| Ña
María Castañas |
Poema de Inés de Cuevas
Ña María
Castañas tenía diez hijos
—también una tía—
un perro, un gato
y un queso reseco en un garabato
que todas las noches
el ratón mordía y... lamía el gato.
Una mañanita de azul primavera
a Doña María le dolía una muela.
Salieron el perro,
el gato, la tía
y le preguntaron que por qué gemía.
Ña María, decía:
“Me
duele una muela
la muela de arriba
la del lado izquierdo
la de la comía”.
Y todos
los hijos, al oír el cuento
fueron de inmediato a casa del dentista
mientras Ña María lloraba y gemía.
Gimoteaba
tanto Ña María Castañas
que toda la gente se sumó, enseguida:
los hijos, el perro, el gato, la tía
y su vecindario, de frente y en fila,
le daban la vuelta de calle a cocina
¡Pobre
Ña María...!
tenía tanto miedo cuando vio al dentista
que del puro susto no pudo decir
cuál era la muela por la que sufría.
Entonces,
sus hijos le abrieron la boca
y dentro le vieron una muela rota...
El señor
dentista le sacó la muela
y siguió llorando la Doña María
ya que ésa no era la que le dolía.
La pobre viejita, apenas decía:
“La
muela de arriba es la que me duele,
la del lado izquierdo, la de la comía”.

Como hay
varias muelas
en el lado izquierdo...
las sacaron todas
pues nadie sabía cuál de ellas dolía.
¡Ña María Castañas se quedó sin muelas!
Ahora no
come:
ni carne, ni pollos,
ni arepas, ni bollos,
ni el queso reseco
de aquel garabato
que el ratón mordía
y... lamía el gato.
La pobre
abuelita come ahora bizcochos
mojados en leche... con pan y cuajada,
pues quedó sin muelas en el lado izquierdo
y como en el derecho no tenía nada...
Ña María Castañas hoy vive feliz
vendiendo pasteles
y untando los panes en leches y mieles.