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¿Cómo
desarrollar la capacidad de comprensión por medio de la lectura? |
Por
Fernando Carratalá Teruel
Doctor en Filología Hispánica.
Un conjunto de planteamientos metodológicos
para la didáctica de la lectura en los primeros niveles educativos.
Poesías
para empezar a leer
Cuando un niño ingresa en la Educación Primaria tropieza con grandes
“disfunciones” a la hora de interpretar el código escrito
y, por ello, se ve necesariamente impelido a afrontar el texto escrito no tanto
como una fuente de placer personal, cuanto como una dificultad que hay que salvar.
Surge, así, la necesidad de crear en torno a la lectura un mundo lúdico
lo suficientemente atractivo, capaz de suscitar en el niño aquella curiosidad
que le lleve a adentrarse en todo aquello que trasciende los meros signos escritos.
Porque no hay que olvidar que el niño “llega” a la poesía
por la vía del ritmo del lenguaje, ya sea cantando o entonando enfáticamente;
y que incluso es capaz de crear unos versos que producen un sonsonete agradable
al oído, sin preocuparse del contenido semántico de los mismos
y de su inteligibilidad. Y es que su propia limitación en el uso del
lenguaje coadyuva activamente al logro de aciertos innegables en estas creaciones
poéticas primerizas: así nacen en el mundo poético infantil
imágenes deslumbrantes, algunas de corte casi surrealista... Cosa bien
distinta es, sin embargo, que el niño se sienta atraído por esas
otras imágenes creadas por adultos —que dicen escribir para niños—,
y que se le ofrecen para desarrollar su capacidad de comprensión.
Por otra parte, además de ritmo y diversión, el niño busca
en la poesía asuntos que sugieran “imaginaciones fantásticas”
asentadas en una realidad contable, y que sugestionen por la “forma chocante”
en que vienen expresadas; pero muchos de los versos puestos a su disposición
no siempre le ofrecen al niño “algo que puede contar”. Estamos
convencidos de que un niño es incapaz de “aprehender”, por
ejemplo, el contenido del siguiente poema de Dámaso Alonso —que
pertenece a su obra Oscura noticia—, tan repetido en antologías
de poesía infantil.
El niño y la cometa
El niño se sonreía
—mano inhábil, ojo atento—
y la cometa en el viento
(su corazón) se cernia.
Ave, cometa de un día
su corazón soñoliento.
Pues el corazón quería
huir —pero no podía,
pero no sabía— al viento.
En cambio, estos dos graciosos poemas de Gloria Fuertes —escritora cuya poesía tiene un amplio espacio que ocupar en los primeros niveles educativos— son muy aptos, por ejemplo, para alumnos del Primer Ciclo de Educación Primaria:
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Doña
Pito Piturra Doña
Pito Piturra Doña
Pito Piturra Doña
Pito Piturra Doña
Pito Piturra Doña
Pito Piturra |
Valentín,
tin, tin —Iba
al colegio en su patín, —Valentín,
Valentín, —Era
escritor el Valentín, —Y
en su piscina tenía un delfín. |
Criterios
para la selección de los textos:
Poesías y prosas para seguir leyendo
Desde los primeros niveles educativos se va forjando la futura personalidad
adulta. Es esta una de las muchas razones que justifican que no se pueda confiar
al azar la elección de los textos que deben ponerse a disposición
de los alumnos que inician su experiencia lectora; porque, en tal caso, podrían
toparse con textos inadecuados, ya sea por las dificultades de comprensión
que su contenido pudiera plantear, ya sea porque no reúnen aquel mínimo
de calidades lingüísticas y literarias que los hagan aptos para
favorecer un dominio cada vez mayor del idioma y un progresivo desarrollo de
las capacidades estéticas de los escolares.
