| Bolas
en el cielo |
Cuento de Luis Bernardo Yepes

Existía un país donde nunca nevaba, allí un malabarista
enseñaba, en los parques, malabares con tres bolas de colores.
En los ratos libres lanzaba al aire las bolas. Una vez las elevó tan
alto que mientras caían tuvo tiempo de aplaudir.
Después las lanzó aún más alto, hasta tuvo tiempo
de comerse un helado triple de banana.
Luego las lanzó a una altura tal que hasta alcanzó a jugar rayuela
con unos niños que observaban el espectáculo.
En una ocasión las lanzó y logró jugar un partido de fútbol
antes de que regresaran a sus manos. Su equipo ganó por tres goles a
uno.
Deben saber que esto lo hacía muy feliz.
Cierto día las lanzó y no regresaron. Se metieron por un hueco
del cielo mientras él esperaba confiado.
Al principio estuvo feliz porque creyó que había batido un récord
mundial y de seguro lo inscribirían en un libro de los récords,
pero los días pasaron y las bolas no regresaban a sus manos. Se llenó
entonces de tristeza.
Día y noche estuvo sentado en una banca del parque principal mirando
el cielo, de las mejillas le resbalaban lágrimas como carámbanos
de hielo.
Deben saber que esto lo hizo muy infeliz.
El país donde nunca nevaba se quedó sin malabarista. La gente,
en sus ratos libres, lo ayudaba a mirar el cielo, pero nada, las bolas anidaron
allá, en el lejano azul.
Cada día mayor cantidad de personas observaban el cielo. Cualquier día
todos en ese país caminaron mirando hacia arriba. Las señales
callejeras y los avisos de los almacenes fueron ubicados de tal manera que la
gente los podía apreciar mientras miraba hacia el cielo.
Los vehículos se fueron oxidando porque nadie los utilizaba, la gente
prefería caminar para así apreciar el cielo. Las niñas
y niños comenzaron a nacer con la cabeza levantada mirando el cielo.
La gente ya no se miraba a los ojos para conversar, miraba el cielo.
Las personas en ese país desarrollaron la extraña capacidad de
andar por ahí sin usar los ojos.
Se acostumbraron a estudiar, amar y trabajar mirando el cielo.
El soberano organizó la nación de tal manera que se pudo vivir
allí mirando el cielo.
El malabarista, viejo ya, seguía mirando hacia arriba esperanzado.
Deben saber que era un hombre paciente.
¡Un día cualquiera nevó! Con la nieve cayeron tres bolas
blancas en las manos del viejo malabarista. Sonrió, brincó, gritó
para comunicar el descenso de las bolas, blancas ya. Nadie le hizo caso, a nadie
le importó. Ya todos habían olvidado la razón por la cual
miraban el cielo. Solo el viejo malabarista supo por qué lo había
hecho durante tanto tiempo. Movió su cabeza hacia todos los lados y a
partir de ese día decidió que no miraría más en
una sola dirección.
Al cabo de los años se hizo soberano. Gobernó de manera diferente
a la de sus antecesores y revolucionó el país con un estilo de
vida donde la gente miraba en todas las direcciones.
Deben saber que su pueblo lo amó y lo declaró sabio, y que el
país donde nunca había nevado, es hoy, el país más
próspero, feliz y hermoso del planeta. Además, el récord
se encuentra en el libro de los récords más famosos del mundo
y las bolas en el museo real. ![]()