Venta Paraíso

Descarga "Venta Paraíso"Autor: Antonio Rodríguez Hernández
Género:
Novela biográfica
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Simulación autobiográfica de una historia, tan próxima a la realidad, que quizá hasta sea cierta. En ella, una joven peruana cuenta sus andanzas desde su adolescencia en su Lima natal a su tragedia personal, tras la que es captada por una mafia de trata de blancas. Llevada a España, es obligada a prostituirse para acabar al final muriendo sobre un camastro, en un incendio en un burdel del sureste español.
En primera persona, y en un tono de sutil y amargo humor, cuenta su tragedia vivida y, sobre todo, sus vivencias y relaciones con sus compañeras, dueños y clientes.


FRAGMENTO

La confluencia de los ríos Segura y Guadalentín —o Sangonera— está en el centro de un espléndido valle que conforma la huerta de Murcia. Estas tierras de aluvión, formadas por la apertura repentina del estrecho cauce del Segura a partir de la ciudad de Archena, se unen a las del extenso valle del Guadalentín abriéndose en uno de los valles más feraces de la cuenca mediterránea. Es un extenso oasis dentro de la aridez semidesértica del levante español.
El cielo, azul intenso y habitualmente sin nubes, limpio y transparente, le proporciona esa luminosidad especial que sólo se encuentra cerca del Mediterráneo.
La seguridad de sus más de 300 días de sol sumados al agua, desafortunadamente no siempre disponible, conforman un clima especialmente adecuado para el cultivo intensivo.
Allí, asentada en la unión de ambos ríos, y presidiendo la huerta con la enhiesta figura de la torre de su catedral sobresaliendo sobre el resto de los edificios, se encuentra la ciudad de Murcia.
De tamaño medio, y a caballo entre lo árabe y el modernismo, es Murcia una ciudad coqueta y acogedora. Una ciudad familiar aún, que se puede recorrer paseando tranquilamente por las calles estrechas del centro, de típico trazado árabe, angostas y tortuosas, que se abren de vez en cuando, por sorpresa, en plazas cuyos cuidados jardines explotan en el mosaico multicolor de un vergel voluptuoso; o por aquellas otras, más amplias y modernas de la periferia, sin acusar en ningún momento la sensación de distancia excesiva.
Apenas serían las cinco de la mañana del 17 de agosto de 1990. La sensación de bochorno que reinaba ya en aquella temprana hora del amanecer hacía presagiar que el día cumpliría, con creces, su predicción de caluroso. La noche dominaba aún sobre la dormida ciudad y la ausencia de viento acentuaba, junto a la humedad de la huerta, la sensación de calor.