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El
martillo |
Poema de Ernesto María Barreda
Tan...
tin...
Mueven los fuelles con el balancín.
Pin... pan...
Rojas de fuego las fraguas están.
El hierro suena y el hierro siente...
Y si a la fragua se entrega luego,
El hierro sale todo de fuego
Como una fuerza pura y ardiente.
Canta
tu canto de forjador...
Negra es la mina, negro el taller:
Como la vida, como el dolor,
¡Cómo el destino que has de vencer!
Tan... tin...
Vuelan las notas del canto sin fin.
Tin... tan...
Pasan las horas que no volverán...
Suena
el martillo, saltan las chispas
Bajo los músculos del forjador,
Cruzan las sombras aúreas avispas,
Moja la frente santo sudor.
Fibra
del hierro que se moldea,
Almas ardidas de un noble afán,
Que golpes mágicos labra la idea
Y entre las almas vibrando van.
Pan... pin...
Mueve los pechos un santo trajín.
Pin... pan...
Truenan los golpes como un huracán.
Todo
lo puedes, buen forjador;
Con tu martillo fuerte y sonoro
Bates el hierro con más amor
Que si el lingote fuese de oro.
Es
el presente de un don sagrado
Que sobre el yunqe viene a parar.
¡Forja la lámina para el arado,
Mas no la espada para matar!
Tin...
ton...
Hinchan los fuelles su rudo pulmón.
Pin... pan...
¡Y rojas de fuego las fraguas están!
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