Y es que no debe olvidarse que, a través de la lectura, se busca ir educando
a los niños más pequeños para que vayan adquiriendo el
hábito de “leer por el puro placer espiritual de leer”, desarrollando
su capacidad crítica y descubriendo paulatinamente los múltiples
valores que las obras literarias encierran. Por ello deben proporcionárseles
textos con indiscutibles valores recreativos, artísticos y formativos,
que permitan el enriquecimiento de sus vivencias personales, la estimulación
de su sensibilidad —con objeto de ir despertando en ellos el interés
por la dimensión estética del texto literario—, y, en definitiva,
el fomento de actitudes favorables hacia la lectura; todo lo cual, sin duda,
contribuirá a su formación integral como personas.
Capital importancia tiene, pues, la elección de los textos que deben
servir para despertar el interés de los niños por la lectura.
Y para dicha elección podrían tomarse en consideración
—como punto de partida— los “criterios selectivos”,
de carácter puramente escolar, que seguidamente se explicitan, y que,
sin duda, han de contribuir al desarrollo de la “habilidad lectora”
de los alumnos.
1. Adecuación de los textos —cuantitativa y cualitativamente—
al nivel de maduración intelectual del niño. Debe tenerse
presente que del niño de 6-7 años al de 10-11 hay una considerable
distancia psicológica; y, por ello, los textos no han de poner limitaciones
infranqueables a las posibilidades reales de comprensión y expresión
de los alumnos a quienes van destinadas. En consecuencia, los textos se seleccionarán
evitando en todo momento las dificultades lingüísticas. Desde el
punto de vista léxico y sintáctico, serán extremadamente
sencillos: los vocablos formarán parte del vocabulario usual, y no encerrarán
especiales complejidades semánticas; y la sintaxis —con abundancia
de oraciones cortas— evitará los complicados enlaces característicos
de la subordinación. De esta manera, ni el léxico ni el tipo de
sintaxis empleados dificultarán la cabal intelegibilidad de los textos;
porque, de lo contrario, los lectores de menor preparación intelectual
—los niños— se quedarían en los puros signos —convertidos
en “signos sin significancia”, como diría Pedro Salinas(1)—,
y no se favorecería el paso a los significados, única manera de
percibir el sentido de los textos y de alcanzar su comprensión global.
2. Concepción del texto como una unidad total de comunicación
cerrada en sí misma, que proporciona una información más
o menos objetiva sobre cualquier realidad. Con respecto al contenido,
los textos han de resultar lo suficientemente sugestivos como para atraer, de
inmediato, la atención de los lectores; deben entroncar con el mundo
de sensaciones, sentimientos y vivencias en que se desenvuelven; y han de facilitar
el enriquecimiento de la realidad que poseen. Además, y por lo que a
los textos poéticos en concreto se refiere —y dado que es del todo
evidente que la poesía desprovista de anécdota resulta difícil
de comprender para los niños, e incluso para los adultos— los poemas
han de ser contables, sin que por ello haya que renunciar a la selección
de poesías en las que los autores hagan un uso moderadamente afectivo
de la lengua, a la que no sean del todo ajenos ciertos recursos que sugieran
profundas emociones estéticas.
3. Reducida extensión de los textos, que ayuda a evitar la aparición
de aquella fatiga que terminaría por hacerle perder al niño el
interés por lo que está leyendo. En cuanto a su extensión,
los textos deben ajustarse a la capacidad lectora de los destinatarios, de manera
que aquella será mayor o menor en razón de la mayor o menor habilidad
lectora de éstos. En cuanto a los textos poéticos, tendrán
una extensión lo suficientemente adecuada como para poder confiarlos
sin dificultad a la memoria.
4. Carácter formativo. En consonancia con la célebre
máxima de “deleitar aprovechando”, los textos han de poseer
un claro carácter formativo, compatible con su calidad artística.
