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LA
REVOLUCION DE LOS LECTORES
15/septiembre/2005
El
Cultural: ...dennos tres razones contundentes para leer.
–José Antonio Marina: 1.- Porque
nuestra inteligencia es lingüística. Pensamos y proyectamos
con palabras. 2.- Porque nuestra convivencia es lingüística.
3.- Porque a través del lenguaje recibimos la cultura.
Una imagen sin palabras es muda.
–Carlos Ruiz Zafón: Todas las infinitas
razones que podamos inventar parten de una esencial y bien simple:
el placer. Me temo que cualquier argumento para inducir a la lectura
que ignore que, antes que nada, leer debe ser una experiencia
gratificante está condenado al fracaso.
–José María Merino: 1.- Porque
es un medio de conocimiento radicalmente diferente de los demás.
2.- Porque nuestros sentimientos a lo largo de los siglos no se
pueden comprender de otra manera. 3.- Porque nos permite crear
espectáculos interiores que no tienen comparación
con ningún parque temático.
–Lorenzo Silva: Porque la vida del lector
es más ancha, porque leer es acumular una riqueza que nadie
puede robarte y porque la literatura ayuda a despegarse de las
urgencias con que nos esclavizan. Y una cuarta: si el autor es
bueno, te diviertes.
–Y
otras tres por las que no leer nos deje en desventaja.
–C. Ruiz Zafón: Creo que el privarse
de la lectura nos empobrece, nos coarta el conocimiento y nos
priva de gozar de muchas de las más grandes creaciones
del ser humano. Sería como vivir sin música. Más
que una desventaja es una gran pena.
–J. M. Merino: Puede valer con una: porque
nos hace más ignorantes y con ello menos inmunes a la estupidez,
la simplificación y el fundamentalismo de unos y de otros.
–J. A. Marina: 1.- Porque necesitamos comprendernos
con palabras. ¿Por qué , si no, estamos hablándonos
continuamente a nosotros mismos? Gracias a lo que aprendemos con
la lectura podemos articular nuestra subjetividad. 2.- Porque
dificulta la comunicación con los demás, y favorece
los malentendidos, que son la antesala del infierno. 3.- Porque
dificulta nuestro acceso a la cultura, y nuestra capacidad de
argumentar y atender a argumentos. Y eso es peligrosísimo
para la convivencia social.
–L. Silva: No leyendo sabemos menos, podemos
expresar menos, podemos pensar menos. O sea: somos menos.
Por
Nuria Azancot - Imagen: "On the way - book"
©Quint Buchholz
Leer nota completa en: La
revolución de los lectores, articulo 218, del listado de
Articulos.
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SEDUCCION
LITERARIA

Los
cuentos de Las mil y una noches están
narrados por una legendaria reina llamada Scheherazade dentro de
una trama global que aparece ya al principio del libro y proporciona
el contexto adecuado a los diversos relatos que encierra. La trama
se inicia cuando el sultán Schahriar se entera de la infidelidad
de su esposa y ordena su ejecución. Para no volver a sufrir
semejante afrenta decide que se casará cada tarde con una
mujer y la matará al amanecer del día siguiente. El
decreto empieza a cumplirse, por lo que cada vez hay menos voluntarias
a convertirse en reinas por un día. Así le llega el
turno a Scheherazade, que accede a casarse con Schahriar, pero traza
un plan para evitar su muerte.
En la noche de bodas, mientras se encuentra en su cámara
nupcial, relata una historia a su hermana, que le hace compañía,
de forma que cuando el sultán llegue pueda escucharla. En
efecto, al acercarse oye la historia y queda atrapado por la trama,
pero la reina interrumpe la narración antes de acabarla.
El sultán decide perdonar su vida un día más
para así escuchar el final al día siguiente. Con este
esquema, ella continúa noche tras noche hasta que, después
de 1.001, el sultán cede e indulta a la joven, que desde
entonces se convierte en una esposa feliz.
El núcleo originario fue hindú y se enriqueció
en Persia. Del siglo IX procede la primera traducción al
árabe con el título Mil noches, que siguió
ampliándose con nuevos relatos, sobre todo, de origen egipcio
y árabe en general. En torno al 1400, bajo los mamelucos,
el texto se fijó, aunque siguió retocándose.
Puedes
comenzar a leer esta maravillosa e inmortal obra que entregaremos
por capítulos corregidos, en:
Las mil y una noches.
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