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Textos
digitales, la próxima revolución cultural |
EFE - 1°/agosto/2001
Las
nuevas tecnologías para la difusión de textos hacen que muchos
se pregunten si las editoriales tradicionales están llamadas a desaparecer,
como ocurrió con los monjes amanuenses tras la llegada de la imprenta
de Gutemberg.
Con la popularización de los ordenadores personales surgió el
debate sobre el futuro de los libros: las grandes firmas dedicadas a publicar
la palabra escrita en su formato tradicional insisten en que nada ha cambiado;
otros piensan en reinventar el mundo editorial.
El Centro Americano de Tokio organizó en julio una conferencia a la que
invitó a dos figuras del mundo literario estadounidense, Jason Epsein,
director editorial de Random House durante 40 años y una de las figuras
clave en la revolución de las ediciones de papel reciclado durante los
años 1950; y Robert Pinsky, célebre poeta.
Epstein, de 72 años, señaló que existen dos cualidades
clave en lo que denomina “giro paradigmático” en el mundo
del libro. Primero, la capacidad para transmitir un texto de manera digital
desde cualquier sitio donde hay una conexión de Internet; y, segundo,
la posibilidad de hacer transacciones en la red, entre el escritor y el usuario,
sin necesidad de intermediarios. “Esas dos posibilidades permiten digitalizar,
almacenar y transmitir cualquier libro que se haya escrito”, según
Epstein, quien, además, distingue dos tipos de libros electrónicos,
también conocidos como e-libros: en pantalla o por demanda.
Epstein añadió que “los lectores podrán reproducir
textos digitales como imágenes en una pantalla o, lo más probable
en mi opinión, como un libro físico impreso por petición
en máquinas como las de los cajeros automáticos”.
La predicción inquieta enormemente a las editoriales, ya que la tecnología
convertiría a cualquier persona en editor; y la función de estas
compañías quedaría en entredicho: la nueva editorial no
necesitaría imprimir, almacenar o distribuir libros.
Pinsky explica otro riesgo: “las nuevas tecnologías tendrían
el potencial para arrasar, homogeneizar y reducir las cosas a su forma más
cruda, más banal”.
No obstante, el conocido poeta reconoce que también “tendrían
el potencial para poner a disposición de mucha gente una extensa variedad
de bienes culturales extremadamente deseables”. En ese sentido, recordó
que, cada vez, más bibliotecas en los Estados Unidos prestan e-libros
de forma gratuita y más piratas descubren el interés de este mercado,
no muy desarrollado, compitiendo con las iniciativas digitales de los vendedores
de libros.
Las editoriales han intentado defenderse con el diseño de libros electrónicos
con fecha de caducidad que limita el período que los usuarios tienen
para leer el libro.
Otras, como la editorial Simon & Schuster, han llegado al extremo de negarse
a distribuir libros a las bibliotecas hasta que el tema de los derechos de autor
se resuelva.
RosettaBooks, una compañía estadounidense de Internet, dedicada
a publicar a través de la red los libros más conocidos del siglo
XX, ganó una importante batalla legal la semana pasada ante la petición
de las poderosas editoriales Random House, PenguinPutnam y Simon & Schuster,
de que cerraran el negocio tras empezar a vender copias digitales de ocho libros.
Random House apeló la decisión de la corte, mientras que Rosetta
la aplaudió, pues argumenta que son los autores y no la editorial los
que tienen los derechos electrónicos y pueden revenderlos si quieren.
Los sindicatos y representantes de autores apoyan las tesis de RosettaBooks.
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