Mis montañas

Descarga "Mis montañas"Autor: Joaquín V. González
Género
: Relato
Peso del archivo: 247 Kb
Descargue pulsando sobre la portada.

El amor a la tierra, Joaquín V. González lo ha expresado en Mis Montañas (1893). Escrito en una prosa poématica, musical y dulce, refleja los paisajes, los tipos y las costumbres de su tierra natal. Compuesta por páginas tituladas: Cuadros de la montaña, El Pucará y Las Cosechas, ha quedado como pieza de antología en la literatura argentina.
Cuando es un artista el que se acerca al rostro singular de un trozo de geografía, la visión, sin perder su concreción específica, se vuelve universal, de modo que todos los ojos, más allá de las distancias y de los accidentes geográficos, saben reconocerse en ese espacio, así, tan hondamente captado. Es lo que sucede con Mis montañas, de Joaquín V. González. La tierra, mujer esquiva, sólo se entrega a quien sabe estrecharla con la mirada del amor. Entonces abandona colores, formas, perfumes, esencias eternamente presentes pero hasta entonces inadvertidas. González recibió, en las soledades de La Rioja, esas voces secretas, esas músicas que el ponerse místicamente ante la realidad suele abrir. Y, con la conciencia de una justicia, de una generosidad que busca hacer partícipes de su encuentro, nos muestra el resultado del sumergimiento. Personas, lugares, costumbres, escenas, animales, desfilan con su carga de luz y su emotividad sugerente. La evocación termina por imponérsenos.
“...como un río impetuoso, cuyas aguas transparentes van clarificando, a medida que corre, el fondo de frescas y puras memorias que constituye la permanencia de su cauce”.


FRAGMENTO

Buscando reposo, después de rudas fatigas, de esas que rinden el cuerpo y envenenan el alma, quise visitar las montañas de mi tierra natal, ya renovar impresiones apenas esbozadas en un libro, ya para refrescar mi espíritu en presencia de los parajes donde transcurrió mi primera edad.
Los recuerdos de infancia, y la poesía de las regiones de portentosa belleza donde un tiempo se alzó el hogar de mis mayores, eran la fuente de los consuelos que yo anhelaba, en medio de esas luchas que sólo la historia describe y analiza, y en las cuales cada uno derrama, cuando no la sangre de sus venas, esa otra sangre invisible que filtra en el corazón de heridas más hondas y dolorosas, abiertas por las injusticias de los hombres, los desencantos del patriotismo inexperto y las infidencias de las amistades prematuras.
Para eso, y para rendir este nuevo tributo al pueblo en que he nacido, pidiendo a la literatura patria un rincón humilde para estas páginas en que quiero reflejar su naturaleza y sus sencillas costumbres, emprendí con algunos amigos, en Marzo de 1890, un viaje al interior de la Sierra de Velazco.