| Frankenstein |
Autor:
Mary W. Shelley
Género: Novela. Terror
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Introducción a una edición de 1831
“En
el verano de 1816 visitamos Suiza y nos convertimos en vecinos de Lord Byron.
(...) Pero resultó ser un verano húmedo y desagradable, la lluvia
incesante nos impedía con frecuencia salir de casa. Unos volúmenes
de historias de fantasmas, traducidos del alemán al francés, cayeron
en nuestras manos. (...) No he vuelto a leer aquellas historias desde entonces,
pero permanecen frescas en mi mente, como si las hubiese leído ayer.
‘Cada uno de nosotros escribirá una historia de fantasmas’,
dijo Lord Byron, y su propuesta fue aceptada. Éramos cuatro. (...)
Yo me urgí a mí misma a pensar una historia, una historia que
pudiese rivalizar con las que nos habían arrastrado a aquella empresa.
Una historia que hablase de los misteriosos temores de la naturaleza y que despertase
el más intenso de los terrores, una historia que creara en el lector
miedo a mirar a su alrededor, que helase la sangre y acelerase los latidos del
corazón. Si no conseguía todas esas cosas mi historia de fantasmas
demostraría ser indigna de ese nombre. Pensé y reflexioné,
en vano. (...) ¿Has pensado ya una historia?, me preguntaban cada mañana,
y cada mañana me veía forzada a replicar con una mortificante
negativa.
La invención, debe admitirse humildemente, no consiste en crear desde
el vacío, sino desde el caos (...). La invención consiste en la
capacidad de atrapar las posibilidades de un tema y en el poder de moldear y
dar forma a las ideas que sugiere.
Muchas y largas fueron las conversaciones entre Lord Byron y Shelley, a las
que yo asistía como una devota pero, casi siempre, silenciosa oyente.
Durante una de esas conversaciones, se discutieron varias doctrinas filosóficas
y, entre ellas, las referidas a la naturaleza del principio de la vida, y también
la posibilidad de que dicho principio llegara a ser algún día
descubierto y divulgado. Hablaron de los experimentos del doctor Darwin (...).
Cuando apoyé la cabeza sobre la almohada no pude dormir, tampoco podría
asegurar que estuviese pensando. Mi imaginación, sin yo requerirlo, me
poseyó y me guió, dotando a las imágenes que surgían
en mi mente de una intensidad que estaba más allá de las fronteras
del sueño. Vi —con los ojos cerrados, pero a través de una
aguda visión mental—, vi al pálido estudiante de artes diabólicas
arrodillado al lado de aquella cosa que había conseguido juntar. Vi el
horrendo fantasma de un hombre yacente, y entonces, bajo el poder de una enorme
fuerza, aquello dio señales de vida y se agitó con un torpe, casi
vital, movimiento. Era espantoso (...).
La idea había tomado posesión de mi mente de tal manera que el
miedo recorría todo mi cuerpo como un escalofrío y traté
de cambiar las fantasmales imágenes de mi fantasía por la realidad
que me circundaba. (...) Al día siguiente anuncié que había
pensado una historia”.
Lic. Mirta Hillen (tomado de Revista Blush): Como dice Brian Aldiss, la imaginación de Mary Shelley produjo algo nuevo: el monstruo de Victor Frankenstein es el primer gran mito de la era industrial, en el que Dios está ausente y el hombre científico hace el papel de creador. El hecho de que en esta creación no haya participación femenina alguna lo convierte, además, en un mito único. El arraigo de este mito quizá se explique por el hecho de que anuncia muchas de las preocupaciones que ha suscitado el progreso científico, y también porque alude a la naturaleza dual del hombre.