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Robert
Louis Stevenson |
Autor:
Gilbert K. Chesterton
Género: Ensayo
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Toda la vida de Stevenson está condicionada por una cierta complejidad
que cierta ternura por la lengua inglesa nos veda llamar compleja. Era una especie
de paradoja, en cuya virtud estaba él a la vez más y menos protegido
que otros hombres, como alguien que cruza los caminos más salvajes del
mundo en un carromato cubierto. Fue a donde fue en parte porque era un aventurero
y en parte porque era un inválido. Por esa suerte de claudicante agilidad,
cabe decir que ha visto a la vez muy poco y demasiado. Fue acaso un viajero
natural, pero no fue un viajero normal. Nadie lo trató nunca como normal
del todo, que es la verdad oculta en la falsedad de los que se mofan de su puerilidad
como si fuera un niño mimado. Era valiente, y con todo tenía que
estar protegido frente a dos cosas a un tiempo, su fragilidad y su valor. Sin
embargo, él mismo reconoce que su autodescripción como vagabundo
con los dedos azulados por un camino invernal es una descripción ideal,
pues era exactamente la clase de libertad que nunca podría tener. Sólo
podía ser transportado de un paisaje a otro paisaje, o incluso de una
aventura a otra aventura. Hay desde luego una curiosa idoneidad en la bonita
sencillez de aquella canción infantil suya que decía “Mi
cama es una barquita”. A lo largo de todas sus variadas experiencias su
cama fue una barca y su barca fue una cama. Panoramas de palmeras tropicales
y naranjales californianos pasaban sobre aquella yacija móvil como la
larga pesadilla de las paredes del cuarto de los niños. Pero su valor
real no se dirigía tanto hacia fuera, hacia el drama de la barca, como
hacia adentro, hacia el drama de la cama. Nadie sabía mejor que él
que nada es más terrible que una cama, puesto que siempre está
en espera de ser un lecho de muerte.
G. K. Chesterton: Érase una vez un hombre prolífico como pocos
con la pluma, moralista, cultivador del nonsense, mordaz, paradójico,
radical, juguetón, polemista infatigable, ferviente defensor de la familia,
la iglesia y el pub y enemigo acérrimo de burócratas, hombres
de negocios, políticos y filántropos, que fuera denostado por
algunos (en términos poco literarios) y por muchos ensalzado (sobre todo
en términos literarios). Aquel hombre constituía además
una curiosidad por su portentosa corpulencia y por su conversión al catolicismo
en un país, Inglaterra, donde hacerse de ese credo puede parecer, más
en alguien como él, casi una provocación. Se llamaba Gilbert Keith
Chesterton, G. K. C. para los amigos: toda una fábula. G. K. Chesterton
(Londres 1874 - Beaconsfield 1936) fue un virtuoso del estilo que, con mayor
o menor fortuna, tocó casi todos los géneros literarios, creando
un universo que sorprende ante todo por su inmensidad: más de cien títulos,
entre obras y recopilaciones de escritos dispersos.
Fuente: Agapea
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