Manuel
Pérez Villanueva |
Manuel
Pérez Villanueva, español, nacido y residente en Galicia, es psicólogo,
especialista en Salud Mental y en Ciencias Cognitivas, habiendo dedicado gran
parte de su vida a la Dirección de los Recursos Humanos.
Empedernido viajero, es, así mismo, autor de libros de ensayo y relato
corto: Comentarios Iniciáticos, La Sed en el Agua, El Arte de Vivir,
Reflexiones sobre la Vida, etc.
En ellos plasma, de forma amena y sencilla, una decantación fruto de
los estudios, las vivencias, los viajes y las experiencias de una vida ya madura,
siempre inclinada a conseguir una integración de los puntos de vista
de Oriente y de Occidente, de lo sagrado y de lo profano, de lo afectivo y lo
racional, de lo ético y lo estético.
En todas sus obras se refleja esta inquietud y, fruto de ello es el desgranarse
a lo largo de las mismas de una forma de estar en el mundo realmente gozosa
y plena de sentido.
Con los títulos referidos al margen, nos invita a compartir su andadura
por el campo de la poesía.
Aunque inéditos hasta ahora, los poemas no son nuevos, ya que se fueron
componiendo a lo largo de los años y permanecieron hasta la fecha durmiendo
el reposo de las cosas “menos urgentes”.
Los cinco tomos configuran una especie de itinerario espiritual, una sadhana
o la crónica de una búsqueda que, al sernos comunicada, pretende
sacudir a los durmientes, limpiar nuestra mirada y aguzar nuestros oídos,
para así poder encarar lo cotidiano de una forma nueva, con una actitud
enamorada y expectante, descubriendo que la vida es el verdadero tesoro que
jamás perdemos, el presente eterno que por siempre somos, la dicha perfecta
que, embarcados en navíos viejos, no sabemos alcanzar.
Canto a la Vida y Profesión de Amor, ambos incluidos
en el último volumen, son, ante todo la expresión de esta postura:
un alegato contra todo escapismo, contra toda negación del mundo y toda
filosofía que se columpie en las nadas o en los vacíos, volviéndole
la espalda a la maravilla existencial que representa el vivir, a la novedosa
aventura que cada mañana nos sorprende al despuntar el día y sólo
precisa de nosotros, para ser gozada, de nuestra devota atención y de
nuestro amoroso silencio.
Anteriormente, en Llanto por el Hombre, el autor había observado
la existencia del ser humano cuando vive ciego a esta ventura, la existencia
del atribulado morador de nuestros días
embutido en su condicionado afanarse. Y lo que vio resultó ser doloroso
y amargo. Y contra toda lógica, al mismo tiempo, inhumano.
De ahí el embarcarse en un afanoso peregrinar, en El Viaje Eterno,
en la procura de alguna tierra de promisión, concluyendo con la Navegación
Interior, es decir, con la mirada hacia dentro, hacia los intersticios
de la íntima nostalgia del hombre, para descubrir allí, en lo
secreto del ser humano, dentro de su propio corazón, los presupuestos
de una postura realmente saciante y liberadora.
Así se instala el poeta en la visión lograda, y su pregón
se consolida como un mensaje de amor y de ánimo que nos invita a la vivencia
real y nos devuelve, paradójicamente, a aquel mismo mirar insinuado en
su primera entrega, (Fisonomías y Paisajes).
Es el cierre de una circular peregrinación, como una simbólica
referencia a la necesidad de volver a lo que antaño fuimos cuando, sacudidos
por la inconsistencia de nuestro vivir, anhelamos descubrir lo que somos.
Son, en fin, las observaciones de un psicólogo expuestas en forma bella,
informales sugerencias de una sutil filosofía que se olvida de las coordenadas
ortodoxas y se adentra en la emoción estética como un recurso
capaz de mover a la voluntad.
Para contactar con el autor: mpvilla@telefonica.net
|