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La
lectura: un sentimiento para compartir (Consejos para transmitir el hábito lector) |
Por
Rocío Gil Álvarez
Artículo publicado en la revista Educación y Biblioteca,
Año 15, N° 135; Madrid, mayo/junio de 2003.
Familias
y educadores compartimos una misma ilusión y un mismo interés:
que nuestros hijos o nuestros alumnos disfruten y se apasionen con los libros,
porque estamos convencidos que la lectura hace individuos más fuertes,
más capaces de enfrentarse al mundo, más felices y más
libres.
La animación a la lectura no es tarea fácil porque no es algo
tangible que se pueda medir, no hay fórmulas matemáticas ni recetas
mágicas que den un resultado exacto y seguro. Conseguir la afición
lectora es una tarea lenta, de día a día, porque la lectura es
un sentimiento que se transmite como todos los sentimientos: poco a poco y por
contagio.
Además, los factores que condicionan la lectura son muy variados: a veces
es la presencia de libros en el ámbito doméstico o el ejemplo
de adultos lectores en la familia y en el entorno próximo, otras veces
es gracias a una experiencia satisfactoria de iniciación a la lectura
en la escuela o la existencia de infraestructuras públicas que faciliten
mantener y ampliar el hábito de leer. No obstante, la concurrencia de
las circunstancias más favorables no garantiza el éxito; igualmente,
un entusiasta lector puede surgir en los ambientes más desfavorables.
En esta situación la labor de la familia es muy importante, no sólo
por lo que implica de cercanía y afectividad, sino por las características
intrínsecas de la lectura ya que ésta (tal como venimos diciendo)
es un sentimiento que se transmite poco a poco, con el ejemplo y el cariño.
Animar a leer requiere constancia, ilusión, optimismo, es una tarea de
día a día. Para ello son útiles los siguientes consejos
o recomendaciones:
· Poner al niño en contacto con el libro desde su primer
año de vida.
En la actualidad el material bibliográfico que existe al respecto es
muy amplio con libros de tela para la cuna o de plástico para el baño.
De este modo, el objeto libro y su uso será familiar desde el principio.
· Transmitir con el ejemplo.
El niño tiene una gran capacidad de imitación, por ello si los
padres leen seguramente el niño los imitará y no le resultará
extraño sentarse a leer. Puesto que la lectura es un sentimiento que
se contagia, si no somos portadores del mismo no lo podremos transmitir. Compartir
las lecturas con los hijos, leer lo que ellos leen y disfrutar con sus libros
en un primer paso para transmitir la pasión lectora.
· Regalar libros igual que se regalan juguetes.
En las ocasiones en que cada familia tenga por costumbre hacer regalos a los
niños, un libro puede ser una muy buena idea. Será importante
hacerlo desde muy pronto, para que el regalo de un libro sea algo normal, que
no choque al que lo recibe.
· No engañar a los niños.
El placer con la lectura no es algo que se consiga inmediatamente. A veces,
comenzamos un libro y leemos 20 páginas en las que todavía “no
ha ocurrido nada”, el escritor —simplemente— está describiendo
el paisaje, la situación. La lectura necesita paciencia, tiempo. No hagamos
ver al niño que con la lectura va a disfrutar de igual manera que con
un juego dinámico. Con la lectura disfrutará mucho, pero de manera
distinta. Si invitamos a un niño a leer y le presagiamos placeres equivocados,
la lectura resultará decepcionante.
· No enfocar la lectura como “otra” actividad académica
más.
Hacer deberes es aburrido, si la lectura se convierte en un deber más
el niño se aburrirá y terminará odiándola. No se
trata de privar al niño de jugar o de hacer deporte para que lea, sino
de compaginar todas las actividades, cada una tiene su momento.
· El libro y su espacio.
Reservar en casa un espacio para los libros y enseñarles a usarlos tal
como se enseña a coger los cubiertos o se explican el resto de las normas
básicas de educación.
· Compartir la lectura con ellos.
Ya que la sabiduría popular dice que “el cuento es la conversación
más larga que se puede mantener con un niño”, compartamos
la lectura con ellos yendo juntos a la biblioteca, charlando sobre las preferencias
lectoras, seleccionando el material, dialogando sobre lo leído...
· Ofrecer libros de calidad literaria que se ajusten a las características
de los niños.
Es éste, quizás, el consejo más importante de todos y por
tanto en el que nos vamos a detener.
Si ofrecemos libros totalmente contrarios a las características y preferencias
de cada niño y cada niña o material de escasa calidad literaria,
los destinatarios no sólo se aburrirán, sino que llegarán
a aborrecer la lectura. Por eso consideramos tan importante la selección
adecuada de los libros.
Para seleccionar los libros primero debemos analizarlos y este análisis
debe surgir del consenso entre padres y educadores, expertos en Literatura Infantil
y los propios niños.
¿Cómo informarnos para poder hacer estos juicios de valor de los
libros infantiles? La Literatura Infantil no ocupa un lugar frecuente en los
medios: en los periódicos, en la televisión o en la radio no se
informa sobre los premios o las novedades editoriales de manera regular. Únicamente
en fechas puntuales (como las Navidades) los medios informan acerca de la Literatura
Infantil. Entonces, ¿cómo informarnos?
