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Potenciando
el aprendizaje escolar: la importancia del cuento infantil |
Por
Cristina Lattes Peña y Miguel Higuera Cancino
- Fonoaudiólogos
Universidad de Chile
Desde las últimas tres décadas, se ha
visto un incremento en los estudios acerca de los factores que afectan el desarrollo
escolar, el aprendizaje de la lectoescritura y las relaciones sociales de los
niños.
El conocimiento acerca del rol crítico que el lenguaje, la narración
y la conversación tienen para efectos de aprender matemáticas,
lenguas y ciencias, ha resultado en un creciente interés por diagnosticar
de modo más completo y tratar desde diversos ángulos alteraciones
descritas en niños en edades escolar y pre-escolar. Estas patologías
se agrupan en trastornos de lenguaje ( dislalias, trastornos fonológicos,
trastornos específicos de lenguaje, déficit pragmático-semántico,
etc.) y trastornos de aprendizaje (dislexia, discalculia, trastornos de la comprensión
lectora, etc).
Diversas investigaciones y autores han descubierto que el lenguaje, en su capacidad
de organizar la experiencia individual y social, aportar los criterios de espacio
y tiempo y permitir una rápida recuperación y transmisión
de información, contenidos y afectos, permite aunar diversas funciones
básicas tales como la atención, la discriminación, la memoria
y otras, en situaciones de conversación, descripción o relatos
orales, tan típicas y naturales al interactuar con niños.
El presente artículo intenta entregar algunas consideraciones generales
acerca del rol de la capacidad y habilidad para comprender y producir relatos,
su relación con el aprendizaje, el desarrollo social y las formas más
simples que tienen los padres para estimular diversas funciones lingüísticas
y comunicativas que favorezcan el desarrollo de sus hijos e hijas.
¿Qué son los cuentos?
Para nadie es un misterio el gran interés que muestran los niños
por el relato de historias. Cuántos de nosotros podemos recordar el inmenso
mundo de fantasía al que accedíamos escuchando las historias narradas
por nuestros padres antes de dormirnos.
Probablemente, este buen recuerdo ha hecho que repitamos esta práctica
con nuestros hijos, con la clara intuición al menos, de que al hacerlo
estamos estimulando el desarrollo de un gran potencial en ellos.
La importancia de esta inocente práctica, que ha sido realizada de manera
intuitiva a través de generaciones, ha logrado un asidero teórico
en las últimas décadas, con una gran cantidad de estudios que
se han centrado en el positivo impacto que tiene el cuento infantil sobre el
despliegue de diversas áreas del desarrollo.
De manera muy general, podemos decir que el cuento corresponde a un tipo de
discurso: el discurso narrativo, y que para su normal desarrollo, es necesaria
la confluencia de importantes habilidades lingüísticas y cognitivas,
a saber:
– Habilidad para organizar eventos en torno a un hilo conductor o tema
central. La construcción de este macrosignificado trasciende el contenido
particular de cada oración y permite construir un relato coherente (Coherencia).
– Habilidad para secuenciar eventos en el tiempo (Manejo de relaciones
temporales).
– Habilidad para establecer relaciones de causalidad entre los eventos
del relato (Manejo de relaciones de causa-efecto)
– Habilidades lingüísticas propiamente tales: sintaxis compleja
y variedad léxica, especialmente en relación a los verbos.
Diversos estudios han demostrado que la estimulación temprana de estas
habilidades a través del cuento, es un efectivo predictor de éxito
escolar a futuro, desarrollando áreas tan importantes como las habilidades
matemáticas, directamente relacionadas con el manejo de relaciones temporales.
Del mismo modo, al desarrollar la coherencia, potenciamos directa e indirectamente
la capacidad de análisis y síntesis necesaria para extraer la
idea central de un texto, lo cual facilita la comprensión del mismo.
Por otra parte, el manejo de relaciones de causalidad estimula y desarrolla
áreas tan importantes como el pensamiento inferencial, deductivo, etc.
¿Cómo son los cuentos?
