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El
libro electrónico busca su hueco como alternativa complementaria al de papel |
Miguel
Mora | Madrid
elpais.es - 5/junio/2002
Un
seminario coordinado por José Antonio Millán reúne a 80
expertos en edición y tecnología
Alain Schmidt, J. A. Millán, J. L. Rodríguez Illera, Ana Latorre
y Alfonso García, ayer en Madrid. (GORKA LEJARCEGI)
Hace unos meses, dos grandes gurús de la edición estadounidense
cruzaron en Internet una bonita apuesta de 1.000 dólares. Jason Epstein,
ex director de Random House, dijo que sí, que en 2010 más del
50% de los libros serán vendidos con la fórmula “'impresión
bajo demanda”' en formato “bolsillo de calidad”. Por contra,
Vint Cerf, vicepresidente de Worldcom, sostuvo que no, que en 2010 más
de la mitad de los libros no serán de papel, sino que se leerán
en artefactos electrónicos ligerísimos, pequeños, capaces
de emitir música y películas a la vez. A falta de saber quién
se llevará la pasta, una cosa está clara: al menos la mitad de
los libros no serán dentro de ocho años como son ahora.
También lo cree José Antonio Millán, que ayer coordinó
un seminario internacional sobre el libro electrónico de la Residencia
de Estudiantes y la Fundación Giner de los Ríos. Ochenta especialistas
discutieron las posibilidades técnicas y comerciales y la influencia
que la revolución digital ejercerá sobre el circuito tradicional
de la edición.
La conclusión principal es que el tono apocalíptico se ha evaporado,
que el pánico a lo electrónico remite. Quizá porque ya
nadie habla de la desaparición del papel, sino de coexistencia pacífica
y complementaria. “Incluso los más irredentos tecnólogos”,
dice Millán, “aceptan que el libro clásico, el códice
que conocemos hace cientos de años, es un artefacto tan cómodo
y placentero que resulta imposible mejorarlo. Por otro lado, incluso los editores
clásicos más prudentes saben que su forma de editar tiene algunas
fallas (fondos inencontrables, almacenajes muy costosos, dificultad física
para viajar lejos) que pueden resolverse con la ayuda digital”.
El mercado
Según lo oído ayer, la cosa está aprendiendo a andar, pero
promete mucho: la técnica va muy por delante de un mercado que, de momento,
maneja modestas cifras de negocio. Según señala Millán,
los best-sellers descargables desde Internet venden “4.500 ejemplares
como máximo”. Lo cual no impide que las compañías
desarrollen máquinas y programas muy sofisticados, que las editoriales
convencionales todavía no conocen o no se deciden a usar. Alfonso García,
de Xerox, presentó un sistema “rápido y barato” de
impresión digital bajo demanda, que permite, afirma, imprimir y encuadernar
en un solo proceso, rentabilizar una tirada corta, de 5 a 2.000 unidades, resucitar
así los fondos descatalogados y reducir casi a cero los gastos de devolución
y gestión. Al final, animó a las editoriales a probarlo.
Algunos adelantados, como la empresa independiente francesa Cytale, ya expanden
por el mundo ese tipo de impresión bajo pedido. Y les va razonablemente
bien, dice su consultor, Alain Schmidt. La edición a la carta, dijo,
aumentó 30% en Francia en el año 2000, con la ventaja de que revoluciona
la cadena clásica de distribución: el único intermediario
es el banco que gestiona el cobro. Quedan el editor o prescriptor, que selecciona
y recomienda un título en medio del maremágnum, y el lector, que
elige título, tamaño de letra, portada... Conclusión: gestión
directa, menos gastos para todos y más derechos para el autor: ahí
recibe 20% de royalties frente a 9% o 10% tradicional.
La compra y descarga de archivos para su lectura en PC, PDA o “dispositivos
dedicados” es la otra corriente que asoma con más fuerza. Las nuevas
herramientas buscan una lectura más fácil, más fértil,
interactiva. Pero nada de texto con vídeo y audio (el famoso hipertexto).
Tras la excitación inicial, ha llegado la consolidación tranquila,
dice Txema Arnedo, responsable de e-books de Microsoft, cuyo programa Reader
reproduce la puesta en página clásica y permite consultar cada
palabra en un diccionario.
La enseñanza parece una de las grandes beneficiadas. Y la competencia
surge de debajo de las piedras. La Universidad de Barcelona dio a conocer su
sistema Lektor que, según José Luis Rodríguez Illera, ayuda
a leer aprendiendo, modificando, anotando, consultando dudas en una web enlazada
o examinándose con el programa Scola. La Politécnica de Barcelona,
contó Ana Latorre, realiza ya ediciones virtuales y troceadas de libros
agotados, sólo disponibles hasta ahora en fotocopias. “No sólo
evitan el fraude al autor, sino que permiten al alumno tener sólo el
capítulo que le interesa”, dice Millán.
Ejecutivos y fardones también están en el punto de mira. Xerox
anuncia que tendrá listo en un año un aparato lector autónomo
y rechulo: una lámina de plástico con tinta electrónica
que pesa menos de un kilo, se dobla y tiene memoria para cargar numerosos periódicos
y libros.
¿Ciencia ficción? Si Jason Epstein y Vint Cerf se han jugado 1.000
dólares...![]()