Cuentos |
Autor:
Guy de Maupassant
Género: Cuentos
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Maupassant y yo
(fragmento)
Por Alberto Guerra Naranjo
Fuente: http://www.cubaliteraria.com
Entonces, y sólo
entonces, comprendí por qué mis cuentos no eran cuentos. Entre
aquellos libros un autor, a simple vista, me lo demostraba: Guy de Maupassant.
Ante mis ojos, cuento a cuento, uno de los grandes maestros de la literatura
universal, establecía un diálogo prudente y efectivo, a más
de un siglo de distancia, con el aprendiz de escritor que entonces era. Me sentí
cambiado, transformado, eclipsado por los relatos del hombre que había
nacido en 1850 y muerto en 1893, es decir, por alguien que vivió 43 años
atrapado entre la demencia y la sífilis, pero sin dejar de escribir,
sin dejar de asumir su condición de excelente testigo de su tiempo.
Descubrí que, en su juventud, Guy de Maupassant fue miembro de un grupo
literario surgido en torno al célebre novelista Gustave Flaubert -que
era íntimo amigo de la familia-, que maestro y discípulo conversaban
mucho sobre el arte de la escritura y que era probable, muy probable, que Flaubert,
tal como hizo Fátima conmigo, le haya recomendado un par de cajas de
lecturas necesarias para su formación.
Cuando leí “Bola de sebo” la consideré de inmediato
una obra maestra, me quedé pensando en el cuento durante muchas horas,
sentí piedad, sentí odio, sentí placer, disfruté
como nunca su sorprendente final. Descubrí que para Maupassant, y para
los grandes cuentistas, el final de la historia está anunciado, sutilmente,
en alguna parte anterior, como si la propia anunciación, a primera vista,
nos pareciera irrelevante, de poca monta, prescindible; pero luego, en el último
párrafo, en la última oración, como un buen mecanismo de
relojería, descubrimos que nada era casual en la estructura, que nada
sobraba ni faltaba en el cuento y por eso, esencialmente por eso, se trataba
de un buen cuento, descubrimos, además, que no existen cuentos largos
ni cortos, sino logrados o malogrados, que los cuentos, como la armazón
del cuerpo, tienen carne y tienen huesos que gravitan bajo el simple equilibrio
de la credibilidad.
Maupassant escribió más de doscientos relatos en sólo trece
años. Su obra es como una sinfonía con múltiples variaciones
sobre el tema de la crueldad humana, bajo un estilo sencillo, sin embotamientos,
pero con los aciertos de una estructura envidiable, donde todo funciona con
perfección de gran orfebre.
Para mí, discreto aprendiz de sus lecciones, particularmente "El
horla", un relato de apenas 59 páginas, escrito en 1886, resulta
un ejercicio extraordinario. Según Borges, es un "clásico;
(...) no es un libro que necesariamente posee tales o cuales méritos;
es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones,
leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad".
"Previo fervor", "misteriosa lealtad", he aquí las
palabras que pueden resumir lo que siento con Guy de Maupassant.
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