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Diez
autores cuentan cómo crear un personaje de novela |
Clarín – 3/noviembre/2002
INFORME
ESPECIAL: LOS ESCRITORES REVELAN SU SECRETO MÁS PRECIADO
De
Don Quijote a Harry Potter, los personajes revelan la cara del autor. Clarín
entrevistó a diez escritores para saber cómo se encuentran y conviven
con los protagonistas de sus libros.
Hubo un día en que el profesor Baer encontró los cuentos de terror
de Jo March y le pareció que ninguna mujer —y menos si estaba por
ser su novia— podía escribir esas cosas. Jo March lloró
ese día y prometió escribir cuentos para niños. Fue un
día de dolor —en realidad mucho días, uno por lectora—
para miles de nenas de todo el mundo: las que leyeron, a través de más
de un siglo, Mujercitas. Esa renuncia, el punto en que se somete la
rebelde, la independiente, la talentosa Jo, era casi una amenaza. ¿Era
real Jo March? O mejor: ¿qué tienen, cómo están
hechos los personajes de la literatura que se meten en nuestra vida?
Una primera respuesta la da Luigi Pirandello, el autor italiano que en 1921
dio a conocer su obra de teatro Seis personajes en busca de un autor.
“Los personajes —dice— no deben aparecer como fantasmas sino
como realidades creadas, construcciones inmutables de la fantasía: más
reales y más consistentes, en definitiva, que la voluble naturalidad
de los actores”.
Por obra de la literatura, un enamorado es un Romeo, pero si las familias se
llevan mal son Montescos y Capuletos. Shakespeare los creó hacia 1595,
cuando los barcos cruzaban los mares cargados de esclavos. Shakespeare, sus
contemporáneos, los poderosos de su época son menos que polvo.
Los personajes siguen vivos. Pero claro que no cualquier personaje vive: ésa
es labor del autor.
“Yo quisiera, y me esfuerzo para que así sea, que mis personajes
sean ellos mismos y no hechos a imagen y semejanza del autor”, dijo en
1987 Adolfo Bioy Casares. “Trato de no transmitirles cosas mías,
de mi formación intelectual”, había dicho en 1976.
Hay personajes que tienen más de una vida, sin que haya cambiado una
letra del texto original. Uno de esos casos es el de Martín Fierro. Antes
de que el Martín Fierro fuera el poema nacional, el libro de
José Hernández era leído como un texto campero más,
escrito como protesta por las condiciones de vida de los gauchos en los fortines.
Poco después del Centenario, Leopoldo Lugones hizo una serie de conferencias
en el Teatro Odeón donde se ocupó de canonizar el poema. Lugones
presentaba al gaucho como símbolo de la nacionalidad y de paso lo contraponía
a una inmigración creciente. Quedaron de lado sus borracheras y su rebeldía
y Fierro encarnó las virtudes nacionales. Borges, que discutía
a Lugones, discutió también esta idea: “Nuestra historia
es mucho más completa que las vicisitudes de un cuchillero de 1872, aunque
esas vicisitudes hayan sido contadas de un modo admirable”.
En 1963, Julio Cortázar escribió Rayuela y allí
apareció La Maga, una mujer bohemia, que se cita al azar con su amante,
Horacio Oliveira, en cualquier esquina de París. Muchas mujeres quisieron
ser La Maga, muchas cosas llevaron su nombre o el de Rocamadour. ¿Fue
un personaje pensado hasta el más mínimo detalle? La Maga es montevideana,
del barrio del Cerro. ¿Por qué? Cortázar lo dijo con sencillez:
“Ahora, por qué la puse a ella ahí, no lo sé. Porque
no hay que olvidarse de lo que se cuenta cuando La Maga recuerda lo que le había
pasado con un negro y habla de lo que era la casa. Allí se describe un
conventillo y me pareció que el Cerro venía bien para ubicarla”.
Si se hace una lista de personajes temerarios, allí estará Carrie
White, esa estudiante frágil de la que se burlan sus compañeros.
Stephen King, su autor, sabe de dónde salió Carrie: lo mandaron
a limpiar un vestuario femenino. Días después “me acordé
del vestuario y empecé a visualizar la escena inicial de un relato: un
grupo de niñas duchándose sin intimidad y una de ellas empieza
a tener la regla. Lo malo es que no sabe qué es y las demás empiezan
a burlarse de ella y a tirarle compresas...” Esta imagen se combinó
con un recuerdo: King leyó un artículo sobre la facultad de mover
objetos con el pensamiento. “Ciertas pruebas apuntaban a que la gente
joven era más propensa a tener esa clase de poderes, sobre todo las niñas
en el inicio de la adolescencia, cuanto tienen la primera...” Se habían
unido dos ideas. Hecho.