Como hemos visto, la estimulación de las habilidades narrativas, involucra
grandes beneficios para el desarrollo infantil. Por esta razón es importante
hacer de ella no sólo una práctica constante sino también
dirigida, que considere el nivel de desarrollo de nuestros niños, de
manera de optimizar sus beneficios. Para esto es básico conocer la estructura
formal que caracteriza al cuento. Esta se compone de tres elementos esenciales:
I.- Presentación: del personaje principal y del problema
que desencadena el relato y sin el cual el cuento no existiría.
II.- Episodios: a través de los cuales el cuento progresa
y se desarrolla. Incluye: objetivos (que persiguen los personajes), acciones
(destinadas a lograr los objetivos), obstáculo (que impide el logro del
objetivo) y resultado.
III.- Final: donde se resuelve el problema planteado en la
presentación.
Tomando en cuenta esta estructura formal , podemos hacer un análisis
de la manera en que los niños evolucionan en su habilidad para narrar.
Las siguientes son las etapas del desarrollo narrativo esperadas en las distintas
edades:
- 2 a 3 años: Etapa de Aglutinación (los niños nombran
sucesos o elementos en ausencia de un tema central).
- 3 años: Etapa de Secuencias (los niños nombran o describen eventos
en torno a un tema central. Aparece el primer elemento estructural: la presentación,
pero es incompleta, sólo se refiere al “problema”).
- 4 años: Etapa de Narración Primitiva (se completa el elemento
“presentación”, los niños comienzan a referirse al
personaje principal).
- 5 años: Etapa de Narración con Episodios (a la presentación
completa, se agrega el episodio, pero incompleto. También se agrega el
elemento “final”, pero éste es abrupto, es decir, no indica
la solución del “problema”).
- 6 años: Etapa de Narración Verdadera (se distinguen claramente
los tres elementos estructurales completos).
¿Cómo contar un cuento?
Esta pauta evolutiva puede ayudarnos a hacer del momento del cuento, una instancia
de estimulación más efectiva. Lo primero que debemos considerar
es el tipo de cuento que le presentaremos al niño, dependiendo de su
edad: a menor edad debemos escoger cuentos más breves y simples desde
el punto de vista estructural (poca cantidad de episodios).
Por otra parte, es importante considerar la modalidad sensorial que vamos a
usar en el relato: mientras más pequeño es el niño es conveniente
acompañar el relato con ilustraciones que apoyen la comprensión
y ayuden a mantener la atención y el interés en el relato.
Finalmente, dependiendo de la edad del niño será el tipo de preguntas
de comprensión que le haremos, poniendo énfasis en la estimulación
de la estructura específica que corresponde a su edad (ej. si el niño
tiene 3 años, debemos centrarnos en preguntas dirigidas a afianzar la
presentación del personaje y el problema. En este caso carece de sentido
enfatizar aspectos como episodio y/o final).
Una buena técnica para estimular la narración en niños
pequeños (3 a 4 años) es el desarrollo de guiones o scripts.
Estos se refieren a la verbalización de secuencias cotidianas que forman
parte de la experiencia del niño. Ej. la rutina de la noche: primero
comemos la comida, luego nos ponemos el pijama y nos lavamos los dientes. Después
nos acostamos, leemos un cuento con el papá y finalmente nos dormimos.
Otros temas de script son : el lavado de dientes, el baño, la
comida, etc.
En niños mayores, una de las técnicas más usadas es el
“recontado” (“ahora me lo cuentas tú”). Este
puede ser apoyado con ilustraciones o puede ser guiado sólo verbalmente.
Ej. “había una vez....”, “entonces...”, “pero...”,
“y después...”, “porque...”, “le dijo que...”,
etc. Estas palabras guía ayudarán al niño a organizar la
narración y a progresar en el relato.
Probablemente, después de leer este artículo, habrá cambiado
su perspectiva respecto de la importancia y complejidad de las funciones involucradas
en el “aparentemente” simple acto de escuchar y relatar un cuento.
No se asuste ni pierda la espontaneidad, probablemente en forma intuitiva usted
realiza espontáneamente la mayoría de las sugerencias que aquí
se han presentado. La idea es crearle conciencia de que cuando usted se acerca
a su hijo para leerle un cuento, no sólo está compartiendo con
él un rico momento de intimidad e intercambio afectivo, sino que al mismo
tiempo está estimulando el desarrollo de diversas funciones que serán
la base de importantes aprendizajes posteriores en la vida de su niño.
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