Precisamente los textos poéticos —quizá mejor que ninguna
otra clase de textos— pueden posibilitar el desarrollo paulatino de la
sensibilidad de los escolares, y despertar en ellos un progresivo interés
hacia los valores estéticos que, sin duda —insistimos una vez más—
repercutirá favorablemente en su formación integral. Debe, no
obstante, tenerse presente que un texto —poético o no— puede
poseer una altísima calidad literaria y resultar del todo inadecuado
para ser entendido y valorado por “lectores poco experimentados”;
tanto más inadecuado cuanto más difícil sea el estilo,
en especial si la complejidad del léxico, de la sintaxis y de los recursos
estilísticos empleados por el autor obstaculizan, en alguna forma, la
comprensión de su sentido global.(2)
5. Atención a las necesidades expresivas de los alumnos. Los
textos pertenecerán a escritores “actuales” —españoles
e hispanoamericanos—. No le faltarán al escolar ocasiones para
“enfrentarse” con textos de los autores clásicos o de los
considerados como tales. Si con la lectura se pretende, entre otros objetivos,
satisfacer las necesidades expresivas de los alumnos, habrá que situarlos
ante la lengua que hoy se habla —la buena lengua, se entiende—,
y no la que se hablaba en épocas pasadas; lengua que, dicho sea de paso,
no es más perfecta que la nuestra actual.
En la elección de los textos específicamente poéticos,
habrá que tener en cuenta el hecho de que tales textos han de servir,
a través de su recitación, para perfeccionar la lectura en voz
alta de los alumnos y, en consecuencia, su expresión oral. Los textos
poéticos seleccionados han de permitir al maestro, por tanto, atender,
en la lectura expresiva que de ellos efectúen los alumnos, no sólo
a los aspectos mecánicos del proceso lector (vocalización, que
exige una correcta articulación de todos los sonidos; velocidad lectora,
aquella que en cada momento mejor convenga al contenido del texto; etc.), sino
también a cuantos factores contribuyen a la correcta modulación
de la voz: la entonación, determinada por la diferente estructura de
las oraciones; la adecuada interpretación de los signos de puntuación
y distribución de pausas; las inflexiones tónicas de la voz que
responden a exigencias rítmicas, marcando los acentos y, si procede,
haciendo perceptible la rima de los versos; etc. Y, como es lógico, antes
de que los alumnos realicen la lectura en voz alta de cualquier poema, el maestro
les ofrecerá las ideas fundamentales que lo conforman y, en su caso,
la interpretación del sencillo lenguaje metafórico con que pudiera
haberse expresado el autor del mismo; así como cuantas sugerencias pudieran
servirles de ayuda para, una vez garantizada la adquisición de su contenido,
lograr la máxima expresividad en dicha lectura.
El siguiente poema de Gloria Fuertes —elegido con toda intencionalidad
por el interés de su contenido—, ejemplifica con claridad ese cúmulo
de “valores escolares” que hemos exigido para cualquier texto que
se ofrezca a la lectura de los alumnos de los primeros niveles educativos.
¡No está mal!
El perro entiende.
El cocodrilo llora.
La hierna ríe.
El loro habla.
El hombre entiende,
llora,
ríe,
habla,
y además puede leer
para dejar de ser animal.
¡No está mal!
Notas
(1) Escribe Salinas: “Por lo que gracias a mi trato con estudiantes de
diversos países he podido observar, me parece que el mal viene de haber
dejado de tomar la enseñanza de la lectura como un centro de actividad
total del espíritu, en cuya práctica se movilizan y se adiestran
las cualidades de la inteligencia, de la sensibilidad, se enseña a discernir
de valores morales y estéticos, en resumen, se educa al niño.
Y se ha angostado, a la adquisición de un mecanismo para la comprensión
elemental del alfabeto, sus signos y sus combinaciones más sencillas.
La criatura desdichada se queda en los puros signos, no pasa a los significados.
Y, en consecuencia, no sabrá más tarde percibir el sentido de
los libros, ni las cosas, porque se le enseñó a leer por los sentidos,
pero sin sentido. Nada tiene sentido. Todo son palabras, que parpadean, se agitan,
llaman y en seguida se apagan, como las que refulgen en el deslumbrante vocabulario
sin alma de los anuncios luminosos.” (Cfr.: El defensor. Madrid,
Alianza editorial, 1983. Alianza Tres, núm. 118, p. 172).
(2) Es tan variopinta la vastísima producción en el ámbito
de la literatura infantil, que siempre podrán, además, encontrarse
textos relacionados directamente con cualquiera de las áreas de conocimiento
que constituyen los aprendizajes básicos de los alumnos de los primeros
niveles de escolarización.