“Hago
los personajes para que vivan su propia vida”
RAY BRADBURY
Es estadounidense. Escribió Crónicas marcianas; El hombre
ilustrado; Fahrenheit 451; Cuentos del futuro y Las doradas manzanas
del sol.
Yo diría que creo mis personajes para que vivan su propia vida. En realidad,
no soy yo quien los creo a ellos sino que son ellos quienes me crean a mí.
Lo que tengo claro cuando escribo, es que quiero que los personajes vivan al
límite de sus pasiones y de sus emociones. Quiero que amen, o que odien,
que hagan lo que tengan que hacer, pero que lo hagan apasionadamente. Es eso,
esa pasión, lo que la gente recuerda para siempre en un personaje. Pero
no tengo un plan preconcebido: quiero vivir las historias mientras las escribo.
Le doy un ejemplo sobre cómo es mi relación con los personajes.
Es algo que me pasó: el personaje principal de Fahrenheit —obligado
a quemar libros— vino un día a mí y me dijo que no quería
quemar más libros, que ya estaba harto. Yo no tenía opciones,
así que le contesté: “Bueno, como quieras, dejá de
quemar libros y listo”.
De modo que él no quemó más libros y así terminó
escribiéndose esa novela.
“Entre
las tensiones y la actitud liberadora”
PAULO COELHO
Es brasileño. Integra la Academia de Letras del Brasil. Escribió,
entre otros: El alquimista; La quinta montaña; Brida y Veronika
decide morir.
Todo hombre pasa —según mi entender— por un proceso que es
semejante al de un volcán. Se va acumulando masa y en la superficie no
se transforma nada. El hombre, entonces se pregunta: “¿acaso mi
vida será siempre así?”. En un momento dado empiezan los
síntomas de la erupción. Si el hombre es una persona inteligente,
dejará que la lava salga y se transforme el paisaje que lo rodea. Si
es un burro, tratará de controlar la explosión; a partir de ese
punto toda su energía se gastará en el intento de mantener ese
volcán bajo control. Yo fui lo bastante pragmático como para entender
que era necesario aceptar una cierta medida del dolor de la explosión
para después poder alegrarme con el nuevo paisaje. Así es como
los personajes de todos mis libros viven entre estos dos mundos: uno de ellos
es el mundo en que rige el aumento de las tensiones. El otro, es el de la actitud
de liberación.
“El novelista es como un médium de ese individuo”
ROSA MONTERO
Es española. Escribió, entre otros: La hija del caníbal;
Crónica del desamor; Te trataré como a una reina: El corazón
del tártaro, Amado amo y Bella y oscura.
Los personajes aparecen en tu cabeza en primer lugar muy pequeños, reducidos
a una imagen, o una frase, o un gesto, una característica, una decisión,
algo... es un núcleo sustancial a partir del cual ese personaje se va
construyendo. Y lo desarrollas viviéndote dentro de él, es decir,
es el personaje el que te va enseñando cómo es.
El novelista debe de ser lo suficientemente humilde como para dejar de lado
su voluntad, digamos, y hacer caso a lo que el personaje le va contando de sí
mismo... en algún sentido, el novelista es como un médium de ese
individuo. La creación de una novela es muy semejante a un sueño.
Tú no escoges el sueño que vas a tener, por el contrario el sueño
se te impone. Por eso, cuando el escritor tiene verdadero talento, a veces los
personajes le sacan de sus propios prejuicios. Por ejemplo, Tolstoi, que era
un machista terrible y un reaccionario, escribió Anna Karenina queriendo
hacer un libro contra el progreso; su idea primera era contar cómo el
progreso era tan malo que incluso las mujeres se hacían adúlteras.
Pero luego su personaje, Anna, le arrastró hacia algo mucho más
verdadero, hacia un libro que denuncia el sexismo, la doble moral burguesa,
la opresión de las mujeres. Todo eso se lo contó Anna a Tolstoi.
“Surgen
de algún lugar entre los sueños y la esperanza”
ÁNGELES MASTRETTA
Es mexicana. Escribió El mundo iluminado; Mal de amores, Arráncame
la vida, Mujeres de ojos grandes; Puerto libre y Ninguna eternidad
como la mía.
Ojalá tuviera claro cómo se construye un personaje. Si lo supiera
estaría construyendo uno tras otro.
Yo creo que los personajes se crean dentro de uno, mucho antes de que uno se
atreva a contarlos. A veces, irrumpen sin más a media tarde y convierten
todo en una feria de lo desconocido. ¿De dónde salió esta
mujer? ¿De dónde este hombre solitario? ¿De dónde
este padre entrañable? ¿De dónde esta vendedora? ¿De
dónde el encantador viejo que adivina las cosas? No sé.
De algún lugar entre los sueños y la esperanza, de un recóndito
abismo que se guarda nuestros secretos y los pone de pronto sobre la mesa.
