| El
tigre que soñaba |
Cuento de Araceli Otamendi
El tigre se levantó temprano en la mañana, miró el sol
y una nube que pasaba. Escuchó el rumor del agua del arroyo. Caminó
por la selva, era su casa. A lo lejos, vio a unos hombres en un jeep, los
hombres exhibían armas. El tigre se escondió. Durante todo el
día el tigre permaneció escondido, tuvo hambre y sed. Llegó
la noche y el tigre cansado, se quedó dormido. Soñó que
era un árbol. En el sueño, el árbol frondoso, uno de
los más altos de la selva iba a ser talado. Venían unos hombres
con grandes sierras mecánicas e iban cortando uno a uno los árboles
para convertirlos en leña. Entonces el árbol soñó
que era el viento y soplaba fuerte, fuerte, desinflaba sus pulmones sobre
el techo de las casas, arrastraba las hojas secas, abría las ventanas,
empujaba las puertas, se filtraba por las hendijas como un ciempiés.
Y el viento vio a lo lejos el humo que salía de una chimenea y corrió
soplando muy fuerte hasta ahí, hasta desplazar el humo y deshacerlo
y meterse por la chimenea de una casa hasta llegar a las llamas rojas y amarillas
que consumían la leña. Las llamas crecieron casi con desmesura,
después se achicaron, así iban formándose pequeñas
caritas de monstruos, pájaros y otros animales, entre ellos un tire
de Bengala. El ruido del chisporroteo alarmó al niño que dibujaba
en el piso, sobre un papel un tigre dormido que parecía soñar.
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