Existen varios medios para informarnos acerca de la Literatura Infantil, y todos
ellos los podemos llevar a cabo junto con nuestros hijos, para que en la valoración
del libro intervengamos todos:
· En primer lugar podemos hacer que la visita a la biblioteca
se convierta en una costumbre para ver novedades, leer un rato, sacar material
y participar en las actividades que en ella se realicen.
· Las ferias del libro también son interesantes
para familiarizarnos con el material editorial y adquirir capacidad crítica.
· También podemos ir a las librerías,
rebuscar en las estanterías y comprar de vez en cuando un libro que aumente
la biblioteca personal del niño.
· Solicitar a las editoriales un catálogo es
muy útil, principalmente en aquellas poblaciones a las que no llegan
demasiados libros a las librerías o a las bibliotecas.
· Internet es otro medio muy útil, pero con el
que hay que tener mucho cuidado. Al contrario que en otros medios donde apenas
hay información acerca de la Literatura Infantil, en Internet existe
muchísima, pero no toda resulta de interés.
El siguiente paso es cuando ya tenemos el libro en nuestras manos o lo estamos
viendo en un catálogo o en la pantalla del ordenador, ¿en qué
nos fijamos? Algunos aspectos en los que podemos prestar atención son
los siguientes:
· El título. El título es la carta de
presentación del libro y pronostica el contenido del interior (cómico,
poético, de miedo, de misterio, de acción, triste...). Un título
atrayente es una invitación para leer su interior.
· La edición. Al fijarnos en la fecha de edición
y en las posibles reediciones podremos comprobar si es un libro de éxito,
lo cual es una ayuda (no quiere decir forzosamente que si se han vendido muchos
ejemplares ya sea ineludiblemente un buen libro, pero al menos es un dato a
tener en cuenta).
· El contenido. En los libros infantiles el contenido
se transmite a través del texto y de las imágenes, por eso debemos
fijarnos no sólo en el texto, puesto que las ilustraciones no son simplemente
un adorno. Asimismo, no debemos prestar única atención a los dibujos
pues en ocasiones a excelentes imágenes le acompañan pésimos
textos.
· Aspectos mecánicos. Hoy día las ediciones
están muy cuidadas y es interesante fijarse en el tamaño de la
letra, la longitud de la línea y la amplitud de los márgenes (para
que no agobie al lector), la encuadernación (que sea duradera) y el papel
(resistente y con esquinas redondeadas para los pequeños).
El resto de la labor es cuestión de ver y leer mucho para desarrollar
la capacidad crítica.
Y todo ello siempre teniendo en cuenta que los libros para niños deben
ser tan excepcionales como los de los adultos, es decir, que no nos conformemos
con cualquier libro, que los destinatarios de estos libros sean los niños
no significa que sean inferiores, únicamente significa que tienen unas
características especiales, pero nada más. De hecho, nosotros
como adultos podemos disfrutar de igual modo que nuestros hijos con “sus
libros”, lo cual será una excelente técnica de animación
(que el niño sienta que nos interesamos por sus cosas despierta su propio
interés).
En este análisis de los libros es importante hacer una advertencia sobre
los clásicos. En ocasiones aconsejamos a nuestros hijos o nuestros alumnos
clásicos de la Literatura Infantil que después les aburren enormemente,
de lo cual se deriva nuestra decepción y la de ellos porque saben que
les hemos dado un libro muy “importante”. La razones de esta decepción
son las siguientes:
· Muchos de los libros que hoy se catalogan como clásicos de la
literatura infantil y juvenil, en su origen no fueron concebidos como libros
para niños, sino para adultos, pero con el tiempo se han introducido
en las colecciones infantiles. Tales son los casos de Robinson Crusoe
o Los viajes de Gulliver. ¿Qué ocurre? Que son demasiado
densos para el público joven y principalmente para el de hoy (tengamos
en cuenta que hoy no gustan los mismos libros que antes, el niño de hoy
es más inquieto, más activo, más dinámico, y además,
está muy acostumbrado al lenguaje visual que es muy rápido).
· En Literatura Infantil sí existen clásicos atractivos
para los niños, pero otros diferentes, nos referimos a los libros que
se hicieron pensando en un público infantil y que hoy, con el paso del
tiempo, se han convertido en un clásico.
· El inconveniente es que muchos de estos clásicos se han adaptado
al cine o la televisión, de hecho son incluso más conocidos en
la pantalla que en el papel y por eso cuando ofrecemos el libro, el niño
lo coge sin ilusión porque trata sobre un tema ya muy trillado para él.
Existen muchísimos ejemplos (Peter Pan, Pippi Calzaslargas, Heidi,
Tom Sawyer, Bambi, La abeja Maya, Pinocho, El osito Winnie the Pooh...).
· De todos modos, una parcela de la literatura infantil que sí
tiene muchos clásicos y que sí entusiasman al niño es el
álbum ilustrado. En el álbum ilustrado tenemos títulos
que son clásicos y que no están manidos (Donde viven los monstruos,
Los tres bandidos, la serie de Sapo y Sepo, Historias de ratones, El
conejo Perico...).
Con la ilusión de contribuir en esta difícil labor de potenciar
la lectura cerramos esta lista de recomendaciones y animamos a tenerla en cuenta
para así transmitir ese sentimiento que es la lectura.
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