Yo veo a los personajes y los oigo desde antes de escribirlos, sin embargo,
mientras los escribo veo cómo se convierten en seres vivos, con los que
soy capaz de dormir y a los que recurro mucho tiempo después cuando necesito
consuelo y quiero reírme o me urge alguien con quien echarme a llorar.
Cuando termino uno novela, extraño a los personajes que dejé ahí.
Sobre todo extraño a los padres de Emilia Sauri, a su tía Milagros,
a la Prudencia Migoya de Ninguna.
“Nunca pueden sustraerse a la historia del autor”
FEDERICO ANDAHAZI
En 1996 ganó el Premio Fortabat por El anatomista. También
escribió Las piadosas, El príncipe y El árbol
de las tentaciones y El secreto de los flamencos.
Un personaje se construye con distintos fragmentos de la subjetividad del autor.
Por menos autobiográfico que se pretenda un personaje, nunca puede sustraerse
a la historia de su creador. Esta dimensión debe pasar inadvertida para
el lector y, en el mejor de los casos, también para el autor.
El personaje tiene que resultar verosímil. Debe cobrar “vida”
y generar la ilusión de que es independiente del autor. Desde el Quijote
hasta Joseph K., los grandes personajes encarnan el lugar del héroe.
Sin dudas, que sea recordado depende del grado de identificación que
ejerza sobre el lector. No hay otro secreto.
Para que un personaje sea sólido, el lector tiene que hacerse una representación
clara de su fisonomía. Las características físicas, en
general, deben ajustarse a sus rasgos espirituales. Para lograr una dimensión
visual del personaje, muchas veces es más convincente una descripción
anímica que una larga y enumerativa descripción física.
Y a la inversa, a veces una brevísima descripción física
puede definir el carácter. En ningún caso el aspecto del personaje
debe quedar enteramente librado a la imaginación del lector. La composición
del personaje tiene que estar supeditada a las necesidades narrativas, incluso
en detalles en apariencia insignificantes.
“Viven en un misterio que revelan con sus acciones”
ANTONIO SKARMETA
Es chileno. En 2001 ganó el premio Medicis, francés, por La
boda del poeta. Es el autor de El cartero de Neruda, No pasó
nada y La chica del trombón.
Lo que hace atractivo al héroe es su fluidez. Es decir, el tránsito
desde lo que ese ser cree ser hacia el ser que quiere ser. Por lo tanto, un
personaje es siempre un proyecto. Lo que él es viene también determinado
por la manera como lo ven los otros personajes. En la novela contemporánea
un personaje es una relación. El personaje no debe preexistir a la novela.
Son los actos los que lo moldean, las opciones que toma. Lo ideal es que el
personaje entre levemente en nuestra existencia y que nos anuncie que espera
un cambio, acaso de tal magnitud, que nos lleve con él hacia una metamorfosis.
También es posible que el héroe se mantenga en sus posiciones
y sea deteriorado por la realidad cambiante. En la construcción de la
narradora y protagonista de La Chica del Trombón tuve que ser
muy diligente. En ella se produce la situación paradójica de que
es una chica huérfana sin pre-historia y obligada a buscar sus raíces
en el futuro. Esto define su carácter: es alguien que está moldeándose
en algo impreciso. Un personaje es una encrucijada de opciones. Los grandes
personajes de la literatura están consumidos por la sensación
de que habitan en un misterio que deben revelar con sus acciones. Lo que los
define es el riesgo. Desde allí irán al fracaso, o a la gloria.
“Se va construyendo a sí mismo en cada página”
LEOPOLDO BRIZUELA
Ganó el Premio Clarín de Novela en 1999, por Inglaterra. Una
fábula. También es autor de Fado (poemas), Tejiendo
agua y El placer de la cautiva.
En el principio hay una imagen, de la realidad o de los libros, que me impresiona,
y a la que le invento una historia.
Sólo una vez que cuento con esa historia, con esa estructura, me pongo
a imaginar, sin apuro, como quien deja madurar una fruta en el árbol
—un árbol que prescinde de cualquier tipo de exigencia ajena—,
qué personajes podrían protagonizarla.
Todo depende, también, del género en que esa historia pida ser
contada: si es un melodrama, o una fábula, o un relato gótico,
voy imaginando el personaje a partir de un rasgo predominante, el que le permite
insertarse en la trama.
Si es un relato realista, en que los personajes aparentan tener las mismas complejidades
de las personas reales, incluso en el hecho de tener contradicciones, necesito
conocerlos a tal punto que, sea cual sea la situación en que los ponga,
los enfrente a quien los enfrente, puedan reaccionar con fidelidad a su propia
esencia.
Sin embargo, lo más difícil es que, a diferencia de otros elementos
como el espacio o un paneo sobre la época de los acontecimientos, el
personaje se va construyendo en cada página.
