por rastreo, la lectura a saltos, que refleja claramente la influencia
del zapping televisivo, la lectura directa en pantalla son algunas de las nueva
tendencias que demuestran, según los expertos reunidos en el 18º
Encuentro sobre la Edición, que se celebra en Santander, que está
naciendo un nuevo tipo de lector y una nueva forma de lectura. Juan Cueto, estudioso
del mundo de la televisión, planteó el debate: “están
cambiando las prácticas de lectura. No digo si es bueno o es malo, sólo
lo que está pasando”. La revolución de las pantallas es
un hecho, añadió, y se está produciendo ya en los hogares.
En el mismo marco, los escritores Gustavo Martín Garzo y Alberto Vázquez
Figueroa resaltaron la importancia de la fidelidad entre editor y autor.
El antropólogo Jesús Contreras presentó las conclusiones
de su estudio sobre La lectura y sus circunstancias, que pone de manifiesto
una contradicción: existe una valoración muy positiva de la lectura
y de los libros, pero una escasa práctica de la misma. “Todo el
mundo habla mal de la televisión y bien de los libros, pero lo cierto
es que la televisión está encendida durante todo el día
y que cada vez hay menos tiempo para leer”.
Contreras, que conquistó a los asistentes del curso de la Universidad
Internacional Menéndez Pelayo, se manifestó rotundamente en contra
de los fundamentalismos, de las actitudes redentoristas y del pesimismo respecto
al futuro de la lectura. “Es una obviedad decir que los adolescentes leen
menos que los niños. Tienen mayores posibilidades de ocio y están
en una encrucijada de la vida en que la se encuentran ante muchas opciones”.
También habló del cambio de valores que se está produciendo
en la sociedad. “Antes, si un chico suspendía el padre le amenazaba
con ponerle a trabajar. Ahora, el hijo dice: 'vale, encuéntrame un trabajo'”.
Victoria Sanz presentó un estudio sobre la lectura en Internet realizado
por la empresa Link + Partner a partir de 6.000 entrevistas telefónicas
entre hombres y mujeres de 15 a 74 años: la búsqueda de información
es el primer objetivo de quienes utilizan Internet (72%); el segundo es la comunicación
con otras personas (48%); la información consultada se lee directamente
en pantalla en vez de imprimirse, en especial la prensa (36%) y la diversión
(26%); la literatura atrae a un 15% de los internautas encuestados. Se lee “rastreando
contenido, es decir, saltándose párrafos y bloques en un 60%,
excepto en literatura”.
A partir de estos datos y de su experiencia personal José Antonio Millán,
director del curso, afirmó que está surgiendo un lector cuantitativamente
nuevo, que lee en pantalla, lo que modifica los hábitos de lectura tradicionales.
El catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid Juan Delval
sembró la duda: “¿Es un lector nuevo o es el de siempre
que se adapta a los nuevos estilos?”. Nadie supo exactamente qué
responder. La polémica está servida y el futuro dirá lo
que pasará.
Un respiro
Frente a la avalancha de datos e interpretaciones sobre la lectura, la intervención
de los dos únicos escritores que participan en el curso fue como un bálsamo.
Gustavo Martín Garzo y Alberto Vázquez Figueroa hablaron de literatura
y de la relación entre el escritor y el lector. En las antípodas
el uno del otro, serio, algo tímido y con toda la confianza del mundo
en las letras Martín Garzo, y explosivamente séptico y entusiasta
al mismo tiempo Vázquez Figueroa, coincidieron ambos en algunos puntos,
por ejemplo escriben porque les gusta y sin pensar demasiado en los lectores.
En un encuentro moderado por el escritor y periodista Juan Cruz, los dos escritores
hablaron de sus inicios en las letras. Martín Garzo, nacido en Valladolid
en 1948, dijo que se consideraba un impostor y que aún sigue sorprendiéndose
de que sus libros lleguen a los editores y a las librerías. La impostura,
dijo, está en su adolescencia. “Cuando estaba haciendo bachillerato,
un profesor de redacción nos encargó un escrito sobre el otoño.
Yo me sentí incapaz, un fracaso total. Estaba tan apurado que mi madre
se sentó a mi lado y me dijo que era fácil y escribió sobre
el otoño de una manera extraordinaria. Cuando a la semana siguiente el
profesor habló de las redacciones destacó la mía como la
mejor y más madura, y a partir de ese momento en la clase todos dijeron
que de mayor yo sería escritor”.
La primera experiencia de Alberto Vázquez Figueroa fue muy diferente.
Criado en el Sáhara con un tío que trabajaba de administrador
civil de un fuerte militar, aprendió a vivir en el desierto con los tuareg.
En la biblioteca de su tío encontró libros de Stevenson y de Julio
Verne, soñó muy pronto con ser como aquellos “señores”.
“Para un niño solo en el desierto del Sáhara, que soñaba
con ver el Machu Pichu, fue algo muy importante. Cuando salí de allí
a los 16 años supe que quería escribir la historia de ese niño
solitario que no conocía a nadie. Ahí nació mi primera
novela Arena y viento y me aficioné para siempre”.
Hablaron también de la fidelidad a los editores y coincidieron en que
tiene que ser recíproca. ![]()