A
través del espejo |
Autor:
Lewis Carroll
Género: Cuento infanto-juvenil
Ilustrado
Peso del archivo: 1273 Kb
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En el año
1871 publicaba Carroll la segunda parte de las aventuras de Alicia, A través
del espejo. Curiosamente, la génesis de esta obra guarda un sorprendente
paralelismo con primera parte de las aventuras de Alicia. Por aquel entonces
Carroll conocía a otra niña llamada Alice Raikes. Se encontraba
esta segunda Alicia jugando en el jardín de su casa cuando Carroll la
llamó desde el interior. Estaba en un salón lleno de elegantes
muebles con un gran espejo al fondo. Carroll situó a la niña delante
del espejo y dándole una naranja le dijo:
—Primero quiero que me digas en qué mano tienes la naranja.
—En la derecha —contestó Alicia.
—Ahora —dijo Carroll— fíjate en el espejo y dime en
qué mano tiene la naranja la niña que ves en él.
—En la izquierda —dijo Alicia.
—¿Y cómo se explica eso? —le preguntó Carroll.
La niña se quedó dudando, pero al fin dijo:
—Si yo estuviera al otro lado del espejo, ¿no es cierto que la
naranja seguiría estando en mi mano derecha?
—¡Bravo, mi pequeña Alicia! —exclamó Carroll—.
¡Es la mejor respuesta que he recibido hasta el momento!
La anécdota, contada años más tarde por la propia Alice
Raikes, ilustra perfectamente el método de trabajo de Carroll. Partía
siempre de una anécdota, de una situación en la que se encontraba
rodeado, generalmente, de sus pequeñas amigas. Un comentario —como
el de Alice Liddell— o la respuesta a una de sus preguntas —como
en el caso de Alice Raikes— eran suficientes para disparar su imaginación
hacia una obra de creación. Cuando Alicia observa lo que haría
si se encontrará «otro lado del espejo», Carroll convierte
la hipótesis de la niña, en realidad: traslada a «su»
Alicia a través de él, iniciando así una nueva serie de
aventuras.
Ha de entenderse este segundo libro de Alicia como continuación del primero.
Si en el primero Alicia toma contacto con el mundo de los adultos, en el segundo
ingresa definitivamente en él. A «atravesar el espejo», Alicia
está atravesando (aunque sólo fuera en sueños) el umbral
de su propia niñez. El mundo que le espera «al otro lado»
es, a la vez, igual y radicalmente distinto al suyo propio. Tal y como observa
Martin Gardner, «en un espejo... todos los objetos asimétricos
van en dirección contraria». Se produce así, a o largo de
toda la narración, una inversión de la realidad. Para llegar hasta
donde se encuentra la Reina Roja, Alicia anda hacia atrás; el Caballero
Blanco mete el pie derecho en el zapato izquierdo; el revisor del tren le dice
a Alicia que va «en dirección contraria»; la Reina Blanca
vive temporalmente al revés; Alicia reparte el pastel del León
y el Unicornio y después lo parte; el Rey usa dos mensajeros, uno para
venir y otro para ir, etc.
Alicia contempla el mundo de los adultos no como la «realidad» (tal
como lo contemplamos nosotros) sino justamente lo contrario, como una inversión
de la realidad. Para entender esta «inversión» es preciso
echar mano de dos palabras absolutamente definitorias en el idioma inglés.
Se trata del common sense y de su opuesto, el nonsense. La
sociedad victoriana estaba basada en unas normas de conducta que nacían
del sentido pragmático del pueblo inglés, de su common sense.
Pero estas normas, vistas a través de los ojos inocentes de una niña,
aparecen desprovistas de su sentido común, resultan ser totalmente convencionales
y arbitrarias. Del common sense hemos pasado al nonsense.
A través del espejo es superior a la primera obra en la utilización
de la técnica narrativa y el dominio de las formas expresivas. Los juegos
de palabras, las parodias ocultas y las paradojas lingüísticas son
llevados hasta sus últimas posibilidades, de manera tal que la fórmula
literaria del absurdo llega al agotamiento con este último viaje de Alicia.
Cuento pensado para los niños pero leído —y citado hasta
el cansancio— por los adultos.
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