Así, se enriqueciéndose a sí mismo en cada nueva acción,
corrigiéndose a sí mismo en cada nueva palabra, connotando, además,
su época, su espacio, y por supuesto, a su propio autor.
“Se va tratando de recordar la forma de ser de alguien”
MARCOS AGUINIS
En 1970 ganó el premio Planeta español por La cruz invertida.
Escribió: Carta esperanzada a un general, La conspiración
de los idiotas y La gesta del marrano.
Los personajes vienen al autor en forma inesperada. Buscan al autor y esperan
que los tengan en cuenta.
Si ya tengo los personajes principales de una novela, los secundarios estarán
en las antípodas, aunque se alejen de los gustos del autor. Fray Bartolomé
Delgado, de La gesta del marrano, fue creciendo a partir de que yo
quería poner frente al personaje central una fuerza detestable, opresiva.
Es un personaje que tiene rasgos grotescos, con dulzura y cinismo.
Cuando uno busca un personaje positivo va tratando de recordar la forma de ser
de alguien. Yo, en lo físico, marco algunos rasgos notables que alcanzan
para recordarlo y nada más.
A veces influyen personajes de otros libros, pero es peligroso usarlos, aparece
eso que se llama intertextualidad y puede ser plagio.
En algunos personajes no hace falta recordar su pasado, basta con alguna característica
hecha con la economía de una caricatura. En otros sí, el pasado
explica el presente, pero esto no debe presentarse en forma mecánica:
la conducta en el presente debe sorprender al lector. Si no, el libro sería
un ladrillo.
Un personaje es creíble cuando habla y se comporta de acuerdo a lo que
sus rasgos más fuertes determinan. En vez de describirlo, prefiero dejarlo
actuar. Y que el lector saque sus conclusiones.
“Los personajes son como el amor a primera vista”
MARIA ESTHER DE MIGUEL
Ganó los premios Nacional y Planeta, entre otros. Es autora de La
amante del Restaurador y Las batallas secretas de Belgrano y otros.
Al principio tenés la intuición de algo. Pensás: “quiero
un asesino, quiero un héroe, quiero una mujer enamorada”.
A veces robás sus características de la realidad: tomás
una cara, una voz... A veces los sacás de otra novela. A medida que avanza
la historia vas encontrando los detalles y muchas veces retrocedés para
agregarlos.
De entrada, no tengo un personaje acabado, ni siquiera cuando se trata de personajes
históricos. En la Historia están los datos, las fechas, las familias.
Pero el personaje lo armás vos con tu imaginación.
Si en el imaginario colectivo un personaje es de determinada manera no te podés
apartar mucho. El personaje histórico da más trabajo en lo técnico,
más trabajo artesanal. No podés zafarte de los documentos. Yo,
cuando dudaba, les daba un golpe de teléfono a historiadores como Félix
Luna o a Hebe Clementi o a María Sáenz Quesada.
Cuando trabajé sobre Urquiza me fueron surgiendo escenas: como podía
ser una tertulia, qué conversaciones podía tener. Ahí salió
el hombre culto, el estadista, el guerrero.
Como el amor a primera vista, los personajes aparecen con sus características.
Hay cosas que son como los huesos: no se modifican. Un personaje vivo no es
flan, como yo no he sido un flan en mi vida.
“Un
universo de seres reales son nuestro modelo”
ALICIA STEIMBERG
Ganó el Premio Planeta en 1992 por Cuando digo Magdalena. Entre
sus libros están: Músicos y relojeros; Amatista; El árbol
del placer y La selva.
Hay varias maneras de construir un personaje.
¿Cómo construí yo el personaje de la abuela en Músicos
y Relojeros? Recordando a mi abuela materna y haciendo de ella un retrato
más bien maligno.
¿El norteamericano enamorado de la protagonista de La Selva?
Juntando a varios gringos simpáticos que conocí en Estados Unidos
y fundiéndolos en uno solo, a mi gusto.
¿A la protagonista de Cuando digo Magdalena? Mirándome
en un espejo que exaltara mis rasgos más aceptables.
¿A Amatista? Mezclando mis fantasías adolescentes de una mujer
sensual y atractiva con la imagen de las actrices de la década del cincuenta.
Los personajes de Amatista en general son puro invento, pero cuando
hablamos de inventar no olvidemos que tenemos a nuestro alrededor un universo
de seres reales que son nuestro modelo obligado. Si yo presento un caballero
del monóculo ligeramente perverso, el lector creerá que es invento
puro, pero en realidad lo saqué de una vieja caja de galletitas Tentaciones
donde se ven damas y caballeros de la década del veinte que a la vez
representaban a las personas de clase alta de la década del 20 en Buenos
Aires.
Si alguien me acusa de no haber sido fiel a la verdad, le preguntaré
dónde firmé yo una promesa de que diría la verdad. ![]()