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El
arduo camino de publicar un libro |
Susana Reinoso
La Nación Line - 27/12/2002
Cómo ser editor y no morir en el intento
Sudamericana
y Alfaguara editan menos del 10% de las propuestas que les llegan; Planeta rechaza
originales no pedidos.
Las editoriales rechazan, sin leer, la mayoría de los textos enviados
en forma espontánea.
El 50% de los títulos editados en el mundo vende menos de 1000 ejemplares.
¿Por
qué todo el mundo quiere escribir un libro? Quizá, como dice el
escritor español Juan José Millás, porque todos tenemos
una novela dentro.
En “El mundo de la edición de libros” (Paidós), el
agente literario Guillermo Schavelzon sostiene que “la cantidad de gente
que escribe es enorme”.Y pese a que en la Argentina no hay estadísticas,
sólo con echar un vistazo a las miles de personas que cada año
pasan por los talleres literarios y envían sus textos a los concursos,
se llega a esa conclusión.
Por eso el proceso de detección de un buen libro se hace cada vez más
complejo y arduo. Editorial Alfaguara, por ejemplo, recibe un promedio de 200
originales por año y 1000 propuestas mensuales por correo postal y electrónico.
Sólo alcanza a publicar el 2,5% de los proyectos. Sudamericana, en cambio,
recibe 900 propuestas por año y edita alrededor de 100.
Por su parte, Planeta recibe 800 originales, sumando los que recibe en forma
espontánea y los que la editorial sale a buscar. Entre los primeros,
si el original llega por agente literario se publica el 40% de lo recibido.
Pero si las iniciativas arriban en forma independiente, el porcentaje ronda
el uno por ciento. Planeta no acepta originales no pedidos. A Editorial Norma
llegan, por diversas vías, casi 1100 propuestas editoriales por año.
Gabriel Zaid, autor de “Los demasiados libros” (Anagrama), brinda
cifras interesantes: por cada libro que se publica quedan uno o dos inéditos.
Se escriben entre dos y tres millones de libros por año. Pero sólo
un lector de tiempo completo puede leer 200 títulos en ese período.
El gerente editorial de Alfaguara, Fernando Estévez, comparte la reflexión
de Zaid: “El problema de la industria editorial son los millones de universitarios
que prefieren escribir a leer. Se produce mucho más de lo que se puede
consumir. En 2000 hubo en el mundo un millón de nuevos títulos
en el mercado, pero 50% no vendió ni 1000 ejemplares”. Datos de
la Federación de Gremios de Editores de España muestran que en
2000 se publicaron en la península, 62.224 nuevos títulos. Una
cifra similar se editó en América latina. Ese año se imprimieron
261.510.989 copias.
El escritor, un peregrino
Como
resultado de esa desproporción, es razonable suponer que peregrinar de
editorial en editorial, con un original bajo el brazo en el fútil intento
por convertirse en autor novel, no es la vía más adecuada.
Mucho antes de que Harry Potter encontrara la piedra filosofal, a su creadora
—la entonces desempleada escritora británica J. K. Rowling—
le revolearon el original en dos editoriales. Hasta que Bloomsbury la catapultó
a la fama con más de 50 millones de ejemplares en todo el mundo. Su caso
no es el único. Hace 35 años, Gabriel García Márquez
sufrió desilusiones similares con su manuscrito de “Cien años
de soledad”. Según los memoriosos, fue el editor Carlos Barral
quien entonces desechó publicar el barco estandarte de su universo literario.
Es curioso conocer cuántos grandes de la literatura vieron frustrarse
su sueño inicial de publicar una novela. Schavelzon señala, en
el libro compilado por Fernando Estévez y Leandro de Sagastizábal,
que “la mayoría de las editoriales rechazan la mayor parte de los
manuscritos que reciben, casi siempre sin mirarlos, debido a la enorme cantidad
que les llega”. Y sugiere a aspirantes a escritores, a modo de guía
práctica, que consulten las diversas páginas en la Web con sólo
buscar “writer´s resources” (recursos para escritores) o ingresar
en el sitio de amazon.com
No llevar el original
Entre
otras recomendaciones, Schavelzon aconseja no enviar nunca el original a una
editorial, sino sólo la propuesta con datos concisos sobre el autor,
la obra y el público al que va dirigida, acompañada por una carta
de presentación breve y evitando los elogios al editor. Habitualmente,
el autor novel llega a editorial con la referencia de un escritor consagrado
o de la mano de un agente.
La editora Leonora Djament, de Norma, no descarta que un autor ignoto pueda
llegar con su manuscrito bajo el brazo, tocar el timbre de la editorial y conseguir
la publicación de su obra. “Nosotros tenemos más de un caso,
aunque no es la regla. La poesía ha dejado a los editores una gran lección
porque muestra que siempre hay distintos caminos para publicar”. Djament
opina que el contexto histórico, político y social de un país
también cuenta a la hora de decidir, por ejemplo, la publicación
de un ensayo.
Para Estévez, en cambio, “es difícil descubrir una gran
obra si el escritor llega a una editorial con su original y sin referencias
detrás. Difícilmente un libro presentado de este modo se convierte
en una obra valiosa”.
Puesto a definir el perfil del escritor capaz de seducir el corazón de
un editor, puntualiza: “Escribir es un oficio que hay que pulir y perfeccionar.
Hoy, hay que ser muy selectivo. Hay muchos libros autobiográficos. La
gente cree que su vida merece convertirse en novela. Pero para novelar hay que
tener imaginación”. ![]()