Escribir
para que otros nos lean es lo mismo que hacemos todos cuando hablamos de nosotros
mismos. Se trata de que alguien más, fuera de nosotros mismos, sepa lo
que nos sucede. El anhelo que hay detrás es infligirle una pequeña
derrota al olvido, antes de desaparecer. No importa si nuestras confidencias
son fantásticas, mientras sean capaces de despertar curiosidad. No estaríamos,
en ese caso, contando nuestra propia experiencia. Pero no es así. Aun
la crónica es ficticia, hasta cierto punto. En el extremo opuesto, la
ficción en cualquiera de sus grados, sirve para traducir la experiencia
humana, los sentimientos y las emociones. Siento que al escribir mis fantasías
las comparto, como experiencia, con mis lectores y eso me realiza.
A pesar de que mis obras son del género fantástico, sus personajes
han surgido de mi propia experiencia. Tiquitiqui Bipbip, a la par que
fantástica, es costumbrista. La aldea Tiquitiqui es Tres Acequias, una
localidad agraria cercana a Santiago, donde viví parte de mi infancia.
Las evasiones de Perseo Nacional, el oficinista alienado de Tiempo de Amigos
—otra de mis novelas— fueron mis propias fugas. Las tiras clandestinas
de comics que Perseo Nacional arroja al papelero para ocultarlas, cuando adquieren
vida, son las mismas que yo dibujé en pausas de rutinarias jornadas en
el Banco del Estado.
Al escribirlos para otros, Tiquitiqui, que aquí presenta Ediciones
del Sur, y otras novelas y cuentos que después vinieron, adquirieron
vida propia. Hoy los miro desde afuera, aunque siguen siendo míos.
|
OBRAS DE RAÚL ZENÉN MARTÍNEZ,
PUBLICADAS EN EDICIONES DEL SUR:
–
Tiquitiqui bipbip
(Novela)

|
|