Cuéntame un cuento

Maru Sweeney
La autora ha escrito libros de literatura infantil. Cuenta con estudios en Desarrollo Familiar. Es licenciada en Derecho y diplomada en historia. Correo electrónico: dffac@axtel.net


Desarrollo y formación

A los niños les encanta escuchar cuentos e historias. ¿Por qué entonces hay papás que no le leen cuentos a sus hijos o los enseñan a leer? ¿Será que piensan que es responsabilidad de las instituciones educativas inculcar en los niños el gusto por la lectura?
En la escuela los niños aprenden el acto “mecánico” de leer. Es decir, el conocimiento de las letras y que juntas forman palabras, frases y párrafos, etcétera, pero, son muy pocas las que motivan correctamente a sus alumnos en este sentido. Tal vez pasando por alto que los niños que gustan de la lectura tienen un mejor aprovechamiento escolar.
El gusto por libros de cuentos facilita al alumno leer libros de texto o de historia. También la escritura se ve favorecida con la lectura frecuente, y por supuesto un niño lector se caracteriza por su extenso vocabulario y su buena ortografía.
Hay instituciones educativas en donde los niños asocian la lectura con castigo, ya que cuando se portan “mal” los mandan a leer a la biblioteca. Otras no toman en cuenta la edad de los niños y les encargan leer libros que pueden parecerles aburridos o incluso difíciles de comprender.
Si bien es cierto que es bueno que la clase entera lea un libro para luego poder trabajar con el contenido del mismo, también se debe dar oportunidad a los alumnos de elegir sus propias lecturas de acuerdo al gusto personal de cada uno.
Una escuela que da a la lectura un lugar primordial en su programa educativo, es sin duda la mejor opción que tiene un padre que busca promover en su hijo un hábito que permanecerá toda la vida.

¡A leer en casa!

Y aunque la escuela enseña a los niños a leer en forma mecánica, el gusto por la lectura debe aprenderse en casa.
El niño que ve a sus padres leer, es muy posible que se convierta en un niño lector. A menos, desde luego, que los padres descuiden la relación y comunicación con su hijo por dedicarle demasiadas horas a la lectura o bien porque los padres los obliguen a leer. Un niño puede leer mucho por agradar a sus padres, pero si no tiene un gusto real por ésta, tarde o temprano la dejará.
Aquellos padres que consideren que la lectura es la mejor costumbre y hábito que sus hijos pueden tener, deben empezar a inculcarlo desde que el bebé nace. Hay quienes incluso comienzan leyendo a sus hijos poemas y canciones desde que éstos están en el vientre materno.
Al bebé que se le lee desde la cuna, aprende a asociar este acto con placer. Según crece, en el niño cambiarán las necesidades de lectura según la edad y el niño.
Por ejemplo, al niño de 2 años le gustan los libros con ilustraciones vistosas y coloridas y aquellos que emiten sonidos o música. El niño entonces asocia el libro con diversión. Y entre los 4 y 5 años, les encanta oír cuentos que los hacen reír, como historias chuscas o de animales. El niño entonces relaciona la lectura con uno más de sus juegos.
Muchos padres ponen los libros de cuentos alejados o escondidos de sus hijos pequeños por temor a que los rompan o rayen. Este es un gran error. Los libros deben estar a su alcance, incluso a lado de sus juguetes. Así el niño relaciona el libro como algo accesible y le será siempre familiar.
En cuanto a que los puedan romper, es importante considerar la edad del niño y adquirir libros apropiados. Como por ejemplo libros de cartón, plástico, hule y tela que están diseñados especialmente para ser tratados por niños.
Para los más grandes que no les fue inculcado esta hábito desde pequeños, también existe la posibilidad de promover en ellos el gusto por leer, pero siempre y cuando se respete su edad de lectura y su gusto personal.

La edad de la lectura

La edad de la lectura no se refiere al acto mecánico de aprender a leer. Este último se da por lo regular entre los 5 y 6 años, en que se considera al niño con la madurez para iniciarse en la lectura.
Dicha edad depende de cada niño. No tiene que ver ni con su edad, ni su con madurez o inteligencia. La desarrolla cada persona según su propio tiempo.
Por lo regular a los niños pequeños les gustan la ilustraciones y poco texto. Pero ocurre que a lo mejor a un niño de siete años todavía disfruta y le gustan más este tipo de cuentos llenos de ilustraciones y párrafos cortos que aquellos donde predomina el texto.
Su edad de lectura entonces es esa, la cual se debe respetar. Pronto cambiará ese tipo de libros “infantiles”, y buscará alguna historia más larga con menos ilustraciones hasta que llegue a una edad (de lectura) donde éstas no son importantes para disfrutar de una historia.

Cómo motivarla

Muchos padres pierden la paciencia al momento de ponerse a leer un cuento con sus hijos, ya que dicen que pierde concentración, se distrae fácilmente, se “aburre”, etc.
Si un padre toma en cuenta la edad de la lectura de un niño esto no ocurre. Resulta difícil pensar por ejemplo a un padre leyendo “Don Quijote” a un niño de 5 años. Por más listo que sea el niño y por más extraordinaria que sea la obra, éste no se interesará mucho.
Si el niño es muy inquieto, un libro con mucho texto y pocas ilustraciones no captará su atención. El padre puede leer el libro y luego contárselo quizá con una entonación que al niño le atraiga. Hay padres que ni siquiera utilizan el libro, les platican el cuento brevemente y luego se los enseñan para que vean las ilustraciones del mismo.
Otra idea es crear una historia donde los hijos son los protagonistas del cuento.
Muchos padres utilizan el contar historias a sus hijos como una buena forma para educarlos. Una historia que habla de lo dañino que es mentir, es más efectiva que un “sermón” que ni siquiera escuchará u olvidará al minuto siguiente.
A los papás que no les gusta inventar historias, pueden contarles a los niños aventuras del pasado eso les divierte enormemente. Estas técnicas se pueden usar en cualquier momento del día, pero son especialmente útiles en el carro cuando se hace un viaje largo. Las lecturas orales estimulan la imaginación y despierta la curiosidad natural a los libros.
A los niños mayores hay que darles libertad de elección. Forzarlos sólo puede alejarlos de la lectura. Quizá empezar con revistas que contengan temas de su interés y luego buscar libros con temas relativos a esta.
Otro motivador a la lectura para jóvenes puede ser contarles brevemente el contenido de un libro sin decirles el final, como dando sólo probaditas. De esta forma el muchacho se “pica” y quiere saber en qué acaba.
La mejor motivación para leer es ver a su alrededor que otros lo hacen. No por tarea, obligación u ocio, sino como un placer.
Formar una cultura de lectura depende de todos: escuelas, familia, autoridades. De nada sirve promover la lectura en la escuela si los niños no lo ven en casa.
Cuando los niños dicen “cuéntame un cuento”, lo que también quieren decir es “quiero estar contigo”. Hay que aprovechar este momento para disfrutar de la mutua compañía y para sembrar en ellos un buen hábito para toda la vida.
Fin