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AMANECER EN MERCURIO
(fragmento)
A NUEVE millones de millas de la parte solar de Mercurio con el
Leverrier girando en una serie de espirales que debían llevarle
hacia el más pequeño mundo del Sistema Solar, el segundo
piloto, Lon Cutris decidió poner fin a su vida.
Curtis había estado aguardando ansiosamente que se efectuase
el aterrizaje; su tarea en la operación ya había concluido,
al menos hasta que los planos de aterrizaje del Leverrier rozasen
la esponjosa superficie de Mercurio. El eficaz sistema de enfriamiento
por sodio anulaba los esfuerzos del monstruoso Sol visible a través
de la pantalla posterior. Para Curtis y sus siete compañeros
de tripulación, no había problemas; sólo tenían
que esperar mientras el autopiloto iba descendiendo la nave espacial
en lo que iba a ser el segundo aterrizaje del Hombre en Mercurio.
El comandante del Vuelo, Harry Ross, estaba sentado cerca de Curtis
cuando notó el súbito envaramiento de las mandíbulas
del piloto. De repente, Curtis asió la palanca de control.
Desde las ruedas metálicas que hilaban el espumoso entramado,
llegó un estallido verdoso de fluorocreno en disolución;
el fulgor se desvaneció. Curtis se puso en pie.
—¿Vas a algún sitio? —le preguntó
Ross.
—No, sólo a dar una vuelta. —La voz de Curtis
sonaba extraña.
Ross volvió a dirigir su atención a su microlibro,
mientras Curtis se alejaba. Se oyó el sonido de cremallera
de un grapón de proa al ser manipulado, y Ross sintió
un frío momentáneo cuando el aire helado del compartimiento
del reactor súper refrigerado se coló hasta allí.
Apretó una palanca, mientras doblaba la página. Luego...
«¿Qué diablos está haciendo en el compartimiento
del reactor?»
El autopiloto controlaba sólo el flujo del combustible, graduándolo
al milímetro, de una manera imposible para ningún
sistema humano. El reactor estaba dispuesto para el aterrizaje,
el combustible almacenado, el compartimiento estaba cerrado con
todos los cerrojos y pasadores de seguridad. Nadie, y menos que
nadie el segundo piloto, tenía nada que hacer allí.
Ross disolvió el asiento de espuma en un instante y se puso
de pie. Pasó al pasillo y abrió la puerta del compartimiento
reactor.
Curtis estaba junto a la puerta del transformador, jugueteando con
el disparador. Al acercarse, Ross vio cómo el piloto abría
la puerta y colocaba un pie en el vertedor que llevaba a la pila
nuclear.
—¡Eh, Curtis, idiota! ¡Sal de ahí! ¡Vas
a matarnos a todos!
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